Editorial

Occidente y Rusia: el final de un sueño

LOS ministros de Exteriores de la Alianza Atlántica se reúnen hoy en Bruselas para reexaminar las relaciones de la OTAN con Rusia a raíz de los sucesos de las últimas semanas en Georgia. Sea cual sea el resultado de la reunión, y más allá de que se adopten o no acuerdo concretos, resulta evidente que las relaciones entre Occidente y Moscú, que en las últimas décadas se han ido tejiendo puntada a puntada, han saltado por los aires. Al margen de la actuación censurable del presidente georgiano, Mijail Saakashvili, un hombre educado en Estados Unidos que siempre ha querido jugar el papel de punta de lanza de Occidente en el Cáucaso, la actuación rusa recuerda a tácticas utilizadas por la Alemania nazi al comienzo de la II Guerra Mundial e incluso por la Unión Soviética con lo que fueron sus países-satélites. Después de repartir decenas de miles de pasaportes rusos entre la población de Osetia del Sur y Abjazia, Moscú asegura ahora que se ha visto en la obligación de defender a sus conciudadanos del ataque georgiano. Como dice el diplomático norteamericano Richard Holbrooke, el hombre que logró la paz en los Balcanes, "Rusia quiere hacer retroceder los avances democráticos en sus fronteras, destruir cualquier posibilidad de ampliación de la OTAN y restablecer su esfera de hegemonía sobre sus vecinos". Moscú ha enviado el mensaje de que en el Cáucaso tener lazos estrechos con EEUU y Occidente no sirve de nada. Si a ello se une que el presidente ruso, Dimitri Medvedev, acaba de manifestar que el escudo antimisiles que Estados Unidos quiere establecer en Polonia y la República Checa está "directamente dirigido contra la Federación Rusa", no es de extrañar que numerosos analistas en política internacional consideren que el mundo se encuentra ante el momento geopolítico más tenso desde el colapso de la Unión Soviética en 1991. La crisis de Georgia tiene una consecuencia clara e indeseable: el final de la ilusión construida durante los últimos años sobre la posibilidad de un desarrollo pacífico en las relaciones Este-Oeste.

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