.Crítica de Teatro

Allegro ma non troppo

Una escena de la obra 'Contraescena', de The Funamviolistas sobre las tablas del Falla. Una escena de la obra 'Contraescena', de The Funamviolistas sobre las tablas del Falla.

Una escena de la obra 'Contraescena', de The Funamviolistas sobre las tablas del Falla. / lourdes de vicente

Desembarcó la compañía The Funamviolistas en el FIT de Cádiz precedida de cierta expectación por el éxito cosechado con su segundo trabajo, Contraescena, que se presentó hace un mes en los Teatros del Canal de Madrid. Mucho público la tarde del domingo en el Falla dispuesto a pasar un buen rato, entregado desde el principio, aplaudiendo con brío tras cada uno de los variados números musicales que son la sal del montaje.

Ana Hernández, Mayte Olmedilla y Lila Horovitz dan todo de sí sobre el escenario: cantan, bailan, interpretan y tocan sus instrumentos -a veces todo al mismo tiempo- con absoluto desparpajo. A los argentinos Osqui Guzmán y Leticia González de Lellis, que dirigen la propuesta, no les cuesta sacar partido del talento de estas tres mujeres todo terreno. Se nota la complicidad entre ellas. También que, de algún modo, se sienten identificadas con la historia agridulce que se representa en escena: las peripecias de tres artistas de éxito que tienen que enfrentarse a diario con sus particulares problemas domésticos, amorosos o de autoestima. Las dificultades arrecian en la intimidad de los camerinos, esos pequeños hogares provisionales en los que las tres mujeres se encuentran.

Humor, ternura e ironía están presentes en esta propuesta, que cuenta con una aliada perfecta: una selección musical de lo más diversa, que se convierte en un elemento crucial del montaje. Los números musicales van marcando el tempo de la historia. Algunos de ellos son definitivos para entender el carácter reivindicativo de la propuesta, como en el que una de las actrices interpreta Fever mientras atiende a los asuntos domésticos que le van surgiendo. En otros casos, la música sirve para remarcar las emociones y para reforzar el significado de una escena. Es lo que ocurre con la interesante versión de La vie en rose.

Contraescena está especialmente diseñada para divertir y lo logra cuidando con mimo cada detalle, desde la sencillez y efectividad de la escenografía, hasta la plasticidad de la iluminación, pasando por un cuidado vestuario. Estamos ante uno de esos trabajos en equipo en el que todos se han esmerado para crear un producto coherente y bien armado.

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