Canestolendas

Obligada a recapacitar

LOS carnavaleros de Cádiz no se merecen lo que les está ocurriendo por mor de una caterva de mediocres que se creen los amos del chiringuito. ¿Quién le iba a decir hace dos lustros a un juancarlista que en 2014 las primeras coplas de Aragón se iban a escuchar en Sevilla? Pues un año más lleva Martínez Ares sin que sus letras se canten en los intestinos del Falla. Pero hoy la revolución es un motín en toda regla. El magno espectáculo montado ayer por Juan Carlos y los Carapapas es un aviso serio y, de no remediarlo nadie, un misil al corazón de la gran fiesta gadita.

Cádiz está a tiempo. Ésos que se mueren por un premio, esos otros cuya única meta existencial es vivaquear por los camerinos del Falla conspirando para meter más la cabeza en el Patronato e influir en el Concurso y en sus dineros, esos juntaletras de medio pelo que no esperan siquiera a pisar el escenario para lanzar sus quejas; toda esa fauna carnavalesca está obligada a un examen de conciencia si de verdad alguna vez quiso esta Fiesta. Porque hoy la están dejando morir.

Ayer fueron Aragón y los Márquez Mateo, pero antier fue Martínez Ares y tampoco se dejarán ver en este COAC el Love, el Sheriff, Gago o Quiñones, este último en defensa de su clasicismo, como si éste fuese incompatible con el nuevo aire que, necesariamente, invade la comparsa y cualquier orden de la vida.

La senda está marcada y mañana podrían recorrerla el Selu y algún otro. Y Cádiz no debería seguir cruzada de brazos. Esto engancha en Andalucía y cada vez más en España. Madrid podría ver un filón en esta forma de entender el Carnaval. Por ello debe abrirse y cruzar el puente Carranza, no ya para que entre el dinero sino incluso para sobrevivir. Ayuntamiento, Patronato... Arreglar un concurso viciado es imprescindible para que las mejores veladas sean en el Falla aunque haya muchísimas más fuera de él. Los autores han hallado fuera la parte de la tarta que allí se le niega y no darán marcha atrás.

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