Esa sutil caligrafía que describe la esencia de lo bello

Artistas de Cádiz | Willie Márquez

El jerezano Willie Márquez, que pinta escribiendo, es un creador de esencias, un alquimista de lo mínimo

Una imagen del artista Willie Márquez.
Una imagen del artista Willie Márquez.

Los senderos por donde transite la plástica contemporánea son infinitos, están llenos de incertidumbres que sólo hay que superar con el entusiasmo del rigor y la verdad; generan postulados cuyos desenlaces son, también, infinitos y posibilitan que múltiples acciones de buenos actores puedan llegar a formular absolutos estados de emoción creativa. El problema del arte actual es que hasta él llegan actuantes con muy pocos argumentos o manidas proposiciones que agotan la visión y el alma del que contempla emocionado. Cuando, desde hace tanto tiempo, vemos como todo se parece a todo, cuando la línea recta de lo igual no deja espacios para lo diferente e imprevisto, el mínimo asunto novedoso, la realidad transgredida por felices desarrollos , atrapan la mirada y convencen el espíritu. Hoy el virtuosismo de lo concreto, la fidelidad del modelo, el efectismo de la pureza dibujística, la forma perfecta, no garantizan el rigor absoluto de lo artístico. Existen otros vectores que imprimen al hecho creativo un estamento de autenticidad y verdad. La emoción del arte por el arte no viene sustentada en propuestas canónicas que provienen de argumentos interesados. Lo artístico es aquello que pellizca el alma, que emociona y abre los horizontes al espíritu. La obra de Willie Márquez así lo atestigua. Cuentan la anécdota aquella en la que, tras una actuación de la genial Lola Flores en Nueva York, un crítico del New York Times publicó sobre ella: “Una artista española que ni canta ni baila... pero no se la pierdan”. Con las piezas de Willie Márquez pasa algo parecido: no responden a los estrictos registros de lo técnicamente correcto, no descubren la perfección rigurosa de la pureza artística convencional; no es un dibujante excelso, pinta mínimamente... pero una obra suya es toda una genial producción de fuerza creativa, una experiencia única preñada de contundencia formal, plástica y conceptual; algo que provoca a la vista y produce una manifestación de pasión creativa. Su obra te atrapa desde el principio y desencadena un bello arsenal de pasiones.

Decir que Willie Márquez es un artista de un determinado lugar es conceder muchos beneficios a la verdad. Es cierto que nació en Jerez y es real que se fue buscando otros horizontes. Vivió por muchos sitios; se estableció en Ibiza y desde allí se ha venido para encontrar refugio en los paradisiacos paisajes que proporciona la bella magnitud de los campos de Arcos, muy cerquita de donde las aguas del lago bañan de tranquilidad una realidad que hace soñar. Su historial existencial es, pues, tan apasionante como su obra. En su haber consta trabajar para nombres conocidos del amplio espectro de lo artístico, para los Ketama, para Niña Pastori, para Alejandro Sanz, para Osborne, para Swarovski, para grandes empresas hoteleras de todo el mundo...; su nombre tiene mucha importancia por lo mucho, bueno y único que ha hecho; a mí me interesa por su pasional forma de expresión, por su lenguaje personalísimo que transgrede la habitual gramática para crear. Willie Márquez es un escritor que pinta con una caligrafía de sutiles perfiles; que escribe con una línea pictórica vehemente, que diseña formas inconexas para dotar a la materia circundante de un gesto exquisito que añade un justo aliento de dulzura a las texturas de los elementos conformadores. Escribe su pintura con trazos gestuales, contundentes y apasionados pero, al mismo tiempo, sutiles, exquisitos y hasta de formas gráciles. Son como minúsculos pellizcos formales que se retuercen; repetidos arabescos que contienen mantras imposibles; finos rasgos de caligrafía repetitiva que se expanden, se contienen y se contraen para volverse a expandir; páginas de una historia que se escribe con la fina línea de la esencia plástica, escritura exenta de contenido semántico pero llena de fortaleza formal; palabras pintadas que conforman renglones sin mensajes suspendidos en un arsenal de belleza y sensualidad.

Willie Márquez pinta escribiendo. A veces, con su particularísimo lenguaje de caracteres imposibles y de tipografía única, desarrolla un sentido plástico que le sirve para transgredir la propia fórmula de los elementos constitutivos. Así, manipula la forma plástica del papel para, con sus grafías y líneas caligráficas, sutilmente interpuestas en el corazón de la materia, crear espacios estructurales que llegan a configurar supremos estados de emoción artísticas; piezas que transportan a la esencia formal de lo abstracto. Otras veces, se vale de materiales encontrados para dar forma plástica a una nueva realidad que transcribe poderosos gestos de trascendente emoción escultórica. Alambres que abandonan su modesta condición de pobreza estructural para convertirse en bellos elementos formales que envuelven los espacios con su especial poder matérico; obras de arte que transforman su sentido y alcanzan nuevas situaciones artísticas; realidades, en definitiva, a las que Willie Márquez concede un nuevo sentido estético.

Es Wilie Márquez un creador de esencias; un alquimista de lo mínimo que con su caligrafía de imposibles posibles patrocina una identidad superior para que lo prosaico de la existencia asuma un sutil desarrollo de pureza y verdad artística.

En este universo de linealidad, de parecidos frustrantes, de sabidos argumentos, la pasional obra de Willie Márquez nos descubre una novedosa dimensión del arte; un regalo para la vista que la mirada conduce a los espacios insondables donde habita la más pura emoción, allí donde se alcanza el supremo pellizco del alma.

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