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La mercería San Francisco dice adiós

  • La subida del alquiler provoca el cierre de otro negocio señero, inaugurado en septiembre de 1985

El escaparate de la Mercería San Francisco con los carteles que anuncian el cierre. El escaparate de la Mercería San Francisco con los carteles que anuncian el cierre.

El escaparate de la Mercería San Francisco con los carteles que anuncian el cierre. / joaquín hernández 'kiki'

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En plena campaña de Reyes el comercio gaditano trae una mala noticia: el adiós de un establacimiento señero. La mercería San Francisco, arriba, al final de la calle del mismo nombre, luce en su escaparate el cartel de liquidación por cierre. La causa, por desgracia ya archiconocida a través de casos similares, no es otra que el elevado coste del alquiler después de un nuevo contrato firmado con la propiedad hace tres años, para un negocio que lleva abierto desde septiembre de 1985. "Tenemos que cerrar por causas de fuerza mayor. Nos suben un 10 por ciento anualmente y son más los gastos que las ventas", señalaba ayer José Antonio Sánchez, fundador de la mercería junto a su mujer, Ana García. Ambos la han regentado hasta jubilarse y es ahora su hija Ana María la que lleva las riendas. Decía José Antonio que intentaron comprar el local y también frenar esta subida, pero no ha sido posible. "Casi se ha duplicado el coste del alquiler mensual. Haciendo cuentas, no hay manera de verle color", explicaba.

"Las ventas no son tan altas aunque pueda parecerlo por estar en una zona comercial", apuntaba Ana María. Lleva en la mercería desde los 15 años, cuando abrieron sus padres. "Toda una vida. Ahora me quedo en el paro. Espero, con mi experiencia, encontrar algo", señaló.

Los clientes, principalmente los de toda la vida, "no se lo creen y están muy disgustados, pero no podemos hacer otra cosa", comentaba Ana María. Estos días están acudiendo en masa para aprovechar las ofertas. "Tenemos género que liquidar para estar aquí al menos hasta Semana Santa", reconocía José Antonio Sánchez.

Botones, bobinas de hilo, patucas, cintas, complementos para hermandades y cofradías... Una historia detrás de un mostrador. Otra baja en el comercio tradicional. Nadie para esta sangría en un casco histórico cada vez menos reconocible.

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