De La Isla... a montar un negocio en Japón

  • Un empresario isleño, David Guerrero, abre la puerta del mercado japonés a los vinos españoles a través de Vinomio, un negocio que maneja ya unas 40.000 botellas al año

Lo suyo era la Prehistoria, la arqueología, pero acabo montando una empresa dedicada a vender vinos españoles un poco lejos... en Japón. Vinomio es el nombre que este isleño de 39 años, David Guerrero, puso al negocio que abrió hace cinco años y que, poco a poco, va abriéndose paso en el mercado nipón donde se esfuerza en colocar las mejores marcas de las bodegas españolas.

Los comienzos no fueron nada fáciles, admite. Apenas llegaba a vender una veintena de botellas al mes. Sin embargo, todo cambió cuando contactó con distintas bodegas españolas para convertirse en intermediario directo con los importadores japoneses. "Poco a poco mi persona y la compañía Vinomio fue ganando prestigio. Por ejemplo, una de las bodegas para las que trabajé, que era de Arcos, consiguió importador japonés gracias a mi ayuda y contactos, cuando participó en la Foodex Tokio, uno de los eventos de comidas y bebidas más prestigioso de Asia y uno de los más importantes del mundo".

En 2012, David dio un paso más al conseguir para Vinomio licencia de importación y la homologación del etiquetado en japonés. "Comencé a importar un palé (800 botellas) cada tres meses. Actualmente importamos alrededor de seis palés (4.800 botellas) al año como importador directo y 35.000 botellas como intermediario. Tenemos una venta media mensual de alrededor de 400 botellas de vino y afortunadamente esta cantidad va en aumento", explica.

¿Pero cómo llegó este isleño a montar una empresa en Japón? Pues, simple y llanamente por amor. David estudió en el Liceo, en el IES Isla de León y luego hizo Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cádiz. Una trayectoria de lo más típica para un cañaílla corriente. En la carrera, gracias al profesor José Ramos Muñoz, descubrió su amor por la Prehistoria y eso le llevó hasta la Universidad de Edimburgo con una beca Erasmus, donde llegó con la intención de continuar sus estudios de prehistoria europea, el Mesolítico. Y allí conoció a Nao, una joven japonesa que cursaba un master en escultura de madera. Dos años después, en 2003, se casaron. Tienen dos hijas: Lone e Iruma.

En principio, el matrimonio no tenía muy claro donde establecerse. Se quedaron en España donde David trabajó de arqueólogo. Luego estuvieron un año en Edimburgo antes de regresar otra vez a España. David estuvo una temporada trabajando en las murallas musulmanas de Algeciras. Al final, en 2007, decidieron marcharse a Japón. Y ahí comenzó la singular historia de este isleño. "Hice de todo. Comencé de peón en trabajos de arqueología, después limpiando retretes, de camarero, profesor de español, profesor de inglés en un colegio público, hice de extra en películas... Hasta que finalmente una noche hablando con mi familia y amigos decidí comenzar a vender vinos españoles". Así nació Vinomio.

El negocio, asegura, funciona. Ha conseguido despegar, aunque lamenta que los vinos sherry tienen peor acogida que otros. "Una de las causas principales es que la Agencia Andaluza de Promoción Exterior (Extenda) hace poco o nada en promocionar el producto andaluz en Japón", advierte. Pero la afición de los japoneses por los caldos españoles ha aumentado mucho. Y no es lo único que gusta. "Hay otros productos bien aceptados como son los aceites de oliva virgen extra, los jamones, las aceitunas e, incluso, las tortas de aceite".

David no se dedica al sector de la acuicultura pero reconoce que tiene mucho futuro. "Actualmente no está muy desarrollado pero tiene un potencial enorme. Yo no lo trabajo pero un importador amigo mío lo hace y la capacidad de venta mensual es enorme. Los gastos en transporte y tasas son muy bajos", explica. "Esta compañía vende mojama, huevas de maruca, anchoas, atún, sardinas... todo procedente de una compañía valenciana y son productos que están funcionando bien".

Este isleño, en este sentido, asegura que a corto plazo quiere también empezar a trabajar con el atún. "Si hay un producto andaluz que siempre tendrá buena acogida y posibilidad de negocio en Japón es el Atún. Pero hay que saber promocionarlo muy bien, esto es importante".

De los japoneses admira su capacidad de sacrificio y su cultura del trabajo. "No son casos aislados los que trabajan en sus compañías desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la tarde de lunes a sábado", comenta mientras asegura que siempre miran primero por la empresa. "Es una cultura mucho más emprendedora que la española. En Japón, se lo aseguro al cien por cien, ya está todo inventado".

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