Bajo un cielo generador

  • Creación y destrucción celeste protagonizan la nueva exposición de Guillermo Mora que acoge el ECCO

Salvo para unos pocos - más bien para uno solamente pero con espurios intereses conocidos por todos - el transcurrir del Espacio de Creación Contemporáneo de Cádiz, con sus problemas y sus no excesivas comprensiones sobre lo que allí se presentaba, ha sido valiente, riguroso y absolutamente acertado. Su puesta en escena, en tan compleja plaza como es la capital gaditana y con tan esquivos protegonistas de un arte donde casi todos creen estar en posesión de la verdad y donde, con tan gratuita facilidad, se critica todo y a todos, ha sido, también, altamente satisfactoria y comparable a muchas de las programaciones que existen en otros Centros de Arte Conteporáneos. Nos consta que Lorena Benot ha lidiado enconadamente en mil frentes para conseguir que las estancias del antiguo espacio cuartelario estuviesen llenas de contenido. La plástica actual no es plato del gusto de todos - todo lo contrario - y los paladares de los gobernantes están acostumbrados a sabores menos sofisticados, cuando no de marcado interés tradicional. Convencer a unos y a otros de que para amar a la nueva cocina hay que, al menos, comerla, no es fácil. Y la directora del ECCO ha tenido mucho que cocinar y mucho que convencer para que se probaran los platos, con objeto de que el Arte más avanzado tuviese una consideración. Por eso es digno de destacar la labor de Lorena Benot al frente de una institución importante y necesaria para una creación absolutamente necesitada de propuestas y argumentaciones.

En los últimos meses, el Centro de Arte que se encuentra en el Paseo Carlos III de Cádiz, ha acogido - además de la permanente con la obra sobre El Valle de los Caídos de los Costus - cuatro exposiciones de máximo interés, la del gaditano Arsenio Rodríguez, que continúa creciendo en el patio del ECCO y aumentando su particularísimo contenido relizado conjuntamente con material reciclado, la de la artista multidisciplinar madrileña Almudena Lobera, la del, también, gaditano Alejandro Botubol y esta que, ahora, nos ocupa, de Guillermo Mora, uno de los artistas jóvenes españoles con mayor proyección - más bien habría que decir, de absoluta realidad artística -. Este autor, nacido en Alcalá de Henares, en 1980, cuenta con un brillante historial curtido y prestigiado con las becas del Instituto de Arte de Chicago, la de la Fundación La Caixa, la de permanencia en la Real Academia de España en Roma, los premios de Caja Madrid y el Audemars Piguet en ARCO 2014, habiendo sido, recientemente, uno de los treinta artistas elegidos por el Jurado de Expertos - Guillermo Solana, Fernando Francés, Juan Antonio Álvarez Reyes, Laura Revuelta, Elisa Hernando y María Eugenia Álvarez - para participar en el Primer Premio de Pintura Pepe Estévez, presentado con todas las bendiciones artísticas y sociales en la última edición de ARCO.

La muestra se presenta en las naves 7 y 8 del ECCO que se han convertido en bóvedas celestes desde donde el cielo se estrella contra el suelo en una serie de formas azules que sucumben a una nueva realidad. El artista ha titulado la exposición Cae el cielo y, metafóricamente, nos hace transitar entre dos extremos perfectamente opuestos, la destrucción y la construcción, lo que muere y lo que vuelve a nacer; el cielo se destruye y cae en trozos para ir regenerando estados y formas que hacen presagiar un nuevo ejercicio existencial. La especial disposición de las dos salas ha permitido al artista madrileño crear obras para el propio espacio, piezas que se estructuran en una articulación nueva, que se pliegan, se descuelgan, se expanden, parecen componerse como un hipotético mecano que despliega sus piezas hasta generar una nueva realidad articulada para crear inquietud, expectación y estado de emoción. Piezas que transcurren en los límites de la escultura, la pintura y la instalación. Formas que describen un espacio nuevo donde habita una realidad presentida, extraída desde esa hipotética destrucción que sucumbe para volver a nacer y crear una nueva dimensión. Metáfora de una existencia que puede extenderse al propio proceso creativo, ese que rompe el espacio pictórico y se adentra por una escultura que configura un nuevo espacio.

El Espacio de Creación Contemporáneo de Cádiz hace honor a su nombre y se convierte en un auténtico laboratorio donde el arte asume su absoluta potestad generadora.

GUILLERMO MORA

ECCO CÁDIZ

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