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EL ALAMBIQUE

Enrique / Bartolomé

Víctor Unzueta

ENORME alegría me produjo el acuerdo tomado en la última Junta de Gobierno Local, aprobando la rotulación de diversas calles y paseos de nuestra ciudad con los nombres de destacados portuenses. Entre ellos, Víctor Unzueta Gabiola, buen amigo y mejor persona. Conozco a Víctor de siempre, según decían en casa había sido uno de los mejores amigos de mi tío Santiago Jiménez y sus hijas pertenecían a aquella amplia pandilla de amigos con la que me movía por El Puerto. Así las cosas un buen día, de la mano de otro gran amigo, ya fallecido, Félix de la Peña, me incorporé al comité local de UCD en el que estaba Víctor. Y a finales de los 70, en las primeras elecciones democráticas, el partido lo propone como candidato a la Alcaldía, elecciones que gana con amplitud, pero el resto (PSOE, PCA y PSA) le arrebatan democráticamente el lugar al que los portuenses le habían aupado. Con apenas 20 años y extraordinarias ganas de aprender, tuve la gran suerte de hallarme ante un ser humano con cualidades magistrales para enseñar lo esencial en la vida, serenidad y solidaridad, que en la distancia considero imprescindibles. Porque Víctor es para mi, algo más que un compañero de partido o un amigo. Significó el faro al que acudía, cuando el rumbo tenía perdido. Bien es verdad que no es sino con el tiempo cuando te das cuenta de todos esos detalles y cuando más valoras las aptitudes y habilidades de los demás. Vitocho, como le llama mi madre, siempre estuvo comprometido con El Puerto. Su temprano descubrimiento del mar le llevó a fundar en 1948 el Club Náutico. El talante de Víctor prevalece siempre. Su media sonrisa transmite elegancia, sosiego y tolerancia. Y su aspecto de buena persona es el fiel reflejo de su esmerada educación y su exquisito trato. Echo de menos aquellas tertulias en plena calle y sus consejos siempre acertados. Desde hace algunos años, refugiado en su casa de la Costa Oeste, apenas baja al centro. Recorre aquellos paradisíacos lugares que tanto disfrutó de pequeño frente a la Bahía. A la vuelta de la esquina, casi sin darse cuenta, en una de esas caminatas mirará al mar que tanto quiere y comprenderá lo mucho y bueno que ha dado a El Puerto. Que ahora le corresponde con la nominación de ese paseo, en el pretil de nuestra Bahía.

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