Editorial

Golpe al chantaje

POR primera vez en la historia, un tribunal francés ha juzgado y condenado a 15 años de cárcel a tres miembros de la banda terrorista ETA por chantajear a un empresario y cobrarle el denominado impuesto revolucionario. Los etarras fueron capturados en Dax y llevaban un sobre con 144 billetes de 500 euros, fruto de la extorsión, y un papel con una clave alfanumérica para que ETA supiera identificar a la persona chantajeada en caso de que el comando tuviera dificultades por una hipotética alerta previa a la Policía. Asimismo, la inclusión del código en el escrito habría permitido a la banda vincularlo al nombre de su víctima si aparecía reproducido en los medios de comunicación o como prueba judicial a posteriori. Son los trucos de ETA para mantener el clima de terror entre los sometidos al impuesto. La captura y posterior enjuiciamiento de los etarras ha permitido, pues, conocer más detalles sobre el modus operandi del aparato de extorsión de los terroristas. Habitualmente éste concierta las entregas en sitios predeterminados allende la frontera con Francia o bien en herriko tabernas del País Vasco, en un ambiente bajo el sofocante dominio del mundo abertzale, por si el chantajeado tuviera dificultades para salir del país con un dinero de difícil justificación. La desfachatez del aparato de extorsión de ETA es tal que incluso llega a exigir "intereses de demora" a los empresarios que se retrasan en los pagos. La famosa operación Sokoa en Hendaya, uno de los mayores golpes policiales dados a la banda, permitió hallar entre el camuflaje de la falsa cooperativa de muebles que servía de cobijo a los etarras documentación reveladora de que ETA había recaudado por este método 1.200 millones de pesetas entre 1980 y 1986. Se estima que el flujo de ingresos derivados del chantaje asciende a aproximadamente un millón de euros anualmente, lo que permite a los terroristas mantener engrasados a los comandos que aún siguen operativos. La sentencia dictada demuestra que el Gobierno francés ha dejado de hacer la vista gorda sobre este tipo de prácticas mafiosas en su territorio y que Francia es cada vez menos santuario para ETA.

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