Entrevista a Iván Periano, presidente de la Asociación de Empresarios de la Costa de Cádiz (AECCA) “En comparación con otros sitios, podemos llorar por un ojo”

  • El representante de los chiringuitos reconoce que el verano ha sido malo, pero algo mejor de lo previsto

El presidente de la Asociación de Empresarios de la Costa de Cádiz (AECCA), Iván Periano.

El presidente de la Asociación de Empresarios de la Costa de Cádiz (AECCA), Iván Periano. / Lourdes de Vicente

La pandemia del Covid-19 ha trastocado todos los planes empresariales. El turismo y la hostelería han sido dos de los sectores más dañados en un verano atípico. Cuando Iván Periano accedió el pasado mes de febrero al cargo de presidente de la Asociación de Empresarios de la Costa de Cádiz (AECCA), nada hacia presagiar todo lo que ha sucedido en los últimos. Una vez acabada la temporada alta, ahora toca rehacerse para afrontar un otoño-invierno que se prevé muy duro.

–Después de un verano atípico por la pandemia del Covid-19, ¿qué balance hacen los chiringuitos de la temporada?

–Es verdad que si nos preguntas en marzo o abril, la situación era más pesimista de lo que ha sido el verano. El verano no ha sido bueno de ningún modo. Ha habido una serie de condicionantes que han hecho que la temporada no sea buena. Desde luego, podría haber sido peor, pero no ha sido del todo buena.

–¿Qué ha influido para que Cádiz haya podido salvar los muebles en verano en relación con otras zonas del litoral que sí se han visto más castigadas?

–Nosotros hemos perdido sustancialmente en relación con los números que teníamos. La facturación ha caído y hemos abierto menos tiempo. El buen tiempo de la zona y los pocos contagios del lugar, unidos a un turismo nacional que sí ha preferido este sitio frente a otros emplazamientos, han hecho que más o menos hayamos podido defender las posiciones en los meses de julio y agosto. Es verdad que muchos establecimientos, como consecuencia de un positivo, han tenido que cerrar en mitad de la temporada, hemos estado condicionados por el aforo, hemos tenido muchos más gastos en desinfección, mascarillas, en todo lo que es el método preventivo, el cierre por la noche ha sido más temprano... Es decir, hemos estado condicionados en muchas cuestiones. Pero, por otro lado, también es verdad que en comparación con otros sitios hemos tenido público. Entonces, podemos llorar por un ojo nada más.

–¿Este mantenimiento de la actividad de los negocios ha sido global en la provincia de Cádiz o se ha notado más en algunas zonas?

–Depende de cada población. Por ejemplo, Rota no tiene nada que ver con Cádiz, a pesar de la cercanía. O Cádiz con Tarifa. Por ejemplo, Tarifa ha tenido muchísimo público, pero ha estado condicionado por muchos positivos y eso ha hecho que muchos establecimientos hayan tenido que cerrar. El factor climatológico también nos influye de forma sustancial. No es lo mismo tener levante fuerte en Tarifa que, por un lado, viene bien para la práctica de deportes de mar, pero, por otro lado, reduce el consumo en los bares. Cada población, a pesar de estar en la misma provincia, es diferente.

"La primera semana del mes de septiembre se sostuvo un poco, pero después ha sido realmente desastroso"

–En cuanto a la presencia de turistas, ¿se ha notado que se hayan centralizado en una zona?

–Creo que Cádiz y Chiclana han despuntado con respecto a otros emplazamientos.

–¿Y cómo ha sido el mes de septiembre?

–Septiembre ha sido horrible. La primera semana aún se sostuvo un poco, pero después ha sido realmente desastroso. Hemos tenido un verano en el que la gente, como consecuencia de haber estado encerrada, tenía muchas ganas de salir a la calle, consumir y disfrutar por lo que pudiese llegar con la entrada al colegio y por lo que habían vivido durante el confinamiento. Pasado ese periodo, hemos detectado que la gente ha vuelto a ser conservadora con sus gastos, a no acudir tanto a la calle y se ha notado en septiembre por la falta de turistas.

–¿Qué previsiones tiene AECCA para el otoño-invierno?

–Los que tenemos la voluntad de permanecer todo el año, vamos a perseverar y vamos a seguir abiertos. Si bien, puede haber un cierre puntual por vacaciones porque por organización interna debemos descansar o porque lamentablemente haya algún positivo y tengamos que cerrar. Pero nuestra voluntad, al menos aquí en Cádiz aquellos que hemos permanecido siempre abiertos en los últimos años, es permanecer. Ahora, no sabemos qué nos puede deparar el futuro, por lo que este criterio puede cambiar.

–¿Cómo ha afectado el Covid-19 a la salud de los negocios?

–El sector está muy dañado. Los chiringuitos son negocios que, por su emplazamiento estratégico, tienen una serie de gastos adicionales fuertes en concepto de canon que hay que pagar a las administraciones, bien a los ayuntamientos o bien a Costas. Esos gastos en un periodo relativamente normal, como hemos tenido antes del Covid, se sufragaban con absoluta normalidad. Pero estos gastos, con ausencia de turismo y de público y con el consumo bastante más bajo, son un muro inquebrantable en un tiempo corto de concesión. A muchas concesiones no les da tiempo en el periodo que les queda a sufragarlos. Es decir, este año todos los negocios se han endeudado sustancialmente bien porque han tenido que solicitar ICOs, bien por falta de facturación o bien por contagios y cierres. Si las administraciones a día de hoy no han acabado de suavizar sus cánones, muchos están abocados a su desaparición porque en tan poco plazo de amortización de estos endeudamientos no da tiempo a sufragar estos gastos.

–Ante los condicionantes de los chiringuitos, ¿cuál ha sido la respuesta de las administraciones?

–Hay tres administraciones que tienen competencias directas con los chiringuitos: ayuntamientos, Junta de Andalucía y Costas. Nosotros hemos notado una sensibilización especial por parte de la Junta de Andalucía puesto que inmediatamente se puso en contacto con nosotros y nos dijo que su voluntad era prorrogar por defecto un año más las concesiones para que nos dé tiempo de sufragar los gastos que vienen derivados del Covid. Por otro lado, el Gobierno manifestó que estaba estudiando el tema de suavizar el canon de ocupación, pero a día de hoy no tenemos respuesta de nada. Con los ayuntamiento pasa igual. Algunos han manifestado su voluntad de hacer un descuento, pero todavía no tenemos nada.

–¿Siguen las negociaciones abiertas? ¿Tiene la esperanza de que en los próximos meses se pueda arreglar este asunto?

–Aquellos a los que les quedaban dos o tres años de concesión, si este año se le cobra el canon con normalidad, lamentablemente no van a poder seguir adelante. Si no montaban y no iniciaban su actividad, tenían una penalización en sus contratos, por tanto, también les hacía más vulnerables y lo único que podían hacer era seguir hacia delante con este verano. El verano no ha sido bueno y si les quedan dos o tres años de concesión, no pueden seguir hacia delante. Vemos que, si no se toman mediadas de alivio en ese sentido, estos establecimientos no van a poder seguir hacia delante.

"Han tratado de hacernos ver que la hostelería en general era la culpable de algunos rebrotes"

–¿Cómo han llevado los negocios las restricciones y los cambios en los protocolos?

–Han tratado de hacernos ver que la hostelería en general era la culpable de algunos rebrotes. No ha sido así. La mayoría de los positivos han sido por consecuencias ajenas al establecimiento. No se han producido dentro de los establecimientos. Es decir, un empleado va a una barbacoa a casa de un amigo y sufre el contagio. Uno que se va de vacaciones y no toma las medidas adecuadas y sufre un contagio. Si te fijas, la mayoría de los establecimientos han tenido un protocolo de actuación preventivo , por lo que la mayoría de los contagios se han producido siempre fuera de los establecimientos.

Yo, personalmente, creo que todas las medidas que hemos adoptado han sido positivas. Ha sido una manera de poder trabajar con confianza. Pero es verdad que es mucho más engorroso, es muy costoso, pero al final el balance es positivo para poder desarrollar con cierta tranquilidad tu trabajo.

–¿Considera excesiva alguna de las restricciones?

–El Covid no entiende de horarios. Usted se puede contagiar de 10 a 11 o de 2 a 3 de la mañana. Si yo le atiendo a usted de 3 a 4 de la mañana, por decir un horario, con el mismo criterio que estoy teniendo durante el día, entiendo que no tiene usted que sufrir un contagio. Creo que el Gobierno con esta medida lo que trataba era reducir los botellones, pero no ha sabido articularlo debidamente y al final lo ha pagado la hostelería. Al final, la gente se ha juntado en casas, la gente ha acudido a barbacoas, ahí no han existido limitaciones horarias y ahí no ha habido un control, mientras que los establecimientos estamos cumpliendo de forma preventiva para que ese control exista. Es decir, incluso mediante las reservas, si hay un positivo nosotros podemos encontrar de inmediato a todos los clientes que han estado aquí.

–Cada vez que se ha producido un positivo que ha obligado cerrar a un negocio, ¿ve desconfianza por parte del cliente en el momento de la reapertura?

–Yo lo que he percibido es que no ha habido falta de confianza de los consumidores. La gente ha entendido que esto está en la calle y que nadie está exento de poder contagiarse y que la mayoría de los contagios se han producido fuera de los establecimientos.

–Por parte de los empresarios, ¿cómo se ha trabajado en la prevención para evitar este tipo de problemas?

–Hay un protocolo definido para los todos los establecimientos basado en las normas que ha marcado el Instituto de la Calidad Turística Internacional como pautas preventivas y sobre eso es lo que los chiringuitos hemos trabajado, además de con nuestras mutuas de trabajo. El tratamiento de la mercancía cuando nos llega o cómo tienen que ser las pautas de comportamiento de un camarero desde la entrada hasta la salida los hemos seguido a rajatabla.

–Sin embargo, al final siempre acaban saliendo imágenes de establecimientos que no cumplen con las normas. ¿Ve que la actitud de algunos empresarios puede dar una imagen injusta del trabajo que se ha realizado en los últimos meses?

–En todos sitios hay gente que de alguna forma no está tan sensibilizada con la situación que estamos viviendo. La gran mayoría sí lo ha estado, pero lamentablemente siempre hay gente que no. Eso también tenemos que señalarlo y denunciarlo.

–¿Pueden subsistir los negocios solo con el cliente local?

–Depende del emplazamiento, claro que pueden subsistir. El problema es que el público local no está tampoco en un momento de consumo porque si el futuro inmediato se ve incierto y las tasas de paro empiezan a incrementarse y la gente se queda en casa, pues no consume. No es un problema tanto del público local, porque todo influye porcentualmente, sino que es un problema de consumo en general. En invierno no acude tanta gente a la playa, pero sin embargo con el de Cádiz hemos estado sosteniéndonos con más que dignidad. Este invierno es que parece ser que el público de Cádiz, como es normal, no va a salir a la calle con la misma alegría que salía antes tal y como están las cosas.

"El Covid no entiende de horarios. Usted se puede contagiar de 10 a 11 o de 2 a 3 de la mañana"

–Uno de los avances de los chiringuitos ha sido romper con la estacionalidad. ¿Merece la pena el esfuerzo?

–Nosotros teníamos público todo el año. La propia ciudad había roto subliminalmente con esta estacionalidad. Por supuesto que tiene sentido permanecer abiertos. Ya no por el propio negocio, sino por ser competitivos, por dar un buen servicio a la ciudad, por estar ahí para lo que pueda hacerle falta. Para poder trabajar en verano, hay que sembrar en invierno. Si a todo el que nos visita le damos un buen servicio durante todo el año, pasará como en Málaga u otras ciudades que, sin contar con el Covid, tienen público todo el año porque se les mima y se les da servicio. Pero es una semilla que debemos sembrar todos. Si todo lo hacemos nada más que desde la parte privada y no viene acompañada desde la parte pública, pues no va a fluir.

–¿Ha faltado la colaboración por parte de los ayuntamientos?

–Prueba de ello es todos los litigios que hay pendientes encima de la mesa.

–Llegó a la presidencia de AECCA de forma accidental el pasado mes de febrero. ¿Qué retos se marca al frente de la asociación?

–Nuestra mayor ambición era que todos los establecimientos pudieran gozar en su máxima plenitud de lo que dicta la Ley de Costas y hacer la asociación más cercana a los asociados. Tenemos una provincia muy grande y queremos estar muy sensibilizados con cada uno de los establecimientos. Entonces, internamente nos habíamos marcado la posibilidad de visitar mucho y a menudo a todos nuestros asociados y hacer más cercana la asociación hacia ellos para que ellos no tuvieran que dirigirse a la sede, sino que nosotros estuviéramos en constante contacto con ellos. Con el Covid, esta ambición ha quedado a un lado.Mientras que la Ley de Costas marca establecimientos que pueden ejercer su profesión hasta un máximo de 30 años, con 270 metros de ocupación más 30 metros de almacenamiento y que pueden abrir todo el año, la realidad es que esos máximos que marca la Ley de Costas en muy pocas localidades los están llevando a cabo los concesionarios. La tendencia de los ayuntamientos es limitarlo y reducirlo sustancialmente. No entendemos por qué. Nosotros queremos que todos los adjudicatarios puedan gozar de todos esos años porque al final repercute positivamente sobre todo en el empleo, en la calidad de servicio que se da y en las propias ciudades. No es lo mismo invertir para tres o cuatro años que para 30 años. Si inviertes para 30 años puedes tener un negocio competitivo porque tu inversión va a ser más fuerte, puedes tener más calidad de empleo, más estable y más tiempo. Todo repercute más positivamente que si vamos a cuatro o cinco años.

–¿Qué hace a los ayuntamientos no dar ese paso?

–Hay ayuntamientos de todo tipo. Cádiz en su día fue uno de los principales impulsores que creyó en esto. Luego, cambió de criterio y se generó un mar de dudas, pero inicialmente fue muy colaborador. Chiclana es uno de los que está más en esa línea, ya que es una ciudad que está muy abierta al turismo, por lo que no concibe una playa sin dar un servicio realmente exquisito a todo el bañista y a todo el turista que llegue. Entiende que para eso tiene que hacer un esfuerzo e ir de la mano con los criterios que establece la Ley de Costas. Ellos están muy sensibilizados con eso. Otras localidades no lo están. No lo sé si es fruto de una imagen antigua de los chiringuitos.

–¿Cómo ve el futuro a medio-largo plazo del sector?

–El negocio en Cádiz entendemos que siempre va a tener garantías de éxito por el emplazamiento, por la playa, por el entorno tan maravilloso que tenemos y, aunque estemos pasando por un momento delicado, al final esto va a salir siempre a flote porque no tenemos competencia alguna comparativamente. Entonces, ahora nuestros esfuerzos tienen que ir a salvar esta situación tan complicada por el Covid.

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