patrimonio La Iglesia Mayor, en el punto de mira

La Puerta del Sol de la Prioral

Aproximación artística al primer templo portuense, que ha sido noticia en las últimas semanas, primero por la agresión sufrida y después por su mal estado de conservación

Francisco González Luque | Actualizado 02.04.2010 - 09:35
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Imagen de la Puerta del Sol de la Prioral, cuando aún lucía con la imagen de San Agustín a la izquierda.

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La conocida como Puerta del Sol es actualmente la principal entrada a la Iglesia Mayor Prioral de El Puerto de Santa María. Se alza en la Plaza de España y da acceso a su nave de la Epístola. El primer cuerpo de esta gran portada retablo se proyectó con esculturas en los intercolumnios. Una de ellas ha sido destrozada recientemente. Aprovechando que los ojos de muchos portuenses se detienen en ella pretendemos aclarar aspectos relativos a su estilo en este artículo.

Autoría y estilística

En la fachada lateral de la Prioral se alzó esta portada en el siglo XVI. Está atribuida con razón al arquitecto renacentista Martín Gaínza, maestro mayor de la catedral de Sevilla entre 1535 y 1556. Suya debió ser la traza general y buena parte del repertorio ornamental. El remate superior se añadió en el siglo XVII, correspondiéndose con las reformas del templo tras su derrumbe. Ese frontón ondulado en cuyo tímpano se conserva muy deteriorado un relieve con el Padre Eterno entre óculos elípticos y sobre cuya cornisa alabeada se elevan unas toscas esculturas pétreas representando a las Virtudes Teologales (la Fe entre la Esperanza y la Caridad) no responde a los planteamientos artísticos del resto de la portada.

Su construcción estuvo patrocinada por el entonces Duque de Medinaceli Don Juan de la Cerda (señor de El Puerto entre 1502 y 1544). Como acertadamente argumenta Aguayo Cobo, observando ambas cronologías, no estaríamos muy errados si concluyéramos que esta portada debió erigirse entre 1535 y 1544.

En cuanto a su estilo, aunque casi todo el mundo se empeña en considerarla barroca, queremos aclarar de una vez que no pertenece a esa filiación artística, aunque presente una decoración excesiva, sino al renacimiento, y más concretamente a la fase plateresca que se dio en España durante la primera mitad del siglo XVI. Ese aparente horror vacui también puede aplicarse a la mayoría de estas obras (precisamente el término con que se conoce a ese estilo alude a la labor de plateros que parece contagiar al tratamiento de los múltiples elementos ornamentales que decoran este tipo de fachadas y portadas a lo alto y ancho). Es renacentista tanto por su estructura compositiva basada en el lenguaje clásico importado de Italia pero recreado con detalles decorativos de gran interés como por la variedad y la originalidad de éstos.

ELEMENTOS ARQUITECTÓNICOS Y DECORATIVOS

El repertorio de elementos arquitectónicos y ornamentales presentes en esta deteriorada portada es riquísimo. Gigantescas columnas abalaustradas sobre altos pedestales y entablamento superior con ancho friso decorado con motivos clasicistas encuadran la composición en tres cuerpos. En el inferior, parejas de columnas abalaustradas con pequeñas esculturas en las hornacinas de los intercolumnios flanquean el arco semicircular bajo el que se accede al interior. Para dichos espacios del primer cuerpo de esta portada se labraron ocho esculturas de pequeño formato (de unos 80 centímetros de altura) de las que llegaron a nuestros días seis. En la parte inferior se representaban los Padres de la Iglesia latina y en la superior los Evangelistas. De aquellos sólo hemos conocido a San Agustín en una de las hornacinas izquierdas y a San Ambrosio a la derecha, pues habían desaparecido las esculturas de los nichos extremos (San Jerónimo y San Gregorio Magno). En la actualidad, tras el destrozo de la de San Agustín, sólo nos queda San Ambrosio (y Dios quiera que por muchos años).

Un entablamento con profusa decoración clásica en su friso remata este primer cuerpo. En el segundo, a modo de tímpano, un enorme arco de medio punto cobija una primorosa ornamentación rodeando las tres hornacinas entre órdenes clásicos, donde las esculturas de San Pedro y San Pablo enmarcan la centrada Virgen de los Milagros, titular del templo y patrona de la ciudad.

La decoración, quizá lo más interesante de todo el conjunto y lo que motiva la confusión de estilos, ha sido tratada en profundidad por el historiador del arte y profesor Aguayo Cobo. A su estudio iconográfico e iconológico publicado con el título La Puerta del Sol de la Iglesia Mayor Prioral remitimos al lector interesado en desentrañar el apasionante mundo de los símbolos artísticos que decoran por doquier esta portada. Cabe resumir aquí que se trata, efectivamente, de una cuidada ornamentación plateresca tanto por el tratamiento en la labra (tosca en algunos detalles, ciertamente) como por los motivos representados: grutescos, balaustres, casetones, calaveras, bucráneos, medallones, filacterias, cornucopias, frutas, flores, ángeles, armas, veneras, monstruos, etc, etc.

Son también abundantes las cabezas humanas, figuración animal, así como alegorías de vicios y virtudes. Alternan los relieves con el bulto redondo. Toda esta prolija decoración salpica basas, fustes y capiteles, frisos, arcos, hornacinas, tímpano, enjutas…
1 comentario
  • 1 Óscar 02.04.2010, 12:20

    Como siempre Paco, da gusto leerte. Un saludo desde Canarias.

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