De poco un todo

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Suprema Felicidad

EEl recién creado Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo Venezolano es un hallazgo mayúsculo. Se ha estrenado con un éxito de dimensiones cósmicas, pues la Suprema Felicidad, no sé, pero los chistes han corrido por las redes sociales de todo el planeta. Algo es algo: la dicha empieza por una sonrisa, que falta nos hace. El Viceministerio para la Suprema Felicidad ya nos ha dado más alegrías que Cristóbal Montoro y Ana Mato juntos. Y más allá de las bromas, como anti estatista, me regocijo: una buena autoparodia vale más que cuarenta invectivas neoliberales o veinte desdenes ultraconservadores.

Además, al nuevo organismo público bolivariano le veo grandes posibilidades periodísticas, sobre todo. ¿No sería de mucho interés mandar allí un enviado especial? Que indagaría, para empezar, en el grado de felicidad -baja, media o suprema- de cada uno de los miembros del triunvirato directivo de la dicha, el ex diputado Rafael Ríos, el doctor Julio César Álvarez, ex médico del comandante Chávez, y el doctor Absalón Méndez, experto en seguridad social. Siendo los jefes, tendrán fácil predicar con el ejemplo. Y los funcionarios del Viceministerio, por funcionarios, tampoco deben de andar muy tristes. Pero el reportaje podría preguntarse luego por sus acciones en pro de la felicidad social del pueblo venezolano y seguir, minuto a minuto, sus progresos o no.

Quizá algunas medidas resultarán importables, pero, como mínimo, qué fantástica oportunidad para hacer literatura. Sería llevar al género de la crónica periodística el realismo mágico de un Gabriel García Márquez y el distopismo certero de un Orwell. Ahora que triunfa la no ficción, los facts y la objetividad, ¡qué filón este Viceministerio de la Suprema Felicidad para satisfacer a la vez al más exigente purista de la exactitud y al más soñador de los lectores clásicos!

Sin olvidar la metafísica. ¿Qué es la felicidad?, tendría que filosofar el cronista a cada paso. ¿O el Viceministerio de la Felicidad Suprema, a pesar de la frondosidad caribeña de su nombre, se resigna a una labor asistencial? Oye, ¿y la cumple? ¿Sirve de base para la búsqueda personal -mediante la inevitable iniciativa privada- de la felicidad de cada uno? Yo, por mí, puedo asegurar que, si me enviaran a Venezuela a escribir el reportaje, tendría una felicidad o una diversión prácticamente suprema. ¡Y se la debería al Viceministerio!

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