La decisión más tempranera

  • A las doce y media del mediodía la junta de Afligidos suspendía la salida, sustituida por un vía crucis

Desde el mediodía ya era oficial que la junta de gobierno de Afligidos había suspendido la salida procesional de 2008. Una decisión tomada con demasiadas horas de antelación, lo que siempre provoca la disparidad de opiniones de los hermanos y de cofrades en general.

El hermano mayor de la corporación del Jueves Santo, Ramón Velázquez, explicaba a Diario de Cádiz las razones que se habían esgrimido. “Los distintos partes meteorológicos presentados en la reunión de la junta de gobierno de esta mañana eran bastante negativos, incluido el del Consejo de Hermandades”, explicaba Velázquez como motivo principal de la suspensión de la salida. Junto a ello, el hermano mayor esgrimía los problemas del cambio de itinerario obligado por la carpa instalada en la Plaza, “que además de ser un recorrido nuevo obliga a dar un rodeo y nos retrasa bastante en caso de tener que aligerar el paso”, en caso de que apareciera la tan temida lluvia. Sobre ello ya tienen experiencia en Afligidos, que el año pasado se veía sorprendida justo después de acceder a la Catedral. “Esto también nos ha pesado, nos ha servido de referente”, confesaba.

La salida procesional se sustituía en esta ocasión por un vía crucis en el interior del templo, presidido por el director espiritual de la hermandad, José de Araujo. En este acto penitencial quedaba demostrado el compromiso de los hermanos de Afligidos, que pese a conocer la noticia desde primera hora de la tarde, se presentaron a las seis y media en la iglesia. Eso sí, sin las túnicas y capirotes. Esto fue también posible – hay que decirlo– por las llamadas telefónicas que la junta de gobierno hizo a los hermanos que participaban en el cortejo una vez tomada la decisión.

En el interior del templo, el paso de misterio de Afligidos se situaba a la derecha del altar mayor, delante de su capilla. Lucía exornado con rosas rojas y flores silvestres y completamente encendido, como si estuviera perfectamente dispuesto para salir a la calle.

Con la iglesia completamente llena, Araujo pedía respeto para participar en el vía crucis, “o respetar a los que participemos” en último caso. San Lorenzo estaba con la luz apagada, lo que permitía a esa hora de la tarde, las seis y media, el sol entraba por la puerta y por las distintas ventanas de la única nave, lo que hacía más difícil la decisión tomada por la junta de gobierno.

Aunque la cofradía no iba a procesionar, no faltó durante el acto de hermandad la voz que anunciaba desde la calle la venta de pirulíes, patatas y otras delicias cofrades. Junto a él, mucho público esperaba a que se abrieran las puertas para acceder y ver el paso.

Tres cuartos de hora después, a las siete y cuarto de la tarde, concluía el acto y la iglesia quedaba abierta para las visitas del público. Alrededor de una hora después, San Lorenzo cerraría al público para que los cofrades de Afligidos comenzaran el desmontaje más amargo de su paso procesional y del resto de enseres. Para cuando le tocara el turno a la hermandad de Descendimiento, que tenía previsto salir a la medianoche, ya no quedaría resto alguno en San Lorenzo de la cofradía de Afligidos. Todo había terminado ya, y sin estación en la Catedral.

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