Más que puntería

  • Muchas personas se han enganchado al ‘paintball’, un deporte completo pero poco conocido en nuestra provincia

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Muchos pueden pensar que el paintball consiste simplemente en jugar a la guerra manchando de pintura al enemigo. Nada más lejos de la realidad. El paintball es un deporte que combina estrategia, velocidad y  juego en equipo.

Este deporte comenzó a asentarse en España a mediados del año 2000. Anteriormente, el paintball era sólo conocido por algunos grupos de las grandes ciudades que lo practicaban asiduamente. En la provincia de Cádiz la afición al paintball se concentra por ahora en las modalidades sin normativa oficial, cuyo fin es simplemente divertirse.

El origen del paintball se encuentra  Estados Unidos y Canadá, donde en el marcado de reses mediante pintura desembocó en una actividad deportiva, evolucionando hasta convertirse en lo que hoy es. Poco a poco se fueron creando circuitos, pistas, equipos, competiciones...

Francisco Piña es un joven de 24 años afincado en Conil que desde el año 2003 practica este deporte en la modalidad de pista o speedball, el más común en competición, que tan sólo cuenta con un equipo en la Cádiz, el ‘Tarifa Poison’. Ha participado en la Liga Madrid 2007, de la que su equipo quedó subcampeón y la Liga Sur 2006/2007,  y el OpenSul de Portugal, entre otros campeonatos. Su objetivo es fomentar la afición en Cádiz y formar un equipo con el que participar en los distintos campeonatos de España.

El paintball de pista cuenta con un reglamento oficial europeo. Se suele practicar en un espacio liso, con unas medidas de 50  metros de largo por 30 de ancho en la que se disponen una serie de obstáculos artificiales organizados de forma especular. La dinámica del juego consiste en eliminar a los miembros del equipo contrario señalándolos mediante bolas de pintura lanzadas por la marcadora, el instrumento principal del que se vale el juego. Un equipo de paintball suele estar compuesto por cinco miembros, si bien este número puede variar dependiendo del tipo de juego.

En agosto de 2005, Francisco consiguió con la ayuda de la Diputación de Cádiz y el programa Cádiz Emprende, crear la pista de Jardal Paintball en El Colorado, Conil. Allí ofrece equipos de alquiler, e incluso organiza despedidas de soltero.

Francisco comenta que existen muchos prejuicios entorno al paintball: “Es un deporte seguro. Hay estudios que constatan que se sufren menos lesiones que en el golf”. Para evitar cualquier tipo de incidente existe una equipación y unas medidas que se deben seguirse sin excepción.

Para iniciarse se puede utilizar cualquier tipo de prenda que permita el movimiento, aunque en las competiciones utilizan unas equipaciones especiales, con colores vistosos y alguna protección. Calzado deportivo, rodilleras, coderas y guantes, protegen al jugador de las heridas al tirarse al suelo. Resulta indispensable el uso de la máscara protectora, que cubre ojos, nariz, boca y orejas. Una bandana protege la frente y bloquea el sudor. Es necesario un porta pods, los botes en los que llevan las bolas de pintura, que deben recargarse constantemente en las partidas de pista. Aprender a recargar munición con rapidez es básico, puesto que el tiempo que se pierde es crucial.

También se tienen precauciones con respecto a la marcadora, a la que hay que colocarle una funda en el cañón llamada ‘condón’ cuando se está fuera de la pista para evitar accidentes.

Otro de los factores que disuade a muchas personas es el del dolor que puede producir el impacto de una bola de pintura. Los jugadores responden que “te tiene que picar, porque es parte del juego, y reconocen que aunque puede dejar unas leves marcas, no son golpes dolorosos ni mucho menos.

Inma García y Ernesto Orellana llevan unos años practicando  paintball en diversas modalidades. Aún no tienen un equipo propio, pero están pensando en comprar uno, ya que su afición aumenta poco a poco. Empezar en esta actividad supone un gasto de entre 300 y 400 euros y unos 30 euros mensuales para el gasto de bolas y mantenimiento.

Inma es la única chica en el encuentro que organizó Jardal Paintball el pasado sábado. “Hay muchas chicas que practican paintball, pero siempre son una minoría en comparación con los hombres” comenta Inma. Para ella este deporte una terapia antiestrés, con la que libera las tensiones acumuladas.

Ernesto cuenta como ha visto que muchas chicas se han echado atrás al ver que practicar el paintball puede dejarles moratones que no quieren tener, sobre todo en verano, a la hora de ir a la playa. “De todas formas, es un deporte mixto”, apostilla Francisco.

 Dentro del paintball existen distintas formas de juego.  Francisco insiste en que para él la pista es lo más completo y cercano a la competición deportiva. “El paintball de bosque utiliza muchas técnicas, terminologías bélicas y ropa de camuflaje. Para mí todo lo que tiene que ver con la guerra se aleja del deporte”.  En bosque, tal y como cuenta Fran, se gira entorno una temática distinta.

En ocasiones  dentro de las reglas del juego se incluyen la captura de rehenes, o defender al capitán. La intensidad de la partida es menor, y el gasto de munición es mucho más reducido que en pista, donde, además, es fundamental la estrategia y la comunicación entre los miembros del equipo. Señalar posiciones, planear ataques y saber conocer los movimientos del compañero son algunas de las claves para lograr un buen equipo.

Josué Barbosa es un aficionado al paintball que ha practicado ambas modalidades. Su afán es jugar, sin importarle el sitio o la competición: “ no creo que reúna las cualidades para participar en campeonatos”, comenta.

Y es que la evolución de esta disciplina ha provocado que el nivel en España esté creciendo por momentos. Cada vez se crean más pistas y equipos.

En Internet se aprecia un creciente número de páginas dedicadas a este tema, aunque, según denuncian los aficionados al paintball, muchos sitios de la red propagan ideas erróneas, que llevan a la gente a pensar que el juego consiste en tirarse pintura unos a otros si n más control, o es un alarde de violencia sin ningún sentido.

Personas como Francisco Piña esperan que en un futuro no muy lejano la gente descubra el paintball de competición como un deporte más en el que a pesar del esfuerzo, la tensión, y los eventuales moratones, predomina la diversión, el juego en equipo y, sobre todo, el compañerismo.

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