Distinguidos birretes

En sus 29 años de historia, la Universidad de Cádiz ha distinguido con el grado de Doctor Honoris Causa a 17 profesionales · El primer acto de investidura se celebró en 1981 y el último, el mes pasado

B. Estévez / Cádiz | Actualizado 17.03.2008 - 01:00
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13. Andrés Segovia Torrres 14. Dietrich E. Wilhelm Trincker 15. Juan de Dios Ramírez Heredia 16. José Ignacio Barraquer Moner.

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El gaditano Juan de Dios Ramírez Heredia pasó a engrosar el pasado día 20 de febrero la lista de profesionales que han sido investidos como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cádiz (UCA). Este político, maestro retirado, periodista y activista puertorrealeño es la decimoséptima persona que recibe tan alta distinción de parte de la institución académica gaditana.

La primera vez que la UCA, institución que nació en 1979, otorgó tal grado fue en 1981. El birrete laureado se colocó, a propuesta de la Facultad de Medicina, a un investigador estadounidense de Carolina del Norte, William W. L. Glenn, uno de los hombres más representativos en el campo de la cirugía torácica y cardiovascular. El corazón artificial que diseñó este cirujano a principios de los cincuenta es el prototipo de los utilizados actualmente, y su descripción de una técnica de by-pass del corazón derecho permitió la primera operación a corazón abierto para practicar una valvulotomía pulmonar.

Al año siguiente, el reconocimiento volvió a recaer en un investigador extranjero. En esa ocasión, la Facultad de Medicina quiso reconocer al catedrático de Fisiología Dietrich E. Wilhelm Trincker, especialista en campos como la visión, la audición y el equilibrio, y hombre con una amplia formación humanística.

El primer español investido Doctor Honoris Causa por la Universidad gaditana fue el concertista Andrés Segovia, jienense de nacimiento aunque criado en Granada. En 1983, la Facultad de Filosofía y Letras apostó por este autodidacta de la guitarra española que rescató este instrumento del nivel folklórico y descubrió sus enormes posibilidades, como demostró en el concierto que ofreció en el Gran Teatro Falla a modo de conferencia de investidura.

Pero sin duda, fue en 1985 cuando este acto solemne de la UCA tuvo, por primera vez, una mayor repercusión social. El 8 de mayo, el poeta gaditano más universal, Rafael Alberti, recibió este título honorífico junto al catedrático e historiador sevillano Antonio Domínguez Ortiz. La concesión del doctorado al escritor de la Generación del 27 puso punto final al homenaje a su persona que, en la provincia de Cádiz, inició 12 meses antes la Diputación Provincial.

El portuense, que ese mismo año también fue nombrado Hijo Predilecto de Andalucía, agradeció el homenaje con estas palabras: "Yo os agradezco, infinitamente, este nombramiento que me rejuvenece y hace que me sienta aquel universitario que nunca llegué a ser, pues bien sabéis que jamás aprobé el cuarto año de bachillerato. Aunque ahora ya puedo confesar que tampoco lo intenté en ningún momento, pues por aquellos años madrileños, me atraía mucho más copiar las ninfas de nácar del Museo del Prado, con el consiguiente disgusto de mi bien intencionada familia, que conseguir un título ¡Qué feliz hubiera hecho yo a mi padre luciendo este atuendo académico ante él, en vez de engañarlo falsificando las notas escolares!".

En 1987 la Universidad gaditana volvió a apostar por otro gaditano, el algecireño Adolfo Sánchez Vázquez. Este filósofo, ensayista, periodista y poeta, además de crítico tenaz, ha sido uno de los grandes pensadores españoles en el exilio y un gran especialista en los problemas planteados por el marxismo en relación con el arte y la estética. Asimismo, ese mismo año se distinguió al oftalmólogo catalán José Ignacio Barraquer Moner, que destacó como investigador en las técnicas de cirugía refractiva, término que introdujo él mismo en 1949. El microscopio quirúrgico y el queratrometo quirúrgico son dos de sus brillantes creaciones.

El siguiente acto de investidura como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cádiz se celebró nada menos que once años después. En marzo de 1998, la institución académica distinguió con tal designación al escritor gaditano, nacido en Chiclana de la Frontera, Fernando Quiñones, que comenzó así su intervención: "En su discurso de Estocolmo al recibir el Premio Nobel, aquel narrador abismal que fue William Faulkner declaró que los días más felices y literariamente fecundos de su vida fueron los que pasó empleado en un prostíbulo de su largo Sur. Jamás me vio nadie de empleado en esos prestigiosos establecimientos pero, por lo que toca a felicidad, bien puedo reducir y traducir al día de hoy tales dichas, ya que, en cuanto a sentir recompensados mi vocación y mi trabajo, muy difícilmente volveré a dar con una mañana como ésta". Ocho meses después, el autor falleció en Cádiz.

El mismo rector que le entregó la medalla de la UCA al creador de la novela La canción del pirata, esto es, Guillermo Martínez Massanet, se la ofreció dos años más tarde al abogado y catedrático de Derecho Administrativo Manuel Clavero Arévalo. A este sevillano que primero fue decano y luego rector de la Facultad de Derecho de su tierra, ejerció como ministro de las Regiones durante el primer gobierno de la democracia, y a él se debe en gran parte la configuración de lo que fue el mapa autonómico español, que dio lugar a la actual organización en comunidades autónomas. Pero la defensa de su idea de plena autonomía política para Andalucía en el marco del Estado de las Autonomías le lleva a dimitir de su cargo, además de convertirle en uno de los principales difusores de este mensaje. Por esta razón se le otorgaría, en febrero del 99, la distinción de Hijo Predilecto de Andalucía. Abandonada la política, regresó a las aulas, y actualmente es presidente del consejo editorial del Grupo Joly.

El décimo Honoris Causa fue el doctor en Ciencias Económicas y Empresariales Andrés Fernández Díaz. Este gaditano, el primer economista en realizar trabajos sistemáticos de carácter científico sobre las técnicas de planificación inductiva en la universidad española, fue también uno de los impulsores de la creación de la Universidad de Cádiz, institución que le incluyó en su Claustro en 2004.

Ese mismo año, otras cuatro personas fueron distinguidas con ese grado: El escritor jerezano e Hijo Predilecto de Andalucía, de la Provincia de Cádiz y de Jerez José Manuel Caballero Bonald, que ha rubricado más de cuarenta obras literarias. Entre ellas, los poemarios Las horas muertas (1959) y Laberinto de Fortuna (1984) y las novelas Ágata ojo de gato (1974) y Toda la noche oyeron pasar pájaros (1981). También el vallisoletano Miguel Ángel Ladero, historiador cuyas obras han permitido grandes avances en el conocimiento de la fiscalidad, la historia política, las minorías confesionales, la historia regional y otros muchos aspectos de los reinos hispánicos en la Baja Edad Media. La científica nacida en Canero (Asturias) Margarita Salas Falgueras, que fue la encargada por el Nobel luarqués Severo Ochoa, junto a su marido, el científico Eladio Viñuela, de impulsar la investigación española en el campo de la bioquímica y la biología molecular. Ella es, hasta el momento, la única mujer distinguida por la Universidad gaditana con este reconocimiento. Y el último homenajeado en 2004 fue el psiquiatra sanroqueño Carlos Castilla del Pino, que un año antes fue elegido Académico de la Real Academia de la Lengua. La figura de este profesor, ensayista y conferenciante trasciende los límites de la disciplina científica.

Ya en 2006, la Universidad de Cádiz designó al linense Salustiano del Campo. El doctor en Ciencias Políticas, licenciado en Derecho y en Ciencias Sociales y periodista está considerado como una de las figuras de mayor relieve en la sociología española. Fue el fundador y primer director del Instituto de la Opinión Pública, antecedente directo del CIS, desde el que impulsó la realización de grandes encuestas sociólogas.

El pasado año, el reconocimiento abrazó a un algecireño sin títulos universitarios, como él mismo señaló durante la solemne ceremonia. El artista flamenco Francisco Sánchez Gómez, Paco de Lucía, ha creado escuela entre las generaciones más jóvenes y se ha convertido, con ayuda de su guitarra, en uno de los embajadores de la cultura española por todo el mundo. Este Hijo Predilecto de la Provincia de Cádiz y de la Ciudad de Algeciras y Medalla de Andalucía recibió en marzo el birrete laureado por incorporar lo popular, lo andaluz y lo flamenco al ámbito artístico de lo culto, como se remarcó en el acto.

Y tras él, otra persona que lleva el flamenco en sus venas, pues por ellas discurre sangre gitana. Juan de Dios Ramírez Heredia se ha convertido en el primer gitano que recibe el título honorífico de Doctor Honoris Causa. Algo de lo que se siente muy orgulloso, como manifestó el pasado 20 de febrero en el Gran Teatro Falla, donde lució orgulloso su distinguido birrete.
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