Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Padrinos

UN concejal de la franquicia catalana de Izquierda Unida, candidato número uno al Congreso por Tarragona en las últimas elecciones generales, colocó un anuncio en su blog de corte independentista, para protestar por el déficit fiscal de su región. Luís Suñé considera, como los nacionalistas de CiU o los socialistas del PSC, que es un abuso la contribución de Cataluña a la solidaridad nacional. Y ha colgado en internet el anuncio de una campaña independentista, en inglés, para no mancharse con el castellano: el cartel, bajo el lema SOS Extremadura te necesita y la foto de dos niños harapientos y semidesnudos, tiene un letrero en catalán que invita a apadrinar a un niño extremeño por mil euros al mes, "porque no es suficiente con el 8,7% del PIB catalán".

Esta historia da para varias moralejas. Para empezar, basta con unos pocos Suñé para animar al personal a disminuir el déficit fiscal catalán por la vía rápida: si se venden menos productos catalanes, disminuirán sus ingresos y su contribución fiscal. Pero estas bromas xenófobas son armas de doble filo. Extremadura tiene poco comercio con Cataluña, es su quinto proveedor y su quinto cliente en el mercado español. Pero la balanza comercial bilateral fue favorable a Cataluña, en más de 280 millones de euros en 2005, unos 47.000 millones de pesetas. Lo que significa que es Extremadura la que tiene apadrinados a cientos de empresarios catalanes, que emplean a miles de trabajadores. Y todos ellos pagan sus impuestos en Cataluña.

Otro argumento que nos brinda este dirigente de la IU catalana es que 160 años después del Manifiesto Comunista, está muerto y enterrado el espíritu de su frase final: "Proletarios de todos los países, uníos". Suñé se convierte en un acólito del principio nacionalista de que el dinero de la Cataluña rica es para ella misma. Pero si damos por buena la tesis de que tributan los territorios y no los ciudadanos, y somos coherentes hasta el final, entonces dentro de Cataluña, deberán realizarse más inversiones en la provincia de Barcelona, que es la que más tributa. A continuación, será la capital el que reclame la principal atención de las administraciones y acto seguido serán los barrios de la clase alta barcelonesa los que exijan que sus servicios públicos sean los mejores. Una vez que se abre la caja de Pandora, ¿dónde termina el privilegio del territorio que más paga?

Nos quejamos de la falta de democracia interna de los partidos, pero cuando las marcas políticas no tienen una organización uniforme detrás, es mucho peor. Esta es la última moraleja: la franquicia de Izquierda Unida en el País Vasco apoya al plan nacionalista de un estado libre asociado. Y en Iniciativa por Cataluña Los Verdes aparecen personajes como Suñé. Esta variopinta coalición de fuerzas de izquierda no necesita un padrino, sino más bien un hada madrina.

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