Jerez

El 'enfant terrible' del 79

  • Pedro Pacheco era un chaval de 29 años cuyo destino no era la Alcaldía de Jerez y acabó al frente de un Ayuntamiento físicamente en ruinas que gobernaba una gran ciudad alumbrada por bombillas

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"No hay mierda en la ciudad desde que tú no estás, Perico". Estoy sentado con Pedro Pacheco, Perico, como dos camaleones al sol de la alameda del Banco. El sol pica. Pacheco cumple uno de estos días 60 años y escudriño en él al chaval de 29 años que hace treinta accedió a la Alcaldía de Jerez. Al chaval lo he encontrado en la respuesta al comentario de esa señora que ha pasado por su espalda. "Je, je, sí que hay mierda", dice divertido y con un brillo gamberro en los ojos, el brillo del chaval de 29 años haciendo un paréntesis en el hombre de sesenta que me enumera las cinco grandes deficiencias (que luego son cuatro) de las entidades locales. Ya hablaremos de ello. Hay tiempo.

La biografía política de Pedro Pacheco, uno de los históricos de un nacionalismo andaluz que se fue por el sumidero de la Transición, empieza después de "juergas y cargas de grises" en la facultad de Derecho de Sevilla, sigue por un leve compromiso con una vaga idea de Blas Infante, con una militancia de firmeza juvenil en un Jerez feo y oscuro y desemboca en un liderazgo inesperado, de carambola, de un proyecto llamado a ser (y no lo fue) determinante en la que luego sería región clave de la marca PSOE. "Yo no tenía que ser el candidato de las municipales. A esas alturas, yo tendría que haber sido un joven diputado en Madrid que habría salido por Cádiz en el 77, pero Rojas Marcos hizo un pacto con el PSP de Tierno Galván y la USO. Hubo otros pactos, como el firmado con Martín Villa de la UCD. Entre pacto y pacto, lo que parecía una fuerza imparable en Andalucía se iba debilitando".

En 1979 el líder andalucista más conocido en Jerez era Sebastián Romero, que posteriormente abandonaría la política para montar una de las inmobiliarias que ha construido buena parte del nuevo Jerez, pero delegó en ese abogado de la Caja de Ahorros llamado Pacheco que era un polvorilla con ideas claras. Según él, nos encontrábamos en el gran momento histórico para que Andalucía dejara de ser la que dice 'sí, señorita Scarlata' cada vez que Madrid pidiera que le apretara el corsé. Romero tuvo buena vista. El muchacho de encendida palabra ganó. Pacheco ganó. Por un pelo, pero ganó.

La primera legislatura democrática "tenía poco que ver con la política. Llegamos a un Ayuntamiento que tenía un presupuesto de 600 millones de pesetas para una ciudad alumbrada con bombillas, un alcantarillado casi inexistente...". En la actualidad, el presupuesto de una ciudad de más de 200.000 habitantes como Jerez es de casi 70.000 millones de pesetas, incluidos los sueldos de un ejército de asesores, inexistentes en aquella época. "Sí, salíamos de la larga noche del franquismo y veníamos con muchas y muy grandes ideas. Veníamos de la IDEOLOGÍA y nos encontramos con un asunto un poco más serio: que había vecinos sin agua. El franquismo había abandonado las ciudades, que se habían deteriorado. Y sin dinero. A nadie se le ocurría preguntar cuánto pagan aquí como se hace ahora; la gente preguntaba en qué puedo echar una mano".

¿Qué es lo primero que hizo? "¿Qué iba a hacer? Preguntar cuánto dinero teníamos". ¿Y qué le contestaron? "Que no teníamos nada". El durísimo Pedro Pacheco, el que fue Atila de sus enemigos y de su propio partido, se deshace en elogios hacia todos sus compañeros de Corporación. La nostalgia le transforma. "Trabajábamos veinte horas al día. Estaba todo por hacer. Y no era la culpa de los que me habían antecedido: Mantaras, Cantos Ropero, Corbacho, Martínez Beas... Bastante valentía tuvieron en aceptar un cargo no remunerado que venía del Ministerio de Gobernación y en el que tenías las manos atadas. Yo jamás miré al pasado para echar culpas a nadie. Había que hacer una ciudad y mirábamos hacia adelante". Y entonces menciona a sus correligionarios, como José Luis Valle, a los del PSOE, como González Ríos, a los de UCD, como Manuel Barca... "En realidad, a todo el mundo. Nunca volví a vivir el ambiente de aquella primera legislatura. Convivíamos, nos reíamos, trabajábamos juntos en todo". "Convívíamos...", resume con un deje de 'aquellos tiempos pasados'.

A esas alturas ha pasado por la alameda del Banco una embarazada a la que Pacheco le ha deseado lo mejor, un anciano que le ha dicho 'Pedro, estás igual que siempre, cómo lo haces' y un mendigo que cree que sigue siendo el alcalde. Es un famoso local, pero hay que volver a las noches de las bombillas colgantes. Hay que volver al año 79. "Estábamos eufóricos y un poco asustados". Ya utiliza el plural porque tiene claro que la transformación fue cosa de todos. "No éramos conscientes, teníamos ansias de democracia, pero el funcionariado municipal nos miraba como eventuales. Parecía que todo iba a ser muy corto, que era una moda pasajera y volveríamos a lo de antes".

Gobernaban todos los partidos, no cobraba nadie y los debates no eran tales. "Estábamos pendientes de las cuatro 'aes'". A de agua. A de alcantarillado. A de alumbrado. A de asfaltado. A de Apenas existía nada. "Empezaremos por el centro y seguiremos por la periferia", dijeron. ¿Y usted de qué vivía? "De mi sueldo en la Caja. Me escapaba de vez en cuando del Ayuntamiento y hacía alguna cosilla". Todo puede estar tamizado por el recuerdo, por la juventud que ya no está, pero Pacheco tiene el convencimiento de que "toda esa rabia, todas esas ganas, se acabó con la profesionalización de la política. No digo que no fuera necesario, cuidado. Digo que se creó una nueva clase de gente que no entraba en esto por el afán de cambiar las cosas, sino por el afán de cambiar SUS cosas".

El Pacheco de 60 años se pone solemne y deja al Pacheco de 29 bebiendo una botellita de agua mineral. "Treinta años después siguen pendientes los cinco grandes retos: 1. La partidización de la vida local. Esa ley electoral con las listas bloqueadas y cerradas, sin la participación por distritos. Ese 5% tan duro para poder acceder al puesto de concejal para los partidos nuevos que podrían traer nuevas ideas. 2. La ausencia de autonomía financiera. 3. La inexistencia de relaciones entre las instituciones locales y los ciudadanos, que no participan realmente en la gestión. 4. La autonomía local, que aparece en el artículo 140 de la Constitución, el único artículo dedicado a los ayuntamientos, pero que no se pone en práctica porque son aplastados por las leyes de las comunidades autónomas". ¿Y la quinta? "¿Dije cinco? Pues no, son cuatro". Pero vamos, si llega a haber autonomía financiera con la que han montado algunos en los ayuntamientos... "Eso también es verdad, sí, sí, je", dice el chico de 29 años.

En realidad, tras 24 años como alcalde de Jerez, Pacheco habla de lo que hubiera deseado para la ciudad-Estado que él gobernaba. Asumió competencias que nadie le había dado, se peleó con medio mundo, afirmó que Jerez era una ciudad rodeada de capullos (en alusión al PSOE) y fue procesado por proclamar que la justicia era un cachondeo, "que dije eso y algo mucho más grave sobre el chalé de Bertín, pero como sólo me procesaron por lo del cachondeo, me absolvieron". 50.000 ciudadanos salieron a la calle para respaldar a su alcalde en el año 87. Era querido como pocos alcaldes en España. Pacheco llegó a ser el último superviviente de la camada del 79 en una gran ciudad y creyó hasta el final que cambiaría las cosas, pero los ciudadanos le cambiaron a él. Acabó por perder, por ser detestado por muchos; acabó desgastado y víctima de la ciudad que él había transformado. No se dio cuenta de lo que estaba pasando. "No di importancia a algunas cosas a las que ahora se les da mucha importancia, pero no me arrepiento. Ser alcalde es ahora un peldaño para escalar en su carrera, un peldaño que a algunos les resulta muy aburrido porque gestionar es muy aburrido, porque el alcantarillado no se ve. Es mejor hacerse fotos, estar todos los días en la prensa local con fotos anunciando la llegada de la primavera como si tú hubieras inventado la primavera o saliendo con la suelta de un canario. Hemos llegado a eso. Alcaldes que no gestionan pero que están siempre haciéndose fotos".

El sabe que eso es relativo. En las campañas entraba en ese juego. Llevaba la camisa empapada de sudor pateándose los barrios. Pero era tarde, muy tarde. Se había vuelto huraño, se había sobrado de poder y ya nada era como en esos primeros cuatro años. "No, ninguna legislatura volvió a ser igual que aquella primera del 79", reconoce.

El chico que iba a ser diputado por Madrid en el PSA glorioso que se fue suicidando poco a poco se acantonó en su pueblo y Jerez fue creciendo hasta convertirse en un mastodonte. "Ahora van a poner en práctica muchas ideas que yo dejé sobre la mesa, ahora que piensan que Pacheco está olvidado, pero yo creo que habría que recordar no necesariamente a Pacheco, pero sí a ese grupo de gente que conmigo construyó el primer Ayuntamiento democrático tras la noche del franquismo. Jerez es lo que es porque ese grupo de gente creía en ello, creía que había que cambiar las cosas, creía que había que empezar de nuevo una ciudad. Y no lo cambio por nada. No era mi destino, yo no tendría que haber sido alcalde, pero no lo cambio por nada. Si alguien me pregunta de qué estoy orgulloso en esta vida diré que lo estoy de haber contribuido a construir una ciudad. Ya no hay ciudades nuevas, no nacen ciudades. En el 79, de algún modo, nosotros empezamos a hacerlo". Se relaja. El camaleón mira a su alrededor, da un sorbo al botellín de agua. Está sediento. Estuvo corriendo por la mañana, explica, aunque ya no esté para maratones. Y parece sorprendido de que el tiempo le haya alcanzado, parece sorprendido de que vaya a cumplir 60 años, que la próxima semana sea un jubilado de la Caja. Abandona su ensimismamiento y sale por la tangente: "...y Zapatero dice que va a cambiar el mundo en el G-20. ¿Tú le has escuchado? Desde luego, ahora hay unos politicos que vaya vaya".

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