Parada naval desde el 'Elcano'

  • La despedida a la flota de la Gran Regata Cádiz 2012 traslada el ambiente festivo a bordo del buque-escuela, viviéndose emotivos momentos durante la travesía

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"Por última vez en el crucero número 83 de instrucción, arria y carga", informa la megafonía del buque-escuela 'Juan Sebastián de Elcano'. Aplausos, alegría y abrazos es lo que sigue a la radiación. La marinería comienza la que será la última arriada y preparación, en el curso que finaliza, de las majestuosas velas del barco insignia de la Marina española. Todo Cádiz se ha vestido de gala para acompañarle por mar y tierra en su despedida de la ciudad que lo vio nacer hace ya más de 80 años. Este año además es especial tanto en lo bueno, hecho por lo que le siguen a toda vela los navíos de este tipo más espléndidos del mundo, como en lo malo.

"¡Paño! ¡Arriba! ¡A popa!", grita una suboficial a los más de quince cabos y marineros que, sobre la botavara de cada palo mayor, rítmicamente agarran, levantan, y estiran, las cuatro grandes velas cangrejeras que durante su larga vida, han logrado, junto a los hombres y mujeres que las cuidan, que este velero haya visitado más de 70 países diferentes. En sus brazos se observa la piel curtida por las horas al sol. En su mirada: el esfuerzo del trabajo, el que a algunos les ha hecho realizar turnos nocturnos especialmente duros. Pero también desprenden orgullo. Orgullo por haber servido en un buque cuya prestigiosa historia se ha gestado gracias al esfuerzo. No cualquiera puede decir que ha servido en este barco. Y eso se nota. Pocos navíos pueden presumir de haber recibido las emotivas despedidas que el pueblo de Cádiz ha regalado al 'Elcano'.

Y la del pasado domingo fue especial. Empezaba la mañana con un muelle abarrotado de personas. Desde niñas a abuelos. ¿Hacerse una foto de recuerdo en la escalinata de acceso? Complicado. Está la cosa solicitada. Un barco a vela se acerca; el primero en presentar sus honores al buque, a la vez que el único que lo realiza en el muelle. Personas varias y afortunadas que animadamente saludan a la tripulación. Saludos multiplicados por centenas en tierra, siendo devueltos, gorra en mano, por los marineros. A los pasodobles que suenan les sigue una lluvia de aplausos cuando el buque, impulsado por los remolcadores, comienza a virar. En la línea de visión aparece otro mar sobre la bahía, pero este de veleros, yates, pequeñas embarcaciones, zodiacs y motos acuáticas. Poco a poco las personas del muelle empequeñecen, pero su número sigue impresionando, y serán otros grandes veleros como el 'Américo Vespucci', el 'Mir' o el 'Sagres' los que recibirán su cariño.

A la llegada a la bocana del muelle, escoltado por dos barcos de la Armada, comienzan a sonar las bocinas . Una tras otra en un sin parar. "Impresionante" exclama un oficial mientras el 'Elcano' responde. Poco antes se había dado orden: "Maniobra general". Más de 10 marineros recolocan trabajosamente un bote. Varios comienzan a subir hacia lo más alto de cada mástil. "¡Hay comida arriba!", gritaría con guasa un joven tripulante. Las miradas se fijan para acordar el compás y las velas comienzan a subir bajo el ritmo marcado por un pito marinero al que acompaña el crujir de las poleas. Muchos años ya. El viento de la bahía, ante cuya falta en el muelle afloraron los abanicos, también da su bienvenida al buque, refrescando a los propios tripulantes como a las numerosas personas que en el mar le acompañan, disfrutando de una comida con la familia o amigos, tomando el sol, o aplaudiendo y animando. El intenso momento no duró demasiado, pues el 'Elcano', una vez desplegado su extenso velamen, fue alcanzando una velocidad de navegación asequible a pocos navíos. Puede que fuera una muestra más de su contundente capacidad.

Alrededor de las cuatro de la tarde son ya pocas las embarcaciones que escoltan al buque-escuela. Dos grandes patrulleras de la Guardia Civil son su guardia de honor. La quietud del momento, en el que la tripulación descansa, roto tan solo por el ruido de los generadores, contrasta con la gran fiesta vivida. Una hora más tarde se da aviso para renovar la actividad. Calcetines blancos hasta la rodilla y pantalones cortos sustituyen a los largos. Al poco, en popa un sargento enseña a un cabo, ya que en este buque es continuo el aprendizaje.

Cuando la línea de costa comienza a aparecer difusa, solo una pequeña zodiac continúa junto al gran velero. Abordo van tres familias con sus hijos e hijas que alegremente se despiden. "¡Adiós barquito!". Un helicóptero militar se acerca en la lejanía. Al principio rodea tres o cuatro veces a gran velocidad, para a continuación realizar un vuelo lento a baja altura presentando sus respetos. Como despedida un par más de rápidas y muy cercanas aproximaciones. Visitantes y marinería, entre la que se pueden distinguir acentos de todas partes de España y fuera de ella, contemplan la maniobra con cara asombrada. "¡Como se choque con nosotros verás!", exclama alguien entre risas. Aún quedaba por llegar otro de los momentos más intensos del día: el paso a estribor de un gran velero, el 'Sagres' portugués. Frente a frente, las tripulaciones se saludan mientras ambas disfrutan de un instante especial en alta mar.

Al caer la tarde el 'Elcano' ya ha virado para retornar solo a la bahía. Pocos suelen observar el proceso de trabajo que dejará lista la embarcación para su descanso en La Carraca hasta el inicio del próximo crucero de instrucción. Fondeado frente a Rota, guardiamarinas, marineros y oficiales descansan y conversan animadamente en corrillos. Entre los más jóvenes el uso del móvil es general, quizás chateando, quizás planeando sus vacaciones. El ambiente es jovial, pero puede que haya cierta sensación extraña. Ha de ser raro abandonar un buque, a la vez tan grande y tan pequeño, en el que se ha vivido y convivido durante tantos meses. Cuando la barcaza militar transporta, primero a invitados que estaban disfrutando, en segundo lugar a prensa que estaba trabajando, el buque queda en reposo. Para la estampa queda la bella imagen de la puesta de sol en la bahía con el 'Elcano' siendo suavemente mecido sobre sus aguas.

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