Desde mi cierro

Pedro Mª González Tuero

San Abelardo

Y como la cosa va de obispos, me he atrevido a titular este artículo con el nombre de un santo. Precisamente, con el de la onomástica de hoy, en este sábado aún carnavalero y ya casi enterrado. Y qué mejor, después un miércoles de ceniza que anuncia el recogimiento, la oración, el silencio y otros achaques. Miércoles de ceniza tan tempranero, que dicen que ha sido de los más madrugadores desde hace muchísimos años.

Y como se habrá dado cuenta mi inteligente lector, sólo es pretexto o excusa por haber llamado así a mi escrito. Aunque, lo que no cabe la menor duda, es que san Abelardo fue un importantísimo personaje allá por el siglo doce y que su biografía hoy es digna de leer. Francés aunque de la Bretaña, fue un verdadero humanista que cultivó casi todas las ramas del saber, sin embargo, lo más significativo de este santo, fue el episodio que cuentan sobre su relación con Eloísa. Todo un ejemplo para los obispos de hoy. Dice la leyenda que Abelardo componía romances con un lenguaje sencillo que solazaban extraordinariamente a las damas, comenzando así su relación con la sobrina del canónigo de la catedral de París, Fulberto, que confió la educación de su sobrina al futuro santo. Enamorados, mantienen una relación secreta, quedando la joven embarazada, con el consiguiente escándalo propio y de su tío Fulberto. Abelardo decide secuestrar a su enamorada y contraer matrimonio secretamente, luego, su tío el canónigo lo difunde para paliar el honor de Eloísa. Cabreado Abelardo por esto, envía a la joven a un monasterio, y su tío despechado, manda a un criado al cuarto del futuro santo con el fin de castrarlo. La justicia sabedora del delito cometido, destierra a Fulberto, y Abelardo humillado, se esconde durante un tiempo en un convento, ordenando a su enamorada a hacerse monja en otro monasterio.

Así la antigua historia, en un día de este carnaval venido a menos, en esta Isla adormecida, carnaval otrora de esplendor y desparpajo, hoy escaso y poco atractivo, y no por culpa de Perulero, sino que aquí, como siempre, en este ayuntamiento partido, no hay un duro. Espero que hoy la plaza de las Vacas esté de bote en bote y mi amigo Perulero se alegre por ello.

Por esto, he tenido que escribir del santo, porque en esta mi Isla, hay poca cosa, a parte de la aprobación del Peprich, lo poco que llueve, la levantera que hace y que ya se pueden recoger las túnicas. La Isla de siempre. Amén.

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