Coronavirus en Cádiz

13 estudiantes: la resistencia del colegio mayor de la UCA

  • De los 86 colegiales queda un pequeño grupo confinado, con cuatro residentes extranjeras

  • El director se encerró con ellos desde el primer día

Uno de los estudiantes confinados recoge el almuerzo en el comedor del colegio mayor de la UCA. Uno de los estudiantes confinados recoge el almuerzo en el comedor del colegio mayor de la UCA.

Uno de los estudiantes confinados recoge el almuerzo en el comedor del colegio mayor de la UCA. / D.C.

El 12 de marzo el colegio mayor de la Universidad de Cádiz, el antiguo Beato Diego, frente al Parque Genovés, contaba con 86 residentes. Ahora solo quedan 13 colegiales, que se han mantenido confinados desde el principio junto al director, Ignacio Rosety, que como buen capitán no ha abandonado el barco. Cada estudiante tiene su historia. Hay cuatro extranjeras: una ucraniana, una turca y dos italianas. Una de las del país de la bota, Wea Di Cianni, estudia en Cádiz un doctorado de Física. Es del sur de Italia, de Cosenza, en la Calabria. Con las fronteras cerradas y su país como epicentro de la pandemia en Europa, no pudo trasladarse a su casa. Pero pone al mal tiempo buena cara. “Al principio fue un problema no poder irme, pero por suerte en el colegio mayor nos tratan muy bien. Esto es un confinamiento dorado en el que recibimos todo el apoyo que necesitamos”, confiesa. 

Su familia “entiende la situación” y se muestra tranquila “porque la primera vez que vine me acompañaron a ver el colegio y se quedaron muy contentos. No nos falta de nada y el director es muy amable y atento”. Wera dice encontrarse “acompañada” por los demás estudiantes a pesar de las distancias de seguridad que se mantienen en el colegio mayor. Y pasa las horas siguiendo online su formación para conseguir el doctorado. “Me viene bien porque así tengo menos tiempo para pensar”, admite. Para desconectar, un poco de ejercicio físico en el patio.

El resto de los colegiales son españoles. Alguno, hijo de sanitarios cuya familia ha entendido que iba a estar aquí más seguro. En el caso de Javier Artacho, un granadino que estudia cuarto de Medicina, sus padres y él coincidieron en que lo mejor era quedarse en Cádiz. “Fue una decisión bastante meditada. Al estar de prácticas en el Puerta del Mar y el hospital San Carlos, pensé que era una persona de riesgo y no era bueno irme a Granada porque mis padres son mayores”. Javier no ha pisado la calle desde entonces. Y en el colegio “no nos reunimos ni podemos tener un trato muy cercano, pero al menos nos sentimos acompañados”. Aunque la situación es especial, dice que “el colegio mayor es un buen sitio para estar. Y Manu, un cocinero muy bueno”.

El vicerrector de Cultura de la UCA, José María Pérez Monguió, explica que nada más decretarse el estado de alarma se envió a los colegiales “un mensaje tranquilizador. El colegio no se iba a cerrar y desde entonces están viviendo una situación de confinamiento como en cualquier hogar”. Desde la Universidad de Cádiz todo han sido facilidades. “En Semana Santa el colegio cierra siempre sus puertas, pero esta vez se ha mantenido abierto sin coste alguno para los residentes”, aclara. Lo mismo ha ocurrido con las comidas de los domingos, que no estaban incluidas en las mensualidades y el colegio mayor las está ofreciendo de manera gratuita a los 13 estudiantes. “Así evitamos que tengan que salir a comprar”, apunta Pérez Monguió.

En el colegio mayor se están aplicando “todas las medidas de seguridad posibles, con geles desinfectantes por todas las zonas. Hay dos turnos de comida y distancias entre los comensales. Y mantenemos los servicios esenciales de limpieza, atención permanente, comedor o vigilancia. El comedor se desinfecta entre turno y turno”, según el vicerrector. Los colegiales se ponen de acuerdo para hacer pedidos comunes a algún supermercado. “Las compras colectivas que realizan se desinfectan nada más llegar al colegio”, destaca. Y en contadas ocasiones uno de ellos sale a comprar algo que haga falta. A una farmacia, por ejemplo. Asimismo, se lleva un exhaustivo control de entradas y salidas.

Afirma además que “todos los estudiantes que se fueron no pueden regresar. No porque no queramos, es para preservar la seguridad de los que se han quedado. Podrán hacerlo cuando se levante el estado de alarma o se permita la movilidad”.

Pérez Monguió hace hincapié en el agradecimiento de la UCA al director del colegio mayor, Ignacio Rosety, que decidió confinarse junto a los estudiantes y allí sigue al pie del cañón, para resolver cualquier problema de los colegiales y en contacto directo con sis padres. “Ha sido un gran gesto por su parte y también destacamos la labor del resto del personal”, indica. Rosety, por su parte, señala que “tomamos la decisión desde el principio para dar apoyo a los colegiales y no cerrarles las puertas.

La actitud de ellos ayuda mucho, de gran responsabilidad en estas semanas. Solo tengo palabras de agradecimiento hacia ellos y hacia la UCA por su apoyo”. Porque dentro de la excepcionalidad, todo fluye “gracias al ambiente, que es muy bueno, y a la unión de todos los confinados”.

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