Entrevista De Cerca | Ángel Flores Pariente. Cámara de TVE “Mucha gente pagaría por estar en los sitios en los que he estado”

  • Este hombre residente en Cádiz ha sido testigo directo con su cámara de los principales eventos en los últimos 50 años en España y se considera “millonario en vivencias”

Ángel Flores posa en el Paseo Marítimo de Cádiz.

Ángel Flores posa en el Paseo Marítimo de Cádiz. / Lourdes de Vicente

Desde que entró en 1966 en TelevisiónEspañola como cámara, Ángel Flores Pariente (Valencia, 1947) ha estado presente en los principales eventos que ha habido desde entonces en España o en los que ha participado el país en el extranjero hasta que en 2007 se prejubiló en el ente público. Los discursos televisados de Franco, los de Juan Carlos I, el entierro del dictador, las bodas reales, el 23-F en el mismo Congreso, mundiales, finales de Champions, conciertos, Vueltas a España, Juegos Olímpicos, cientos de partidos de fútbol y otros deportes, conciertos. Muchas de las imágenes que podemos ver han salido del trabajo de este hombre criado en Madrid desde los cuatro años y que se ha retirado en Cádiz ya que hace muchos años se casó con una gaditana tras conocerla al cubrir un Trofeo Carranza.

–Su historia será para escribir un libro.

–Cantidad de veces me lo han dicho y no sé si al final lo voy a hacer pero hay mucho tema para contar y muchas anécdotas. Nunca es tarde para escribirlo.

–¿Se siente un privilegiado por haber sido testigo directo de gran parte de los acontecimientos que se han producido en España en los últimos 50 años?

–Me siento un privilegiado totalmente, no sólo por haber estado en los eventos principales, sino por haber estado en muchas cosas que la inmensa mayoría de las personas no pueden estar, tengan el nivel que tengan. No hay manera de estar en todos los sitios y tocar todos los deportes, todos los eventos, toda la música. La gente puede mirar los trabajos que han tenido, y muchos han sido buenos y han triunfado y ganado dinero pero no han podido estar en sitios que muchos hubieran pagado por estar. Por ejemplo en la Conferencia de Paz en Madrid en 1991 junto al entonces presidente de los Estados Unidos, George Bush padre o Gorbachov como yo tuve la oportunidad. Ni siquiera periodistas acreditados pudieron estar donde me encontraba yo. Y así en la mayoría de las cosas. Siempre digo que mi frase favorita es una de Jean Paul Sartre que dice “el recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados”.

–Habrá visto de todo.

–De todo. Entre bambalinas he visto cantidad de anécdotas que la gente no sabe. Sin dar nombres, por ejemplo, el problema de una artista o de un cantante que está indispuesto y no pude salir al escenario porque ha tomado algo indebido y tiene que salir a lo justo y tienes problemas. Tú con la cámara ves, oyes y callas.

–O sea, un poco el lema de la gente de la hostelería y los camareros, que su virtud es la discreción, la casi invisibilidad.

–Efectivamente. Somos el ojo que lo ve pero no puedes opinar ni antes ni después. Otra circunstancia que se daba en nosotros es que tenía que saber y conocer qué era lo que iba a retransmitir y grabar, de qué va el tema, quiénes son los protagonistas. En las retransmisiones con varias cámaras te pueden decir, saca fulano o a mengano, etcétera. Yo me preocupaba por enterarme quiénes eran los entrenadores o los padres que estaban en la grada y por eso también era muy valorado.

–Será casi imposible que pueda elegir un evento, pero ¿hay algo que especialmente le haya hecho ilusión retransmitir?

–Me hizo mucha ilusión dos eventos. Uno, los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 y después el Mundial de fútbol de 1994 con el viaje de casi un mes gracias a la selección española. Ahí pudimos tocar las principales ciudades de Estados Unidos. Nuestra sede estaba en Chicago y después jugó en Boston, Dallas, etcétera. Y cuando nos eliminaron, éramos tres cámaras para la personalización y pidieron uno para la final a Los Ángeles y me ofrecí voluntario para aquel partido de Brasil-Italia.

–Usted ha grabado varios mensajes televisados de Franco. ¿Imponía el dictador en persona?

–No mucho, la verdad. Más que imponer la personalidad o la presencia de Franco, imponía lo que estaba alrededor de él. Había una corte de personas que te imponía miedo y respeto y cualquier cosa que hiciera me iban a coger. El jefe de la casa civil, Fernando Fuertes de Villavicencio, me hizo hasta afeitarme una barba incipiente que tenía. Me dijo, “tú mañana no vienes con barba”. Yo era muy joven pero el realizador Ramón Díez me puso una cámara solo en el balcón de la plaza de Oriente para el saludo que hacía todos los años al público allí. Ya se puede decir pero esa corte le hacía un gran peloteo. Cuando le grabábamos el discurso, teníamos que cortar porque se equivocaba y le decían , “no importa, excelencia, si es que no valía, estaba estropeado el vídeo. Repita usted que no importa”. Era todo muy envolvente.En cambio el Rey emérito era muy asequible y campechano. En el discurso navideño hubo una vez que estaba jugando con nuestras cámaras el entonces Príncipe Felipe, que tendría 11 años, y le pegó un silbido y le dijo que se tenía que ir para arriba.

–¿Y el momento en el que más miedo ha pasado ha sido en el 23-F cuando estaba grabando para TVE la sesión parlamentaria?

–Sí, porque es una cosa que no controlas. Sabes cómo ha empezado pero no sabes cómo va a acabar. Coges en el cuerpo una sensación de incertidumbre tremendo y eso te ponía nervioso.

–Su relación con Cádiz vino a través del Trofeo Carranza que derivó posteriormente en una relación con la que es aún hoy en día todavía su mujer. ¿Qué es lo que le atrae de esta ciudad?

–Siempre he dicho que es una ciudad de juguete. Es muy especial, peculiar, es una islita que tiene de todo, su gente es genial, tiene otra manera de ser y pensar. A nivel familiar sigue existiendo una protección. Mi mujer ha tenido suerte de que a pesar de todos mis viajes no había mes que no apareciera por aquí con ella porque venía aquí bien para las motos, la feria de Jerez, el Carranza o incluso la Feria de Sevilla. Era su compensación.

"Franco no imponía mucho en persona. Lo hacía toda la corte que tenía a su alrededor que imponía miedo y respeto”

–Usted tiene una trayectoria increíble pero hay algo que no haya hecho y que le hubiera gustado grabar o retransmitir?

–Pues le va a sorprender, los carnavales de Cádiz. Mira que tenía un compañero mío de cámara que entró conmigo que se hizo realizador y se vino al centro regional de Sevilla. La final, las preliminares y demás la hacía TVE. Mi mujer no paraba de decir, que me cambiara aquí a Sevilla pero yo no iba a tener mucha salida. No conseguí nunca que me llevaran a hacer el Carnaval en el Teatro Falla y esa es una espinita que me hubiera gustado sacarme. Tampoco una Semana Santa en Cádiz. He hecho las de Sevilla, Cuenca, Valladolid... pero en Cádiz no. Eso sí, los Carranza eran míos. Estaba en Argentina y quedaban cuatro días y llamaba y decía que me apuntaran para cubrirlos. Jugaba mi cuñado, Amarillo, que se casó con Manuela, la hermana de mi mujer. Le sacaba los mejores planos (se ríe).

–Usted estuvo también en los Juegos Olímpicos y en la ceremonia de inauguración. Cuéntenos. ¿La flecha que tenía que encender el pebetero cayó realmente dentro?

–Pasó por encima la flecha pero con la perspectiva de la cámara es como si hubiera caído dentro. Fue un éxito pero siguió su curso por detrás. Pero el efecto fue perfecto.

–¿Y estaba preparado ese plan B por si fallaba?

–Sí, nadie pensaba que iba a caer perfectamente dentro. La cámara estaba baja para dar el efecto de que caía dentro.

–Acabó de operador de cámara casi de casualidad.

–Efectivamente. Después de acabar el Bachillerato mi padre quería que siguiera o que me pusiera a trabajar. Hice un cursillo del PPO de radio y televisión de seis meses y al acabar nos contrataron en la fábrica de Telefunken en la cadena. Estando allí salieron 17 plazas de auxiliar de televisión para TVE. Mi padre me dijo que me presentara y fuimos a examinarnos 400 personas y saqué una de las plazas. Cuando fuimos a TVE había que repartir las plazas de puesto de auxiliar de servicios técnicos. El jefe empezó diciendo que necesitaba cinco de sonidos y se escogía, después dos cámaras y ese día fue crucial en mi vida. Yo dije que mi padre era operador cinematográfico, que en verdad significaba que era proyeccionista de un cine pero pensarían que estaba rodando películas y por eso me metieron como cámara. El resto para vídeo. Fíjate qué diferencia de carrera el haber entrado con una función u otra.

"La flecha del pebetero de Barcelona no cayó dentro pero con la perspectiva de la cámara lo pareció”

–Cada vez que vemos una imagen de la capilla ardiente de Franco, por ejemplo, sabemos que fue usted quien las grabó.

–Estuve dos días en el velatorio frente por frente al féretro sacando el mismo y como referencia la persona que iba a saludar la despedida, hasta que el último día nos mandaron ya al entierro. El de Carrero Blanco también fue muy íntimo Un día de lluvia veníamos de hacer un partido en Coruña y nada más llegar nos mandaron al equipo a hacer el entierro en el Pardo. Era un día lóbrego, casi de noche.

–¿Y las bodas reales?

–Primero fue la de Sevilla con Elena y con Pilar Miró. Ella siempre tuvo predilección por mí y me dijo que iba a ser un gran cámara. Fui uno de los operadores que eligió para hacer planos de los anillos y después también en la de Cristina en Barcelona. Y luego ya en 2004 fue la del actual Rey que ya no estaba Pilar Miró. La anécdota es que unos meses antes de que se casara el entonces Príncipe, fue la entrega de los despachos para los jueces y ahí no pudo ir el Rey y fue el Príncipe. Mi hija era una de las que recibía este despacho. A la salida en el ágape en el hall estaba mi mujer y también mi madre y esta quería saludarlo. Mi mujer con su desparpajo de Cádiz le dijo que quería presentarle a su suegra. Él preguntó que quiénes éramos y ella dijo que acababa de entregarle el despacho a la hija y como yo estaba al lado, le comentó que yo lo iba a casar, como si fuera a ser el cura (se ríe).

–¿Saber que estaba retransmitiendo eventos que estaban viendo millones de personas, le creaba presión porque si fallaba podría liarla?

–Claro que sí te creaba presión. Igual que muchas veces lo hacías con toda tranquilidad, en ciertos momentos tienes tensión. No sé qué pasó en un plano que dudé en la boda de Elena porque estaba un poco nervioso y me dijo Pilar Miró que estuviera tranquilo y que no le extrañaba que estuviera aterrorizado. Eso era riguroso directo y lo que hiciera iba a salir. Antes se le daba mucha importancia a cualquier movimiento erróneo y eso se interpretaba como un desastre.

–¿Qué fue lo último que hizo?

–Un mitin de atletismo en Jerez. Incluso pedí un hotel porque el día antes hicimos una despedida y comimos unas gambitas y una cena. En el hotel por la noche lloré porque sabía que era mi última retransmisión.

–¿Echa de menos la profesión?

–Sigo soñando con el trabajo y siempre con la misma tónica. Que llegas tarde, que estás en un campo de fútbol , va a empezar y cuando voy hacia mi cámara, hay una reja y no puedes pasar. Es una gran angustia.

–¿Ve la tele con espíritu crítico?

–Eso lo hacía antes pero cada vez menos. Ahora ha mejorado mucho porque con tantos medios ves bastante calidad. No suelo criticar como al principio. Al inicio de mi jubilación nos llamábamos unos a otros y lo comentábamos. Ahora ya sólo te quedas con el acto en sí y el recuerdo de cuando lo hacía lo hacía yo.

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