EL ALAMBIQUE

Enrique / Alcina

Silencio

SILENCIO. Mejor callarse. Estos días, entre tanta violencia y tantos embustes, en plena batalla entre pares, no se puede hablar. Silencio. Hay mujeres y hombres, progresistas y conservadores, blancos y negros, luces y sombras, memoria y olvido, agua y fuego. ¿No hay más? ¿Dónde están los matices? No hay matices. Silencio. Kramer contra Kramer. Dos españas intolerantes, dos sexos a la gresca, un par de razones para tirar palante, la diferencia reside en la igualdad, que apenas existe, y el silencio se apodera de todo, hasta que suena la música de la redención. Sin palabras. Entran ganas de hablar, eso sí, y rescatar del pozo de la incomunicación algunos detalles de ayer y hoy. Pintar un paisaje sentimental desprovisto de inmobiliarias, hipocresía, cargos de conciencia y cargos de desconfianza mutua, sueldos de quita y pon, asesores que moldean la realidad a su gusto, encuestas putrefactas, suspensiones de pago, alcohol por todas partes y la Feria al caer. Por la calle pasen trajes de gitana sin gente dentro, espectral imagen de la cultura de masas. Alcohol, accidentes de tráfico, malos tratos, brumas del silencio.

Busquen causas y factores, pregunten en la calle, hallarán las respuestas en el viento, o quizá de puertas adentro. Silencio. La gente habla en los foros y demuestra su intolerancia anónima, sus espectaculares faltas de ortografía. "Vusco travajo". ¿Con papeles o sin escrúpulos? En la consulta médica, una señora encopetada cuenta maravillas de la chica boliviana que trabaja en su mansión con vistas al mar. Educada, tierna, discreta, emprendedora. Raja Rajoy sobre la inmigración y sus votantes potenciales los contratan a plena dedicación. Silencio paradójico.

Otra mujer, la viuda de Alberti, merece unas palabritas más bellas que el silencio, por su audaz pregón carnavalesco. María Asunción, que no suele despertar grandes elogios ni cariños, lo bordó. Ironía, crítica, humor de ida y vuelta, clase y categoría. Hay quien piensa que Rafael sigue escribiendo a su antojo entre el cielo y el infierno, mientras persigue los ecos y las pisadas de la Arboleda Perdida, hoy en manos de Tecnoguasa.

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