Crónica personal

Pilar Cernuda

Rotundo No

EL No ha sido rotundo. Tan rotundo como fue en su momento la negativa a que el Plan Ibarretxe se debatiera en el Congreso de los Diputados, ocasión en la que Rubalcaba, entonces portavoz del grupo parlamentario socialista, pronunció uno de los discursos más sólidos y brillantes de los que se escucharon en la Cámara en la pasada legislatura. Luego llegaron las negociaciones nunca bien explicadas con ETA y las conversaciones de Loyola, en las que el PSE fue mucho más allá de lo que debería ir. ETA rompió mortalmente la tregua y Zapatero dio marcha atrás a su política respecto a ETA, respecto a ANV y respecto a la autodeterminación que defiende el llamado Plan Ibarretxe. Y ahora Zapatero se ha plantado ante el lehendakari, no ha habido veleidades políticas ni compadreos.

De nada ha servido el argumento de Ibarretxe de que en Loyola los socialistas estaban dispuestos a ir a donde él quiere ir, con la acusación de que acceden a lo que pretende una banda terrorista y no a lo que pretende un partido democrático como el PNV. Ni aun así ha doblegado la voluntad de Zapatero, que ha iniciado la legislatura presumiendo menos de talante y dando muestras de mayor decisión a la hora de defender determinados principios -ojalá dure, ojalá no estemos ante un nuevo engaño- en todo lo relacionado con la lucha contra ETA y sin hacer ningún tipo de concesiones a las exigencias de partidos nacionalistas que van más allá de lo que marca la Constitución. Todo lo contrario de lo que ocurrió en los años pasados, no sólo respecto al País Vasco, sino sobre todo en lo relacionado con el Estatuto catalán.

Ibarretxe ha salido de Moncloa como esperaba y como se esperaba, con un Zapatero firme como una barrera inexpugnable, fortalecido además en su posición porque sabe que cuenta con el apoyo de Rajoy para esa postura de firmeza, aparte de que cuenta con su apoyo para la pelea contra ETA. Pero que Ibarretxe salga de Moncloa como sabía que iba a salir, con las manos vacías, no significa que renuncie a seguir enredando: a pesar de las reticencias de Urkullu, sigue empeñado en convocar un referéndum y, si el partido no le apoya, cuenta con la posibilidad de adelantar las elecciones autonómicas e incluir en el programa electoral del PNV las propuestas de su polémico "plan", una forma de cuantificar el respaldo que tendría entre la población.

Siempre que él sea candidato, que está por ver. En este momento nadie lo pone en cuestión, pero de vez en cuando se escucha a personas cercanas a Urkullu expresar sus dudas respecto a la conveniencia de que Ibarretxe sea la cabeza de cartel. No solamente por su distanciamiento con Moncloa, sino también porque el PNV ha perdido 130.000 votos en las últimas elecciones, justificación más que suficiente para que los estrategas defiendan la necesidad de dar un giro a su política.

Ibarretxe habla de flexibilidad, afán constructivo, espíritu abierto y mano tendida, pero no se mueve ni un ápice de sus posiciones.

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