La cornucopia

Gonzalo Figueroa

Daniel Barenboim

EL País publicó un extenso artículo de Daniel Barenboim, donde el músico cuenta con sencillez lo que ha sido su vida, expresando sus opiniones sobre la situación de su pueblo judío y comunicando vivencias que raramente los artistas desvelan. Desde la descripción de las peripecias que enfrentaron sus abuelos paternos, adolescentes judíos rusos que en 1904 huyeron de las persecuciones en su país de origen, estableciéndose en Argentina, hasta los comienzos del joven músico en Israel, adonde su familia emigró cuando él sólo contaba con nueve años, el relato prodiga una inocente sinceridad.

La decisión de sus abuelos y de sus padres de instalarse en Israel no tenía, a pesar del ferviente semitismo de su abuela, ningún contenido sionista, ya que "la Tierra Santa no tenía importancia, hasta que descubrieron mi talento musical. De repente, para mis padres cobró importancia que yo, en mi calidad de futuro artista, debía crecer dentro de una mayoría y no de una minoría ubicada en algún punto de la diáspora judía. Se podría decir que la convicción de que la normalidad sería un elemento fundamental para mi desarrollo intelectual avivó aún más el sionismo de mi abuela…".

Resulta imposible resumir aquí las experiencias de su juventud en el nuevo Estado judío, todas ellas consecuencia de su doble formación en lo puramente educacional, como en lo musical. Sus iniciales atisbos de la realidad del sufrimiento judío en la época nazi, su adaptación en la escuela considerando las dificultades del idioma, su aprendizaje del fútbol en las calles de Tel Aviv, su incorporación a un movimiento juvenil donde con sus compañeros "menospreciábamos a los hombres con bigote y a las chicas de labios pintados", sus admirados contactos con Ben Gurión, y todo salpicado de giras artísticas por toda Europa.

Al terminar, afianza ejemplarmente su moderación y su pactismo frente al conflicto palestino: "¿Qué ha ocurrido con la famosa inteligencia judía?... ¿Por qué se sigue alimentando el odio en la franja de Gaza? Nunca podrá haber una solución militar, porque dos pueblos luchan por una sola tierra…me enloquece comprobar hasta dónde podemos llegar cada día los judíos con nuestras injusticias y lo mucho que ponemos en peligro la futura existencia de Israel". Y concluye diciendo: "¿Qué es lo que me da esperanza? Hacer música. Porque ante una sinfonía de Beethoven, el Don Giovanni de Mozart o Tristán e Isolda de Wagner, todos los seres humanos son iguales".

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