El vocablo peste es femenino. Así lo recoge el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua y así nos lo han enseñado a todos en los colegios, siempre un poquito mejor en los de pago que en los que llaman públicos, que parece que tienen apellido de retrete.

Bueno pues decía que "peste" es un término femenino y que nunca lo había escuchado masculinizado.

Hasta hace dos o tres días, cuando salí de misa de ocho de la tarde en el Carmen y por la bendita calle de Dios iba detrás de una pareja que llegaba tarde al concurso de agrupaciones del Falla. Uno le decía el otro:

- Hay que ver la peste que había anoche en el teatro ¿Es que la gente no se lava?

Y ese otro, respondió al instante:

--- Es verdad había "un" peste grandísimo.

Se pararon a comprar pipas en un puestecito y los adelanté. Y vaya tela lo mal que olían los dos.

¡Madre mía! ¿Cómo tiene que ser la peste del Falla cuando de ella se quejaban esos dos apestosos? Entonces pensé que en vez de ese palo con tiras de papel colgando, a quienes van al Falla hay que darles a cambio un jabón. Y habrá "un peste" más liviano. Aunque darles antes un manguerazo sería lo suyo.

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