Dos caras del faro Camarinal

Dos caras, un espejo distorsionado, un desplegable de miradas distintas. No sé en qué momento, y mira que he hablado con él del asunto, se le ocurrió a Juan Carlos crear su Caleidos Cádiz. Sé que se iba con su cámara solo por la costa y que buscaba. Siempre me contaba algún descubrimiento. Es curiosa la vida del reportero. Consiste en disparar a un blanco fijo en el sentido que, como un asesino a sueldo, los redactores suelen decir a quién tiene que  dar. Los hay muy buenos, y Juan Carlos lo es, porque se cobra siempre las piezas exigidas. Pero Juan Carlos Toro es de los inquietos. De vez en cuando necesita disparar por sí mismo, hacerse con capturas propias que nadie ha solicitado. Sus trofeos son inmensos porque es entonces cuando dispara muy tranquilo y luego se permite el lujo de hacer de taxidermista en el laboratorio. Esa paciencia, ese silencio, que suele ir unido al rumor del mar, le hizo crear su colección Caleidos Cádiz. Esta del faro Camarinal de Zahara es una de las menos conocidas de una exposición que ha recorrido varias salas de la provincia. Es un faro y no lo es. Es un paisaje y no lo es. Quizá porque Juan Carlos no tira a matar. Tira a crear.

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