Rebeca Grynspan, secretaria general iberoamericana

"La batalla de las mujeres no se puede ganar en soledad"

"La batalla de las mujeres no se puede ganar en soledad" "La batalla de las mujeres no se puede ganar en soledad"

"La batalla de las mujeres no se puede ganar en soledad" / lourdes de vicente

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-Cómo definiría el papel de algo tan inabarcable como Latinoamérica.

-América Latina ha apostado por una economía global y más integrada en el mundo, una apuesta que considero significativa en un contexto internacional en el que predomina una retórica más proteccionista. Es vital esa mejor integración en el mundo, tanto a través de los distintos acuerdos europeos como con otros países del Pacífico, aprovechando la bioceanidad. Por ello, acabamos de lanzar una campaña de visibilidad llamada Diferentemente iguales.

La gran oportunidad para toda Latinoamérica está en potenciar un desarrollo sostenible"

-Un lema muy necesario en muchas cosas.

-Yo es que lo creo realmente: que debemos estar unidos en la diversidad. La diferencia enriquece; la unión, fortalece. Esperamos una cooperación horizontal: no hay país tan pobre que no tenga nada que ofrecer ni país tan rico que no tenga nada que aprender.

-¿Cree que los políticos, como se dice, están a la altura?

-Creo que la ciudadanía latinoamericana es más exigente, y que hay un desencuentro entre la capacidad institucional y la demanda ciudadana. Necesitamos instituciones más transparentes y menos intolerantes ante la desigualdad. La gran pregunta es si el sistema institucional va a poder dar el salto, sabiendo que, cuando hay cambios acelerados en la sociedad, no todo avanza al mismo tiempo. Las instituciones han de abrirse y entender qué las puede enriquecer de aquello que ocurre fuera de ellas.

-¿Cuál es la vigencia de las cumbres iberoamericanas?

-En este momento, en el mundo, es la mejor plataforma de cooperación horizontal. Es una gran herramienta para el know how: a partir de ahí, hemos desarrollado de todo, desde programas de bancos de leche a un espacio para el cine iberoamericano. Además, creo que valores como el diálogo y el esfuerzo por entender al otro son más necesarios que nunca. Y sirve como paraguas para el multinacionalismo y la cooperación como bases de un desarrollo sostenible.

-Precisamente, ésa es una de las principales cuestiones de la realidad latinoamericana: cómo aunar desarrollo y respeto medioambiental en una zona de apabullantes recursos naturales.

-Es bueno recordar que América Latina posibilitó con Europa el acuerdo climático de Naciones Unidas. El desarrollo integral tiene mucho que ver con la voz de América Latina en Naciones Unidas. Siento un gran optimismo al respecto: somos cada vez más conscientes de la riqueza de nuestra diversidad y hay muchos países que están apostando por las energías alternativas o por el turismo ecológico. Nuestra gran oportunidad es, de hecho, potenciar un desarrollo sostenible como impulso económico. Para ello, es esencial desarrollar una sociedad muy bien educada al respecto y darle mucho espacio a la denuncia.

-Un desarrollo que es difícil de visualizar en una sociedad desigual.

-Las mujeres somos al menos el 50% de la población: no es lógico que siga habiendo una discriminación tan palpable. Cuando alcanzas cierta responsabilidad, siendo mujer, las ganas de abandonar son constantes. La discriminación existe incluso con una normativa aparentemente neutra.

-Por eso son necesarias las leyes de paridad.

-Yo las considero completamente necesarias. Respeto a quien no piense así, claro, y no he pensado siempre igual...

-Ni yo, cuando era joven.

-Pero la experiencia te demuestra lo contrario.

-¿Y cuándo chocaron, deseos y realidad?

-Pues cuando era ministra de Hacienda en Costa Rica, mi hija tenía tres años y mi hijo era un bebé. Estaba reunida con el FMI y me llamaron de casa porque el pequeño se había caído y tenía una brecha. Y allí, en el trayecto en coche, decidí que no podía más: renuncié poco después. No te puedes imaginar cómo me dolió, porque en gran parte yo había asumido esa responsabilidad para demostrar que era posible. Pero no. La cuestión es que llegar a determinados puestos no tendría por qué suponer renunciar a los afectos. Las cuotas de género hacen falta porque la discriminación se cuela por todas partes. Yo les diría a las jóvenes que la vida no es lineal; que porque en un momento tengas que renunciar a algo no hay que renunciar a todo. Que perseveren: hay que ser resistente al desaliento. Pero ésta es una lucha que no se puede hacer en soledad: no se pueden quedar solas, han de buscar redes. En soledad, ésta es una batalla perdida.

-Un discurso habitual (que no comparto) cuando se habla de mujeres y poder es que el mundo sería mejor con gobiernos femeninos.

-Yo tampoco lo comparto. Tal vez, por educación, podemos llegar a funcionar mejor en cuestiones sociales... Pero no por ser, todas, "mejores". No sé si decir esto porque es políticamente incorrecto, y espero que se me entienda: la equidad vendrá cuando pueda haber tantas mujeres incompetentes como hombres hay.

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