El Palillero

José Joaquín / león

Estrella fugaz

EL miércoles por la tarde conducía, tan tranquilo. Iba a la celebración de los 50.000 números del Diario en el Palacio de Congresos de Cádiz. Cuando enfilaba, dejando atrás Matagorda, el puente Carranza, vi en el cielo, a media altura, una estrella fugaz muy azul, del tamaño de un piñón, que, por la emoción del instante, me parecía del tamaño de un puño (de un corazón, pues). Caía en un descenso paradójico, brillando más y más, y mucho más hasta que se apagó. Seguro que algún lector la vio. Eran las ocho y cinco.

Recordé un viejo poema mío: "Mira: una estrella/ fugaz cruza la noche./ Pido un deseo./ Que su luz quede siempre/ palpitando en la página". Más que recordarlo, lo resentí, en el mejor sentido, ya que lo sentí de nuevo; y también me resentí en el peor sentido, porque la belleza de una estrella fugaz está hecha mitad de astro, mitad de muerte. ¡Qué pronto se apaga! ¡Quién pudiese salvarla! Todas las estrellas son pocas.

Acierta, como acostumbra, el saber popular, vinculando la visión de una estrella fugaz a una petición, porque el deseo de que dure un poco más nace al paso de su vuelo. La literatura -un pequeño poema entonces, este artículo ahora- hace lo que puede por sostener una estrella efímera en el firmamento.

Llegué a la celebración en modo lírico-melancólico. Lo que me sirvió para pensar en cuántas estrellas fugaces, quiero decir, cuántas vidas auténticas, se habrán conservado en los 50.000 números del periódico. La "Gacetilla" de Diego Joly, submarinista de la hemeroteca, nos lo demuestra. Y eso, amén de la libertad de expresión, de la información, del análisis y del servicio público, justifica un oficio. Fui en silencio sumando mi visión elegíaca a la alegría general por el número redondo.

Qué fortuna escribir aquí, entre mis convecinos, me dije. Yo iba solo en mi coche, pero a poco que algunos de ustedes también estuviesen (¿qué hay mejor que hacer?) mirando al cielo a esa hora, no nos costará contar con varios que viésemos la estrella fugaz y sentir como esos segundos en que la contemplamos se van sumando -unos tras otros- estirando la estela de la estrella. Y aún más. Porque entre aquellos que no la vieron, algunos la atisbarán aquí, entrelíneas, un instante, y aportarán su vislumbre… Y así esa estrella ahora sigue cayendo, sí, sigue uniendo segundos, cayendo paradójicamente, pues cada vez brilla un poco más y más. Estrella fugaz salvada.

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