La ONU acusa a la Junta Militar de Myanmar de confiscar la ayuda

  • El Programa Mundial de Alimentos reanuda los envíos tras los incidentes de ayer al no poder distribuir 38 toneladas de alimentos · Las autoridades birmanas autorizan la entrada de un avión de EEUU

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU ha decidido reanudar hoy sus vuelos de ayuda a Myanmar, después de haberlos suspendido ayer tras acusar al Gobierno de Rangún de haberse apropiado de un cargamento de ayuda humanitaria. "Vamos a enviar hoy dos nuevos aviones de ayuda humanitaria, como estaba previsto, mientras continúan las discusiones con el Gobierno birmano sobre la distribución de víveres", señaló en Ginebra Nancy Roman, directora de comunicación del PMA.

La responsable dijo que ayer habían llegado dos aviones del PAM a Myanmar cargados con galletas de alto valor energético, capaces de alimentar a 95.000 personas, y que no pudieron ser distribuidos por el personal de la organización.

El portavoz del PMA en Bangkok, Paul Risley, indicó que las 38 toneladas, entre alimentos y equipo, que habían logrado hacer llegar a Rangún la víspera fueron confiscadas y que no les quedaba más remedio que detener las operaciones de envío hasta que se aclarase lo ocurrido.

El primer avión del PMA con asistencia humanitaria recibió el permiso oficial y llegó al aeropuerto de Rangún el jueves, cinco días más tarde de que el ciclón Nargis arrasase el sur de Myanmar con vientos de 190 kilómetros por hora y lluvias torrenciales.

La denuncia de la agencia de la ONU tuvo lugar el mismo día en que los medios de comunicación birmanos reprodujeron un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores del país en el que se aceptaba la solidaridad internacional, pero se consideraba innecesario el envío de personal especializado extranjero porque los propios birmanos podían encargarse de repartir la ayuda.

El propio Risley consideró asombrosa la actitud del régimen militar birmano de entregar con cuentagotas los visados de entrada que le solicitan. Y al que no lo tiene es expulsado o no lo dejan descender del avión, como le ocurrió este jueves a 62 especialistas que intentaron apearse del avión con ayuda humanitaria que había aterrizado en el Mingalardon de Rangún procedente de Qatar.

Con todo, la Casa Blanca anunció ayer que la Junta Militar birmana autorizó la entrada de un cargamento de ayuda estadounidense para la población afectada por el paso del Nargis.

En una rueda de prensa en Crawford (Texas) el portavoz de la Casa Blanca Gordon Johndroe afirmó que el avión militar estadounidense llegará el lunes a Myanmar.

Aunque por el momento la Junta Militar sólo ha autorizado la entrada de un cargamento, "un avión es mucho mejor que ninguno", puntualizó Johndroe.

Aviones y equipos de emergencia estadounidenses se encuentran en Tailandia a la espera de que Myanmar autorice su entrada en el país.

Por su parte, la Oficina de Coordinación de Ayuda Humanitaria de la ONU (OCHA) solicitó ayer 187 millones de dólares a la comunidad internacional para proporcionar asistencia humanitaria urgente e inmediata a las personas que han sido víctimas del ciclón. La OCHA considera que esos 187 millones de dólares (121 millones de euros) servirán para proporcionar asistencia durante tres meses a un "mínimo" de 1,5 millones de afectados, pero esa cifra se espera que aumente a medida que se tenga un mejor conocimiento de la zona devastada.

"La situación es extremadamente grave sobre el terreno. Sólo vemos la punta del iceberg y el balance (de víctimas) sigue en aumento", dijo ayer la portavoz de la OCHA, Elisabeth Byrs.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, exhortó nuevamente ayer a las autoridades birmanas a que permitan el ingreso de la ayuda internacional, advirtiendo que la inacción podría ser fatal para los sobrevivientes. "Llamo firmemente a hacer todo lo posible para facilitar esta ayuda (...), es la supervivencia misma de las personas afectadas lo que está en juego", dijo.

Unicef y otras agencias han advertido del peligro de epidemias por falta de agua potable y por la existencia de numerosos cadáveres sin enterrar. Los medios de comunicación birmanos, todos ellos controlados por el Estado, informan de unos 23.000 muertos y 42.000 heridos, aunque la embajada de Estados Unidos en Myanmar cree que la cifra de víctimas mortales superará los 100.000.

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