BIOTECNOLOGÍA

Un mapa genético para la rosa

  • El Instituto Andauz de Investigación Agraria desarrolla un modelo genético de esta planta. Sólo hay seis en el mundo. El proyecto servirá para mejorar la producción.

Las rosas adornaban muchas tumbas egipcias, a modo de guirnaldas, varios siglos antes de que naciera Jesucristo. Hoy se conservan numerosas citas sobre el cultivo de esta flor en Grecia y Roma, y se sabe que lo mismo hicieron los árabes. A partir del siglo XV, y en muy pocos años, se pasó de unos doscientos a más de 1.800 cultivares en todo el mundo. Y, a finales del XVIII, la introducción en Occidente de la R. chinensis, procedente de Oriente, propició, gracias a su mezcla con las especies ya conocidas, la revolución que ha llevado a lo que hoy conocemos como rosa moderna.

A fecha de 2006, Andalucía produce más de la mitad de las rosas de España, con 25.247 miles de docenas frente al 45.203 total.  Y todo ello en un espacio de sólo de 66 hectáreas. El Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica  (Ifapa), en el centro Alameda del Obispo de Córdoba, lleva varios años investigando sobre la genética de esta planta, para ayudar a las empresas andaluzas a mejorar características como la longevidad, la resistencia a enfermedades, la coloración o, simplemente, el aspecto ornamental de la flor.

En concreto, el Ifapa está elaborando un mapa genético de esta especie que va a permitir al mejorador seleccionar de un modo más eficiente aquellos caracteres que más le interesen  para sus hibridaciones. El obtentor no tendrá que esperar dos o tres años para conocer si sus ensayos funcionan, ya que la genética, junto con la biotecnología, pueden ayudar a prever con un alto grado de acierto la forma en la que se desarrollará la planta. En esencia, el proyecto, dirigido por Ana María Torres,  incluye la extracción del ADN y su amplificación. Una vez realizada esta operación, entran en juego los marcadores moleculares, segmentos del ADN que pueden identificar la característica de una rosa por su cercanía con el gen que la controla. Los investigadores aplican estos marcadores en el proceso de selección para conseguir plantas con las características ornamentales deseadas.

El Ifapa está configurando uno de los seis mapas genéticos conocidos en el mundo, el único de España. La investigación, llamada Herramientas moleculares y estudios genéticos para la identificación varietal y la mejora de la rosa y que tiene como plazo de conclusión 2010, puede servir para hacer las rosas más longevas y resistentes. Y ello tiene su importancia: gracias a las múltiples hibridaciones a lo largo de la historia, la rosa moderna posee una belleza difícilmente igualable, pero muchas variedades aún tienen espinas y son poco resistentes a enfermedades o plagas. Obtener secuencias genéticas en las que se localice un marcador relacionado con estas características son algunos de los objetivos planteados por el Ifapa. Otro rasgo en el que se trabaja es el de la longevidad, cada vez más apreciado. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de la exportación mundial procede de Sudáfrica y Argentina. Las rosas son transportadas en cámaras y a temperatura de cinco grados, principalmente a Holanda, el principal país distribuidor.

Otra consecuencia es la creación de una huella genética, muy útil para las variedades nuevas que surjan. Es algo que se ha aplicado ya en la empresa sevillana Universal Plantas, la principal productora de España. Es una forma de garantizar una patente que, de lo contrario, estaría expuesta permanentemente al robo. Basta con arrancar un tallo para obtener la flor.

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