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Marchamo de calidad

  • Con las dos exposiciones que el artista protagoniza en la capital, se puede valorar la verdadera dimensión de la obra pictórica del gaditano

El artista gaditano Cecilio Chaves, frente a una de las obras que expone en la Galería Benot. El artista gaditano Cecilio Chaves, frente a una de las obras que expone en la Galería Benot.

El artista gaditano Cecilio Chaves, frente a una de las obras que expone en la Galería Benot. / joaquín hernández kiki

A Cecilio Chaves lo hemos visto en numerosas ocasiones presentando su particular obra, esa que ya forma parte del imaginario general de los amantes del arte de esta zona. Sus paisajes urbanos con las azoteas gaditanas como especialísimas protagonistas son pinturas conocidas de casi todos. Sin embargo, en todas estas comparecencias las propias circunstancias representativas de sus obras, llenas de esplendores visuales, parecían no mostrar en su totalidad la dimensión del artista. Siempre nos quedábamos como si faltara algo, como si el pintor se hubiera guardado mucho más de lo que presentaba. Aun conociendo su potencial pictórico -sólo hay que saber mirar tras los elementos que componen sus paisajes para darse cuenta de las calidades que argumentan su pintura- el trabajo de Cecilio Chaves no dejaba traslucir toda su fortaleza artística que sabíamos encerraba su obra. Con estas dos exposiciones, el espectador consigue aglutinar varias posiciones que, todas unidas, formulan la situación última que nos faltaba para el complemento total de una obra que ha ido ganando en intensidad creativa, en argumentos artísticos y en dimensión pictórica.

Con la exposición del Castillo de Santa Catalina uno se adentra en los afortunados registros de una pintura que ha ido, sistemáticamente, adquiriendo poder y generando solvencia y trascendencia para afrontar una nueva realidad -la que encontramos en la galería Benot- que transita por una excelsa figuración matizada por campos de color, por formas no concretas que potencian la expresividad del conjunto.

Si en lo que se presenta en el antiguo recinto militar nos enfrentamos a una historia pictórica con muchos buenos esquemas que ilustran, además de unas pequeñas muestras de sus expectantes inicios, unos paisajes urbanos, intensos, con rasgos representativos muy cuidados y que marcan, sin fisuras, la realidad de lo pintado; en la galería de Fali Benot hallamos a un pintor poderoso, con sabias proposiciones formales, certero manipulador de lo real hasta extraerle sólo aquellas circunstancias que interesen para un relato lleno de suma expresividad.

En Benot, la pintura se hace más pintura, menos ilustrativa, más densa. El objeto, en este caso el paisaje, desentraña infinitos matices y registros formales; desenlaces plásticos que patentizan artísticamente una realidad llena de contundencia cromática, de fórmulas expresivas contundentes; en definitiva, modos válidos de total carácter artístico. En Santa Catalina encontramos la pintura de un artista en proceso, transitando por distintas etapas creativas; en Benot, está el artista asentado, consciente de su poder pictórico, de su dimensión y sabedor de cómo gestionar cada situación. Son dos momentos importantes, el histórico y el inmediato. En el primero, el artista suscribió planteamientos procesuales, con el paisaje siempre muy bien estructurado representativamente; en el segundo, se desarrolla una dimensión artística más poderosa. En Benot, Cecilio Chaves asume su entidad de artista sereno, convencido. Experimenta con los formatos, diluye la ilustración, las concreciones efectistas y se adentra por campos expresivos, por fórmulas esenciales que acentúan el sentido de una pintura infinitamente más pintura. En la obra presente en la galería nos hallamos con un Cecilio Claves solvente, dominador de las escenas, jugando con los soportes a los que concede sentido plástico y los convierte en un elemento formal más del conjunto. Paisajes que hacen perdurar el momento representado gracias a un fuerte expresionismo figurativo que genera máxima emoción artística, que suspende el extremo relato ilustrativo para conformar unos modos y unos medios intensamente pictóricos, de suprema entidad artística.

La doble comparecencia expositiva de Cecilio Chaves, aparte de descubrir la juiciosa carrera de un pintor seguro, nos abre los horizontes de un artista que sigue inmerso en los parámetros de una pintura con muchas y muy buenas situaciones; una pintura a la que él dota de máxima intensidad. En la muestra de la Avenida Ramón de Carranza - no sé si, ahora, con otro nombre por mor de los sesudos planteamientos de los que están en la política municipal - la pintura ha ganado abiertamente el terreno a la mera representación paisajística; ésta existe y perdura muy bien, pero en otro segmento; los colores definen una escena que se hace más abierta; la pureza cromática acentúa el potencial expresivo; además, el artista concede máximo valor a una serie de elementos - cables, antenas, tuberías, partícipes de un segundo plano en la escala de lo representado - que aumentan la contundencia formal y dan agilidad al propio sentido de la composición; también los juegos espaciales redundan en esa nueva dimensión, sobre todo los soportes cóncavos y convexos, juiciosa fórmula que da mayor sentido a ese paisaje; podríamos decir a lo Cecilio Chaves.

Estamos, por tanto, ante dos exposiciones que aglutinan todos los elementos para el absoluto conocimiento de un artista que camina seguro por las sendas de una pintura que él hace personal e intransferible.

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