DE CERCA

Pablo Simón: “Y en el último carnaval me disfracé de geisha”

  • Es el politólogo de referencia en nuestro país. Riojano de nacimiento, sus raíces maternas están en Cádiz y se ha convertido en un incondicional del carnaval

Pablo Simón, durante su entrevista para ‘Diario de Cádiz’ Pablo Simón, durante su entrevista para ‘Diario de Cádiz’

Pablo Simón, durante su entrevista para ‘Diario de Cádiz’ / Lourdes de Vicente (Cádiz)

Pablo Simón es el Pepito Grillo de este país. Este joven profesor de Ciencias Políticas es obligado en las tertulias en un periodo convulso de nuestra política. Y lo es porque es de los pocos que no tiene bufanda de juligan. Analiza las jugadas observando a los políticos como los entomólogos analizan los insectos. “No conozco ningún veterinario que quiera ser un animal”, explica cuando le dicen si su ambición es el salto a la política.

–Los politólogos se hacen famosos en España. Qué cosas pasan. Parecemos Francia. Y usted es el más famoso.

–Bueno, es una fama relativa, la que te da la presencia en los medios. Más conocidos que famosos. Se debe a que existe una demanda. Desde 2014 España es un no parar en el terreno político y existe una nueva escuela de politólogos más abierta que son buenos pornógrafos. Se trata de desnudar lo que pasa, hacer diagnósticos. Como opinadores no valemos gran cosa. Somos como cualquier otro, no deja de ser una opinión más, pero sí tenemos un valor añadido, contamos con elementos de juicio que los periodistas no manejan.

–Es riojano, pero tiene una estrecha relación con Cádiz.

–Toda mi familia materna es de aquí, de Puerto Real. Mi padre es riojano, pero vioo aquí a estudiar delineación en Las Canteras. Aquí conoció a mi madre y ella se fue para allá. Con la crisis, ha habido un segundo éxodo de mi familia de aquí porque, claro, no hay trabajo. Es una zona que no acaba de despegar y no lo entiendo.

–En cualquier caso, usted es un asiduo.

–Aunque mi familia viva allí tenemos en casa en Puerto Real y yo me he vinculado mucho a Cádiz con el Carnaval, me he ido enganchando. Estuve en la final del Falla este año y me pareció grandioso. Feliz como un niño chico. Yo en política no me mojo, pero en Carnaval soy del Selu, en eso soy muy convencional.

–No le veo a usted de carnavales, tan serio, tan didáctico.

–Ya, ya sé que no va con mi pose, pero hace años que disfruto mucho del carnaval en la calle, de las callejeras. En el último me disfracé de geisha. Iba muy aparente.

–Jojojo... Eso es grande. El gran analista político de nuestro país vestido de geisha.

–Pues además vinimos con unos amigos de despedida de soltero y lo pasamos en grande. Es verdad que se está convirtiendo un poco en los sanfermines del sur y cada vez es una fiesta más masiva, pero no tiene competencia en el calendario en un periodo que, además, uno tiende a la depresión. El carnaval no está contraprogramado. Es un gran activo de Cádiz. Y yo nunca he visto altercados, aunque eso es un precario equilibrio con la masificación. En fin, es la visión de fuera. Es posible que en Cádiz no se vea de la misma manera. Pero de cara al exterior su cartel es de continuidad.

Vox se parece más al Frente Nacional de Le Pen padre que al de Le Pen hija. De momento, no crecerá por la izquierda”

–Ese hombre vestido de geisha se transforma en un hombre paciente en las tertulias entre periodistas juligans.

–Eso es práctica y autocontrol y no entrar en las refriegas entre periodistas, que algunos se exaltan o simplemente están ahí porque están a sueldo de los partidos y se ganan su sueldo. El politólogo sólo habla cuando se le pregunta. Si el tema que sale es el de violencia de género, pues entonces yo no soy un experto. Puedo decir lo que opino, pero mi opinión es como la de cualquier otro. No sabemos de eso. Callamos porque somos presos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios. Aprendes a esquivar el cuerpo a cuerpo.

–Alguna vez le habrán sacado de sus casillas. En la televisión espectáculo se juega a eso.

–A veces salgo descontento porque no logro expresar correctamente una buena idea. Hay que saber medir los tiempos. Te tienes que explicar en veinte segundos en televisión y en minuto y medio en la radio. Tenemos la ventaja de que damos clase y eso nos da un entrenamiento en oratoria. Pero la televisión o la radio no es una clase donde se pueden matizar las ideas. Enfadarme con los demás lo hago pocas veces. Una vez un periodista veterano me dijo que los jóvenes no entendíamos lo que significó la Trancisión y sí que me molestó, era un comentario paternalista. Ante eso soy muy reactivo.

–Dentro de lo que cabe, a ustedes no los masacran por twitter. O un poco menos.

–A ver, Twitter es un antro con pretensiones. Es útil para intercambiar información, pero también el lugar al que muchos acuden a desahogarse con figuras públicas. En el linchamiento ordinario uno debe de pensar que si hay dos mil que están atacándote, lo que tienes que pensar es que hay otros cien mil que están escuchando lo que dices. Pero es cierto, nosotros los politólogos no somos los más atacados. No hablamos de lo que es ni de lo que debería ser, sino el por qué creemos que es.

–Figúrese a Maquiavelo bregando con todo esto.

–Maquiavelo escribió El Príncipe y sus discursos en la más absoluta tranquilidad del exilio. Era un político frustrado.

Podemos nació como un partido ‘antiestablishment’ que ha pasado del populismo al postcomunismo”

–¿No son ustedes políticos frustrados?

–Yo tenía una frase que en su día me parecía acertada: Un veterinario no está frustrado por no ser un animal. Luego vinieron los de Podemos y me fastidiaron la frase. Los politólogos no solemos ser buenos políticos. La política requiere un poco de maldad, saber tejer alianzas y conocer bien la gestión de lo público. Si vienes de la ciencia política, no sueles conocer cómo funciona el día a día de lo público. Pero, en resumen, un buen político necesita pasión, responsabilidad y mesura. Eso lo puede tener un politólogo o cualquier otro, pero hay pocos que lo tengan.

–Va por la cuarta edición de su tratado político, lo que ya es mérito. Su guiño a Maquiavelo es prístino: “El príncipe moderno”. Pero usted no está ni exiliado ni aislado.

–Es que es un libro que ha ido saliendo tras cuatro años con conversaciones con periodistas y esto permite indagar a la ciencia política y crear una guía, una herramienta. Nos preguntábamos en 2016 si habría Gobierno y ahora nos preguntamos lo mismo. Esto nos permite crear unas pautas desde un punto de vista puramente científico sobre lo que sucede.

–No seré yo quien le pregunte si habrá Gobierno en septiembre.

–Pero esto es muy sencillo. Las cartas ya están repartidas. Algunos quieren repartir otra vez las cartas, pero nada va a cambiar radicalmente. El panorama político es el que es y sobre él hay que trabajar. Es como el chiste aquel qué decía que cómo metes a cuatro elefantes en un seiscientos. Pues dos delante y dos detrás. Bien, pues hay cinco elefantes. No caben.

–El politólogo aficionado que todos llevamos dentro me dice que existe cierta pulsión de los dos líderes de los partidos tradicionales por cargarse a los novatos.

–Los grandes partidos son los que han sobrevivido a sus fundadores. Eso es lo que tendrán que demostrar los partidos nuevos, que han ido tendiendo a una mayor concentración en torno a su líder y eliminando cualquier contestación interna. El análisis no es desacertado. El electorado, piensan los dos partidos tradicionales, puede llegar a pensar que para qué sirven estos partidos nuevos si no se puede gobernar con ellos.

–En su libro hay un interesante análisis sobre el funcionamiento de la extrema derecha europea y Vox, en ese sentido, parece una extrema derecha un poco antigua.

–Porque ha salido después. Vox es un partido tradicional de derecha radical populista. Pero es más parecido al Frente Nacional de Le Pen padre que a Le Pen hija. Vox es ultraliberal en lo económico, con un fuerte componente católico y duro con la inmigración. La extrema derecha europea de segunda ola, ya sea en Francia o Italia, ha incluido en lo económico un guiño a las clases populares y siguen siendo muy tradicionales en lo cultural, pero toman el mensaje de la izquierda de la redistribución, aunque sólo sea para los que son del país. Esto les permite crecer en un caladero votos que era de la izquierda. La ultraderecha exitosa bebe de la izquierda tradicional. Vox sólo puede crecer en el ala más radical de la derecha, por lo que habrá que ver si evoluciona hacia la extrema derecha europea o se queda como un partido residual. Pero no, ahora mismo no tiene que ver con los grandes partidos de la extrema derecha europea.

–Y como veterinario que es, ¿cómo ve al animal Podemos, que cuenta con tanto ex veterinarios?

–Evidentemente, Podemos es un experimento muy interesante que nace de la canalización de un malestar económico. Nació como un partido antiestablihment y ha evolucionado del populismo al post comunismo. La tesis derrotada en Vistalegre II fue la de Errejón, que decía que la verdad circula y hay que atraparla. Lo que triunfa en Podemos es “la verdad es y yo te la voy a contar”.La diferencia es notable porque el Podemos movimiento, transversal en su origen, se ideologiza y acaba aceptando su papel secundario, pero también es cierto es que su nicho político está creado.

–¿Todas estas reflexiones sirven para mucho tiempo?

–Los ciclos políticos ahora son muy cortos. Los análisis son correctos, pero tienen una caducidad muy próxima. Como profesor, cada año recibo a chavales de 18 años de primer curso y ellos no saben lo que es el bipartidismo. No lo conciben. La conciencia política nace entre los 18 y los 24 años y ellos no han conocido ese periodo de intercambio de papeles de sólo dos grandes partidos.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios