Última hora Trasmediterránea anuncia la salida del ferry para esta tarde. Cerca de un centenar de personas, atrapadas en el puerto

EL ALAMBIQUE

Enrique / Alcina

Huele mal

ALGO huele mal en El Puerto. Los contenedores de basura, desde luego. El desarrollo insostenible del reciclaje de mentiras en adobo. De punta a punta de la ciudad, la desidia camina de la mano del disloque. Por arte de birlibirloque, un pestazo de categoría, oiga. Huele mal la subvención al Portuense Privado, unos miles de billetes a cambio de una publicidad en las camisetas. El fantasma de Jesús Gil ríe a mandíbula batiente en el mismo infierno, ponen precio al chocolate del Lores, callos malayos pisoteados por la prisa, un dinero tirao, regalao, como las entradas del concierto de Julio Iglesias. Hey, ese lentísimo ayuntamiento ha inventado este verano el "protocuelo". Cienes, qué digo, miles de portuenses de gañote vil. Hay que ver la cantidad de compromisos que tiene esta gente. Entregaron tacos de veinte entradas por amigote. Lo sabe todo El Puerto, ¿a quién van a engañar? A la oposición, que sigue en Babia o debe favores taurinos. Julito, a lo mejor, devolvió el favor con alguna contribución especial o la compra de unas fincas o algo. Huele mal también en las alcantarillas del poder y del querer. En lo mejor del querer, hace falta valor, ven a la escuela de calor, y limpieza, urbana y humana. El Puerto está sucio, basta con mirar al cuelo y al suelo. ¿Dónde quedaron los impuestos deluxe que aplican sin pudor en el corazón de la Bahía? En el fondo del mar, matarile.

Huelen mal otras muchas cosas, como algunos planes urbanísticos o el esperado retorno de los guettos denunciados por Ramón Ruiz y Palmar de la Victoria. Huele fatal el supermercado de la droga, destino incierto de la ruta del papel de plata.

Si fuéramos mal pensados diríamos que la mafia desprende un tufillo indescriptible por estos contornos. Pero no conviene azuzar las úlceras duodenales, dos por una, o las más modestas hernias de hiato. Lo primero, una limpieza a fondo en los bajos fondos de las alturas más bajunas. Nada de fushfrish de ambientador barato. Con city bang bang se acabó el frotar.

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