El 'botellódromo' falla en verano

  • Las expectativas no se cumplen y con el buen tiempo baja drásticamente la afluencia de jóvenes al recinto de La Magdalena · La denuncia interpuesta por los vecinos contra el Ayuntamiento sigue su curso

El botellódromo de La Magdalena, lejos de convertirse en el punto de encuentro de numerosos jóvenes de la ciudad este verano, está registrando desde la llegada del buen tiempo mucha menor afluencia de usuarios. Este dato contrasta con las quejas de los vecinos de la zona que siguen interponiéndose ante la Policía Local en esta temporada estival y, aún más, con la denuncia contra el Ayuntamiento, que sigue su curso, pendiente de las conclusiones que arroje la investigación abierta la pasada primavera por la oficina del Defensor del Pueblo.

En algunas localidades vecinas, como es el caso de Ubrique, ya se ha dado con el quid de la cuestión para resolver el auténtico problema: el ruido. En la zona habilitada para el botellón se van a instalar pantallas acústicas para reducir el impacto de las aglomeraciones de jóvenes sobre las viviendas más cercanas. En otras, como ocurre en Conil en verano, el Consistorio aún se debate entre la masiva afluencia de turistas que recibe el pueblo -con lo que ello acarrea de beneficios para hosteleros y comerciantes- y la posibilidad de asegurar el bienestar de los propios conileños que, al llegar la época estival, suelen migrar en tropel y abandonar su residencia habitual en pos del descanso nocturno.

En San Fernando, tanto los responsables municipales como los propios vecinos afectados de la zona de La Magdalena coinciden a la hora de apuntar que las concentraciones de jóvenes no han sido precisamente masivas ni en lo que va de verano ni tampoco antes. El inconveniente surge fundamentalmente cuando algún coche pone la música a más decibelios de los permitidos y, peor aún, si se ubica en las proximidades de las viviendas más cercanas, las de la asociación de vecinos Los Claveles, lo que, de hecho, está prohibido pues supone situarse fuera del recinto acotado por el Ayuntamiento donde está permitido realizar botellón, circunscrito únicamente a la carpa.

Este último viernes por la noche la estampa que presentaba el botellódromo no difería demasiado de la de anteriores fines de semana de este verano, exceptuando el de la Feria del Carmen y de la Sal. Así lo atestiguan algunos jóvenes que suelen reunirse en esta zona para tomar una copa antes de dirigirse a otros puntos de la ciudad, sobre todo a bares o pubs, o antes de desplazarse a localidades vecinas donde la movida está más en boga.

Ocurre paradójicamente que los pocos grupos de jóvenes que concurren allí no lo hacen para hacer uso de la carpa que, a pesar de los esfuerzos municipales, presentaba este viernes un aspecto casi desértico. La mayoría se sitúa en los bancos del paseo marítimo de La Magdalena o -lo que trae de cabeza a los vecinos- en las inmediaciones de la urbanización de unifamiliares conocida popularmente como Los Pitufos. Así no es de extrañar que las solas conversaciones o la música a volumen normal impidan conciliar el sueño a los residentes en estas casas.

De la poca presencia de jóvenes que existe en el botellódromo no duda ni siquiera la presidenta de la asociación Los Claveles, Dolores Cano, quien insiste en que las pandillas, lejos de usar la carpa, suelen preferir ubicarse en las proximidades de sus viviendas. "En verano el problema viene a ser igual que el resto del año", asegura, "Con tal de que un solo coche se sitúe cerca de las casas, ya no se puede dormir". Reconoce, sin embargo, que no se ha registrado ni una de las temidas concentraciones masivas.

Mención aparte merecen las otras consecuencias que acarrea el botellón: insalubridad e inseguridad ciudadana. Pero en La Magdalena, de momento, el auténtico problema es el ruido.

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