Soledad de La Roldana: luto y devoción

  • La Hermandad procesionó por la plaza en honor a la autora de la Virgen

La Virgen de la Soledad tras su salida de la Iglesia de la Victoria, en el Viernes Santo. La Virgen de la Soledad tras su salida de la Iglesia de la Victoria, en el Viernes Santo.

La Virgen de la Soledad tras su salida de la Iglesia de la Victoria, en el Viernes Santo. / C.P.

La Virgen de la Soledad volvió a brillar en un Viernes Santo esplendoroso para Puerto Real, en el que las tallas de la genial Luisa Roldán, La Roldana, llenaron una jornada de luto y recogimiento en la iglesia de la Victoria.

A las siete de la tarde, ante una abarrotada plaza Madre Loreto, se abrieron las puertas del templo para que el muñidor anunciase el desfile procesional del Viernes Santo. En el más absoluto de los silencios salía a la calle el paso de misterio de la Hermandad que portaba al Cristo Yacente en su sagrada urna, a las órdenes del capataz, Antonio Manuel Boy Gaviño.

Con el Cristo en la calle todas la miradas se dirigían de nuevo a las puertas de la Casa Hermandad para disfrutar del momento en el que la Señora de Puerto Real se encontró de nuevo con su pueblo. El himno nacional lo interpretaba la banda de música Pedro Álvarez Hidalgo que volvía a acompañar al palio de la Soledad.

El primer momento emotivo tras la salida de la cofradía fue la visita que siempre realizan a la residencia de ancianos Joaquina de Vedruna, con quien compartieron ubicación hasta que las hermanas se trasladaron a una nueva residencia, hace quince años. Desde entonces los cofrades siguen procesionando ante los mayores del centro que volvieron a salir a la puerta para disfrutar del paso de la Hermandad. Como es habitual en esta esquina la saeta se hizo presente, esta vez en la voz de Loli Lacalle.

La Hermandad enfiló después la calle de la Plaza, que recorrió casi al completo, para llegar hasta la carrera oficial pasadas las ocho y media de la tarde. Por primera vez, la hermandad tras pasar por carrera oficial no continuó por la calle a la que la Virgen da nombre - la calle Soledad- sino que continuó por la Plaza de Jesús para procesionar por primera vez en su historia por el Callejón del Obispo. Fue uno de los momento más complicados para los cofrades, debido a la estrechez de la calle y a las grandes dimensiones del paso. Ni tan siquiera el público pudo estar presente en la calle.

El cambio de recorrido no fue casual. Se hizo con la intención de que la hermandad procesionase por primera vez por la Plaza Imaginera Luisa Roldán, que homenajea a la artista sevillana que talló a la Virgen de la Soledad y a quien también se le atribuye la imagen del Cristo Yacente. Al paso por la plaza, que hace esquina con la Calle Soledad, la banda de música Pedro Alvarez Hidalgo interpretó la marcha La Roldana.

A partir de ahí se emprendía camino para realizar estación de penitencia en la iglesia Prioral de San Sebastián, antes de que tuviese lugar una de las recogidas más significativas, tradicionales y populosas que se viven en la semana santa puertorrealeña.

El viernes se cumplió con la tradición en la que se representan los tres portazos antes de la entrada de la Virgen, en recuerdo a las tres intentonas de asalto e incendio del templo durante 1936 que, según la historia, evitó la Madre Loreto, religiosa a la que se le dedicó la Plaza frente a la Iglesia de la Victoria.

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