Análisis de la Universidad de Cádiz desde dentro

En boca de todos, en mano de pocos

  • La investigación, el I+D, reluce como clave de futuro en todos los discursos pero muere víctima de la burocracia l El sistema de publicaciones traba la competencia y la labor docente

Los investigadores de la Universidad de Cádiz Antonio Amores y Víctor Palacios, en su laboratorio. Los investigadores de la Universidad de Cádiz Antonio Amores y Víctor Palacios, en su laboratorio.

Los investigadores de la Universidad de Cádiz Antonio Amores y Víctor Palacios, en su laboratorio.

Transferencia. Es la palabra que más se utiliza en investigación académica. Hasta qué punto lo que uno hace, lo que uno estudia, llega a calar en la sociedad. Parece un concepto hundido entre otros muchos pero, realmente, es clave: ¿qué sentido tiene una universidad monacal, en la que el conocimiento no salga del claustro? La universidad es un producto social, y a la sociedad se debe. Aun así, en la mente de la mayoría, investigación suena a críptico: a algo que hacen unos señores en sus laboratorios y que no sé hasta qué punto puede afectarme.

Uno de los ejemplos más dinámicos, dentro de la universidad gaditana, en la aplicación práctica del conocimiento es el Departamento de Ingeniería Química y Tecnología de Alimentos de la Facultad de Ciencias. Su director, Víctor Palacios, ha coordinado investigaciones encaminadas a la elaboración del garum según receta romana (en colaboración con el departamento de Arqueología), de producción de escalas de sal, ha investigado en el desarrollo del palo cortado y colabora con bodegas Argüeso en la elaboración de nuevas tipologías de vino. Los proyectos del departamento han contado tanto con financiación pública como privada.

“Las empresas acuden a nosotros para intentar desarrollar el I+D, resolviendo problemas que puedan surgir. Tenemos que tener una capacidad de propuesta rápida. Desde el ámbito académico, nosotros sugerimos herramientas que pueden tener para implementarse –explica Palacios–. Muchas veces, desde la empresa no se tiene tiempo para pensar: es cierto que los árboles no te dejan ver el bosque. Con una visión más paisajística, por decir, puedes ordenar, puedes ir más allá del día y día y quizá lo que propones sirva de refresco para desarrollar ideas que muchas veces ya te dan los que trabajan en un ámbito determinado”.

Entre los últimos proyectos desarrollados por el departamento de Alimentación de la UCA, está la puesta en marcha de una línea de productos ecológicos para deportistas (zumos, cremas, etc. ), que será comercializada por el Grupo FG Fomento y Desarrollo Andaluz: “Había que desarrollar formulaciones para deportistas que fueran, además, atractivas y apetitosas. Es un trabajo que hemos realizado junto a nutricionistas porque no sabíamos qué tenían que aportar exactamente, claro”, comenta Palacios. También, dentro del Proyecto Valora, han contribuido en el propósito de recuperar el subproducto de la pesca, el tejido orgánico desechado, en nuggets y hamburguesas. En la misma línea, con el pescado de descarte han ido elaborando una salsa de pescado.

Recursos

“En Andalucía –continúa el investigador– tenemos una industria riquísima a nivel producción, pero muy pobre a nivel de elaboración. Ya es hora de cambiar eso: ese es el I+D que debería sustentarse. Tenemos los recursos aquí al lado, a diferencia de muchos países europeos, y podemos ser inteligentes y cuidadosos y echarle imaginación. Hacia ahí tenemos que canalizar el esfuerzo”.

El I+D es algo de lo que se habla mucho, que el discurso político tiene siempre en primera línea como propósito de enmienda pero que, a la hora de la verdad, se descuida. En 2018, según los datos hechos públicos, España sólo invirtió uno de cada dos euros de los que tenía presupuestados en I+D+i. En total, se quedaron criando telarañas casi cien millones de euros destinados a la investigación científica. En los presupuestos de 2018 de la UCA, el apartado de Investigación y Transferencia era el que mayor partida contemplaba –tras la inmensa hucha de financiación, plantilla y funcionamiento ordinario–: un total de 19.088.051 euros, sumando montantes recuperados de ejercicios anteriores. ¿Por qué todos los investigadores se quejan, entonces, de la precariedad absoluta en la que están sumidos?

El profesor Javier Benavente ha sido responsable del Departamento de Investigación de la UCA. Subraya que hace falta revisar con urgencia la nueva ley de contratos que se aplicó a las administraciones para servir de freno a las corruptelas: “Aplicado a la realidad, supone que en los proyectos a nivel nacional, de tres años que contemplas, tengas que pedir los contratos por dos, por ejemplo, porque sabes que uno lo vas a perder en burocracia”, comenta. “Luego, si presento un proyecto y no me gasto los fondos, algo bastante posible, por la ralentización que hablamos, lo tengo que devolver con intereses. Y los intereses del Ministerio no son los de mercado: son al 5%”.

"Si presento un proyecto y no me gasto los fondos, algo bastante posible, por la ralentización que hablamos, lo tengo que devolver con intereses"

Una vuelta de tuerca más al tema de la productividad lo ponen las publicaciones. Si te dedicas a cubrir el ritmo de publicaciones establecido, no llegas a la docencia; si te comprometes con la docencia, no llegas a las publicaciones. “Es un sistema en el que predomina la promoción del profesor, no la transmisión del conocimiento. Al final, Estados Unidos y Reino Unido han decidido mandar al sistema STM al carajo: que es cortar vínculos, al fin y al cabo, con los holandeses, con Elsevier –prosigue–. Hemos vivido una publiquitis aguda, que ha afectado también al mundo de las tesis: ¿qué tesis hoy en día supone un planteamiento respecto a paradigmas establecidos? Hace poco pusieron el ejemplo de un Premio Nobel de Química al que ninguna universidad hubiera podido contratar actualmente según su cv. ¿Por qué? Porque quizá sólo había escrito seis artículos en toda su carrera, pero seis artículos que habían supuesto un antes y un después".

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