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  • David Hernández de la Fuente analiza la historia del Imperio Bizantino en un libro de Alianza

Constantino, Justiniano, la revuelta de Niká, la crisis iconoclasta, el renacimiento macedonio, la caída de Constantinopla. La apasionante historia del Imperio Bizantino es uno de los motivos de estudio de David Hernández de la Fuente, doctor en Filología Clásica y en Sociología y profesor del Departamento de Historia Antigua de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Así lo pone de manifiesto en Breve historia de Bizancio, publicado por Alianza Editorial.

Siglo IV. Constantino legitima el cristianismo, una decisión de enorme relevancia histórica. El Edicto de Milán, de 313, establece la libertad religiosa en el imperio. Hernández de la Fuente explica que "hay una gran discusión académica sobre Constantino, un personaje muy controvertido; por una parte, ensalzado por la tradición cristiana, como no podía ser de otra manera; por otra, hay historiadores que lo ven como un oportunista que aprovecha un momento clave de transición y la pujanza social del cristianismo en muchos ámbitos para, políticamente, imponerse a sus rivales en el camino al trono absoluto". El experto anota que "hay que recordar el contexto del Imperio Romano en esta época, después de Diocleciano y las reformas, con el nuevo sistema de la tetrarquía, en el que el poder se ha descentralizado bastante. Constantino va en una especie de camino hacia el trono único del imperio y no duda en usar para ello la creciente influencia de esta nueva religión, que tiene mucha implantación sobre todo entre las clases populares pero que también empieza a penetrar con fuerza entre las clases educadas y las elites". Y se sitúa bajo el patrocinio de Cristo "como había usado antes a Apolo", como figura patrocinadora y protectora. Constantino, llamado El Grande (272-337), recoge "la tradición romana muy enraizada en la Antigüedad tardía de ponerse bajo la protección de una divinidad en exclusiva, con la que se llega a identificar". Ha sido tachado de "oportunista" por "la apropiación de Cristo sin renunciar a la parte pagana de la tradición imperial".

La integración del cristianismo en el sistema político-ideológico imperial de tradición romana "fue un proceso muy interesante que se inicia con Constantino. El paganismo era parte del estado romano, de la ideología imperial. El líder político era divinizado desde la época de César y Augusto y el culto estaba totalmente integrado en el sistema político: uno tenía que rendir culto tanto al emperador vivo como a su memoria. Y el cristianismo es una religión monoteísta que pretendía una exclusividad total en el ámbito de las creencias e incluso un dominio sobre lo terrenal". Así, en los primeros emperadores tras el Edicto de Milán "se ve todavía una ambivalencia que se refleja en la iconografía o en el lenguaje literario de los panegíricos: ellos tienen aún que seguir usando la tradición pagana, y así se ve en la decoración de las columnas conmemorativas y en los grandes programas de propaganda política. Se siguen viendo los grandes símbolos del paganismo integrados en la política, como la tríada capitolina en Roma como protectora del Estado, y permanecen las ceremonias paganas como los augurios. Todo esto lo tiene que transformar poco a poco el nuevo imperio cristiano, y es un proceso interesantísimo que empieza con Constantino y llega a su culminación con Teodosio, que adapta la corriente dominante de la Iglesia como dogma también político y lo impone a sus súbditos con medidas legislativas". A partir de entonces "la Iglesia cristiana, en sus diversas corrientes, estará plenamente integrada en la vida política romana".

Otra figura de la época tardoantigua sujeta a debate es Juliano el Apóstata (331-363). Si no hubiera muerto prematuramente, ¿habría culminado su proyecto de restauración del paganismo? El profesor considera que "era muy difícil que tuviera éxito, pero no hay que subestimar sus posibilidades". Lo curioso de este emperador es que "fue educado en las Sagradas Escrituras, en la fe cristiana, y lo que intenta es hacer una refundación del paganismo -una palabra que utilizamos nosotros por influencia de los Padres de la Iglesia-: es en principio un cristiano que, seducido por el glamour literario, nostálgico, del paganismo antiguo, de Homero o Platón, intenta resucitar la religión tradicional de los padres de forma algo artificial". Aficionado a la filosofía griega y la retórica, Juliano lleva a cabo este proceso "de una manera muy interesante: copiando estructuras del cristianismo, en el que él estaba educado; por ejemplo, intenta fundar una suerte de beneficencia pagana, una jerarquía eclesiástica pagana, pero en los dos años de su reinado no le da tiempo a mucho más". Los estudios sobre las tendencias religiosas de la población revelan que "hasta mediados del siglo V había más o menos un 50%" de cristianos y de paganos. Fue, por tanto, "una implantación muy lenta del cristianismo". Lo decisivo fue "que las elites culturales y políticas se pusieran de parte del cristianismo por afán de medrar en la administración, en la carrera académica o en la retórica. El paganismo se convirtió en un reducto cada vez más aislado de ciertas escuelas filosóficas, por un lado, y de clases populares, por otro". Todavía sobrevivirá en regiones de Oriente en los siglos VI y VII.

En el imperio de Oriente la presencia de los pueblos germánicos se observa ya "en el siglo IV, en época protobizantina, con la famosa derrota romana en Adrianópolis, un gran shock con el que los romanos se dieron cuenta de que los godos, o los germanos en general, podían tener un peligro muy grande". Bizancio tuvo "una historia de férrea resistencia ante los ataques de los pueblos germánicos y luego eslavos y más tarde árabes, labrada con una combinación de diplomacia, sobornos y tratos un poco oscuros y, por supuesto, con grandes dosis de destreza militar". Hay que contar también con el aspecto religioso, "la paulatina conversión de los pueblos germanos al cristianismo", y el económico, "fundamental en un imperio en que hacían falta nuevos mercados y materias primas, mano de obra, personal para el ejército y la administración del estado". Los pueblos bárbaros fueron "una mina en este sentido". Hubo "innumerables asedios y guerras" en las que el imperio de Oriente, desde la fundación de Constantinopla en el siglo IV hasta su caída en el XV, "pudo desviar la presión bárbara hacia otros lugares", comenzando por Arcadio, hijo de Teodosio, que "logró desplazar la presión bárbara muy certeramente hacia Occidente, que acabó cayendo en manos de estos pueblos mientras el Oriente pudo aislarse y mantenerse en una situación de relativa prosperidad durante mucho tiempo".

¿Qué huellas hay de Bizancio en la Europa actual? Para este experto, "es una herencia sutil pero muy presente, que se ve en la transmisión del legado clásico, nada más y nada menos. A través de los copistas bizantinos, de las escuelas de los monasterios, de los scriptoria imperiales de Constantinopla se ha transmitido todo el mundo clásico griego, todas las obras de Platón, Homero, Aristóteles... Filosofía, historia, poesía, la alta cultura y la literatura más popular, todo eso se copió en el mundo bizantino y ha pasado a nosotros a través de su filtro, sin el cual no hubiera habido Renacimiento en la Europa occidental, no hubieran existido Petrarca, ni Bocaccio, ni Botticelli, ni Monteverdi, la pintura y la música basadas en temas clásicos... Todo eso no existiría sin la influencia de unos sabios exiliados que fueron llegando a Occidente poco a poco, no siempre huyendo de los turcos sino también atraídos por otras razones, como la intensa relación con el norte de Italia: recordemos que Venecia y Rávena fueron bizantinas durante muchos siglos".

En el ámbito español, los estudios bizantinos "han sido normalmente englobados en la filología clásica, griega, con profesores que se han dedicado más a la parte tardoantigua, o bien en la historia antigua o casi medieval". No existe una "bizantinística" propiamente dicha, como sí ocurre en Alemania y otros países, "es decir, una disciplina dedicada íntegramente al mundo bizantino desde un punto de vista global (historia, arte, literatura, lengua, etc.)". Pero "la universidad española cuenta con notables expertos en estos temas".

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