Cultura

Okkervil River llega esta noche a la sala Milwaukee de El Puerto

  • La banda de Austin presenta su country-rock alternativo con su disco 'I Am Very Far'

La pereza y la falta de curiosidad son dos de los grandes enemigos de las expresiones culturales más genuinas. Uno pretende, apoltronado frente a la tele o al ordenador, que todos los protagonistas de todos los conciertos posibles le suenen. En el momento en el que el nombre del grupo no encaja en una de esas primorosas celdas mentales en las que atesoramos nuestros lugares comunes, el interés se suaviza y terminamos afirmando que se trata de otro grupo de esos raros que se buscan la vida como pueden.

Craso error. Mucho antes de que saliesen en las portadas de las revistas de referencia, los grupos de verdad (los que no son un mero producto de márquetin) pasaron por el anonimato. Unas veces porque no lograron la promoción que buscaban, otras porque sencillamente pasaron de lastrarse con discográficas multinacionales y promotoras impías.

Éste es el caso de Okkervil River, una banda norteamericana (de Austin, para más señas) que lleva desde 1998 sacando discos como perlas oscuras y recónditas. Desde que publicaron su primer trabajo y sonó el primer acorde de su primera canción, los etiquetadores corrieron a compararlos con Wilco; aunque con unos Wilco absolutamente ajenos a cualquier trasunto masivo o grandilocuente.

Ahora, con seis discos a sus espaldas, las referencias empiezan a multiplicarse y se habla de un cruce entre el folk independiente y subversivo y el pop-rock de Pulp. Extraña etiqueta, sí, pero que no anda nada desencaminada.

I Am Very Far, que presentan esta noche en la sala portuense Milwaukee, constituye el trabajo más preciso, poético y excesivo de la banda liderada por el inmenso narrador Will Sheff, quien se aisló del mundo en la vieja casa de sus abuelos para rastrear su memoria y su imaginación con el fin de escribir y componer un trabajo brillante y cautivador como pocos.

Si a todo esto sumamos un directo repleto de arreglos nada evidentes y el tono entre angustiado e íntimo de su narrador y vocalista, lo que tenemos delante es una bomba que estalla justo en la inopinada frontera que separa el country postmoderno (con perdón) del rock independiente.

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