La Gloriosa, la revolución liberal que destronó a Isabel II

El almirante de la escuadra española Pascual Cervera Topete. El almirante de la escuadra española Pascual Cervera Topete.

El almirante de la escuadra española Pascual Cervera Topete. / Archivo Diario de Cádiz

L manifiesto ha sido dado a bordo de la fragata Zaragoza, en la bahía de Cádiz, el pasado día diecisiete. Otro manifiesto del ilustre general don Juan Prim empieza diciendo: "¡A las armas, ciudadanos, a las armas! ¡Basta ya de sufrimiento! La paciencia de los pueblos tiene su límite en la degradación; y la nación española que, si a veces ha sido infortunada, no ha dejado nunca de ser grande, no puede continuar llorando resignadamente sus prolongados males sin caer en el envilecimiento. Ha sonado, pues, la hora de la revolución, remedio heroico, es verdad, pero inevitable y urgente cuando la salud de la Patria lo reclama.

Principios bastante liberales para satisfacer las necesidades del presente y respetar las aspiraciones del porvenir, hubieran podido conseguir fácilmente sin sacudidas violentas la transformación de nuestro país; pero la persistencia en la arbitrariedad y la obstinación en el mal empiezan a infiltrarse ya en la organización de la sociedad, después de haber emponzoñado la gobernación del Estado, convirtiendo la administración en granjería, la política en mercado y la justicia en escabel de asombrosos encumbramientos. Han hecho desgraciadamente tardías e imposibles tan saludables concesiones, y han acumulado la tempestad que al desgajarse hoy arrastrará en su corriente los dique han sido hasta aquí obstáculo insuperable a la mar lenta, pero progresiva, que constituye la vida de las poblaciones civilizadas del globo.

El movimiento revolucionario se iniciaba en la Bahía de Cádiz al mando de Topete

¡Viva la libertad!"

La redacción de Diario de Cádiz saluda con entusiasmo al bizarro brigadier don Juan B. Topete, y demás caudillos con quienes ha iniciado el movimiento revolucionario de su inimitable heroísmo. También saluda, del mismo modo, al ilustre prescrito, don Juan Prim, que vuelve, al fin, a pisar la tierra española con tan felices auspicios para la libertad.

Ya se divisan los horizontes de la libertad y se destruyen las barreras que se oponían al progreso.

Sombras de Bravo y de Padilla, de Riego y demás mártires de la Santa Causa, que hoy triunfa en Cádiz y muy pronto en toda España. ¡Regocijaos! Españoles; sacudamos las cadenas y sea nuestro eterno grito, ¡Viva la Libertad!.

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