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La sonrisa de Jardiel

La grandeza de un maestro se realza, cuando éste hace reconocimiento público de otro que lo es. Antonio Mingote, miembro de la Real Academia Española y ocupante del sillón r de la risa, muestra la suya incorporando al diseño de su escenografía para este montaje, y con sus particulares trazos, el dibujo de la mujer penagos como homenaje cierto a las ilustraciones Art Déco creadas por el dibujante y pintor español Rafael de Penagos.

Juan José Alonso Millán, director y dramaturgo máximo exponente del género conocido como el landismo, fiel a sus principios, nos muestra una versión de Jardiel acomodada al show bussiness que el gran público demanda, con la sana intención de pasar un rato divertido sin otro tipo de pretensiones. Para tal caso el objetivo se cumplió sin ningún género de dudas.

La sonrisa sosegada y contínua que proporciona Jardiel en sus obras, bulló durante toda la noche en el teatro a cielo abierto que alberga este ya veterano Festival de Comedias. En Usted tiene ojos de mujer fatal, Jardiel se ríe de todo y de todos, reniega de los convencionalismos sobre los que se regula la sociedad, a los que considera meros esparcimientos beatones bajo los que se trata de esconder los verdaderos cimientos que la sostienen: el tragadero, la lujuria y el peculio.

Con comienzo y final homenajeando al musical, la comedia se desenvuelve con el ritmo y el dinamismo apropiado para este tipo de espectáculos, en el que Lara Dibildos y Antonio Espigares se sienten absolutamente arropados entre los veteranos Manolo Cal y Rosa Valenty.

Paco Churruca, el policía Manzanares de la serie de moda Amar en tiempos revueltos, se convierte a través de Oschidori, en el criado retórico y servicial del que se sirve el autor para decirnos que la verdad es siempre absurda, que morir da mucha pereza y que 'los nombres, las enamoradas y la estrellas, no tienen apellidos. Churruca demuestra el oficio acumulado a lo largo de sus años de escena, y se convierte en el verdadero protagonista de la trama.

El público asistente se divirtió entre lo que veía en el escenario y lo que intuía que pasaba en la Plaza Real con la corrida de rejones.

El ocho, del ocho del dos mil ocho hizo carrasclás, y los accesos al recinto teatral se vieron totalmente colapsados por la duplicidad de sucesos programados para la noche del viernes. Que un gato negro cruzara el patio de butacas no tiene nada que ver con la cosa, pero las autoridades competentes de la ciudad deberían manejar otros criterios más razonables para evitar el monumental atasco de tráfico que sufrimos los de siempre.

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