Festival de Música de Cádiz | Crítica

Programa netamente español

  • Con su nuevo director al frente, la Orquesta de Córdoba hace una estupenda lectura del Festival, eligiendo música española del siglo XVIII al XXI

Carlos Domínguez-Nieto, al frente de la Orquesta de Córdoba en el concierto del Palacio de Congresos. Carlos Domínguez-Nieto, al frente de la Orquesta de Córdoba en el concierto del Palacio de Congresos.

Carlos Domínguez-Nieto, al frente de la Orquesta de Córdoba en el concierto del Palacio de Congresos. / Lourdes de Vicente

El año pasado, la Orquesta de Córdoba tuvo como director invitado para el Festival a Michael Thomas. Este año, al frente de la misma, ha venido su nuevo director titular, el madrileño Carlos Domínguez-Nieto, quien micrófono en mano abordó un concierto en el que fue explicando paso por paso todas las obras que traía en el programa de mano para este FMEC 2019.

Y fue un programa sumamente interesante, y en mi opinión de los que hacen y justifican un Festival de Música Española. Desde el siglo XVIII al siglo XXI, Domínguez-Nieto nos brindó la oportunidad de escuchar música española de gran y variada riqueza.

De gran curiosidad resultó escuchar el Preludio y Las seguidillas de la zarzuela La venta de Don Quijote (1902), de Ruperto Chapí, una zarzuela del género chico con seis números, que la Orquesta de Córdoba rescata y pone sobre las tablas.

Estupenda también, la interpretación de la Serenata para cuerdas op. 87 del sevillano Joaquín Turina, obra para cuartetos de cuerda, pero que en esta ocasión la partitura la interpretaron los 26 maestros de la sección de cuerda de la orquesta. Escuchar a Turina, uno de los mejores compositores andaluces de todos los tiempos, siempre es agradable.

Inmediatamente después, Domínguez-Nieto abordó una suite de la Serenata nocturna de las calles de Madrid de Luigi Boccherini, un italiano de la Toscana que hacía música española para españoles en la Corte madrileña del siglo XVIII. Boccherini pensaba que esta música que él había compuesto, no la comprenderían fuera de España, y sobre todo no podrían interpretarla bien músicos extranjeros, por ser tan marcadamente española. Mucho se equivocó Boccherini, pues su música hoy día es conocida e interpretada en todos los rincones del planeta, sobre todo el Pasacalle, al que incluso recurrió Hollywood, con la interpretación de Russell Crowe al violín, en el camarote del comandante de la película Master and Commander. La Orquesta de Córdoba hizo la espectacular puesta en escena de la ejecución de los pizzicatos de los violonchelos como si fueran guitarras. Excelente.

En la segunda parte del programa, aunque sin solución de continuidad, se interpretó la obertura de la ópera L’arbore de Diana (1787) de Vicente Martín I Soler, el genial músico español del siglo XVIII que estuvo a la altura de Mozart, tanto que el salzburgués utilizó una melodía de la ópera Una cosa rara de Vicente Soler, para incorporarla al acto del banquete del segundo acto de Don Giovanni, una de las óperas más famosas del repertorio operístico mundial. El propio Lorenzo Da Ponte, libretista de Mozart, también escribió para Soler. Muy bien. No en vano el director de la Orquesta de Córdoba es gran conocedor del mundo de la ópera.

El programa de mano finalizaba con la obra del compositor español actual Antón García Abril: Canciones y Danzas de Dulcinea. Seis canciones deliciosas del maestro turolense, donde brillaron la flauta, el oboe y las trompas. Preciosa factura la de la Canción del encuentro, en forma de scherzo, donde la sección de cuerdas lo bordó. Excelente.

Y además, hubo propina, y gran aplauso del público. La Orquesta se despidió con el Preludio de la zarzuela El Patio de los Naranjos, de Pablo Luna, una obra desconocida y que será puesta en escena, según el propio Domínguez-Nieto nos adelantó, el próximo año en Córdoba.

Un excelente concierto de la orquesta de Córdoba, con su nuevo director al frente haciendo Festival, y que el público agradeció.

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