CASINOS ANDALUCES

Los crupieres del siglo XXI

  • Cinco casinos compiten en la comunidad, dos en Málaga y Cádiz, y uno en Sevilla. La oferta de estas empresas se diversifica. El gasto en juegos de azar ha aumentado un 43 por ciento en la última década

Un número, el 22. Un color, el naranja. Una apuesta, 2,50 euros. David contra Goliat, la suerte está echada. Una ficha naranja se divisa sola en medio del tablero de la ruleta americana. A su alrededor, cientos de fichas de colores que equivalen a más de 600 euros. Una jugada imposible. El crupier lanza la bola. Las manos de los jugadores se lanzan al tablero para modificar sus apuestas. “No va más”, anuncia el crupier. Sólo el tintineo de la bola en la ruleta rompe el silencio. Los novatos jugadores cruzan sus dedos frente a la pasividad de los más veteranos del Casino Bahía de Cádiz, en el Puerto de Santa María. “¡El 22!”, vocea la empleada. La euforia se apodera de los jóvenes jugadores que acogen sus nuevas 35 fichas como si de un pequeño tesoro se tratase. Un golpe de suerte que pocas veces se repite.

La apertura legal del juego en España en 1978 permitió la inauguración de tres casinos en Andalucía: Casino Bahía de Cádiz, en El Puerto de Santa María; y los malagueños Casino Torrequebrada en Benalmádena y Casino Marbella. Un mundo desconocido para la mayoría de los andaluces pero que acogieron con gusto. De hecho, los andaluces gastan de media 330 euros en máquinas tragaperras, casinos y bingos, según un informe de la Consejería de Gobernación, un 43 por ciento más que hace diez años. Más tarde se incorporaron el gaditano Casino San Roque y Gran Casino Aljarafe en Tomares, Sevilla. “En España es muy difícil abrir un casino, pues hay que pagar muchos impuestos y es difícil competir con otras actividades de ocio. Además, antes el juego estaba mal visto y las limitaciones a la hora de hacer publicidad son cuantiosas”, afirma Rafael Martínez, director de juego de Gran Casino Aljarafe, una sala que abrió por primera vez en marzo de 2006, seis años después de lo previsto debido a varios problemas en cuanto a su adjudicación.

El edificio, creado en un primer momento para albergar un hospital, ocupa una superficie de casi 7.000 metros cuadrados y está a escasos 15 minutos del centro de Sevilla. Pero no sólo hay juego y azar en este casino. Restaurantes internacionales y salas de bailes completan su oferta. “La idea es crear un lugar agradable, rentable con la euforia e ilusión de los casinos de Las Vegas. Se trata de un concepto distinto al que ha predominado hasta entonces en España”, explica Rafael Martínez.

Este director de juego comenzó como crupier en el Casino Bahía de Cádiz a principios de los ochenta. “Yo era instructor de inmersión submarina pero también aficionado al póquer. Mi profesión me permitía viajar y frecuenté muchos casinos fuera de España”.

Más de 400 personas pasan por el casino de Tomares cada día con historias peculiares. “Una artista muy popular que asistió durante una semana a Canal Sur por trabajo visitó en varias ocasiones el casino, con tan buena suerte que ganó en un día todos los premios acumulables. En total se llevó más de 60.000 euros”.

El Casino Marbella es el más veterano. El complejo Torre del Duque, hoy Gray D´Albión en Puerto Banús, acogió las instalaciones en julio de 1978. Cerca de 160.000 personas acudieron en 2007 e ingresaron más de dos mil millones de euros. “La evolución del casino ha sido favorable, pero la situación económica del país retiene un poco los beneficios y los clientes gastan menos”, explica Javier Burgués, director general desde 1996. “Nosotros competimos dentro de las actividades del ocio, es decir, el cine es un competidor, por eso ofrecemos otras actividades como los restaurantes, salas de baile, eventos”.

Los malagueños son los que más gastan en juegos de azar, cerca de 700 millones de euros en 2007. Cádiz está a la cola de la lista, junto a Córdoba y Jaén , a pesar de los dos casinos de la provincia. El edificio de Casino Bahía de Cádiz recuerda la arquitectura arábigo-andaluza fruto de su remodelación en 2001, la reforma más importante desde su apertura en junio de 1979. El ambiente que se respira es distinto al de otros casinos. “Es un ambiente más serio, menos festivo, no hay gritos y euforia cuando se gana un premio”, comenta Rafael Martínez que empezó aquí como crupier hace 27 años.

Antonia Peinado también se inició como crupier aquí a los 19 años y ahora, 28 años después, es jefa de sector y monitora de los cursos de formación. “Hay que manejar a la perfección ambas manos, el meñique, lo más difícil, y hacer rápidos cálculos mentales, sobre todo, con las tablas del 35 y del 17”, explica. “A los aspirantes se les realiza un test psicotécnico y una entrevista antes de entrar en el curso que dura dos meses y medio”, concluye.

La ruleta americana y las máquinas tragaperras son las que cosechan un mayor éxito e interés por sus colores y suculentos premios. “La suerte del principiante acompañó a una joven pareja que estaba de vacaciones en Cádiz. Tomó un café y luego, por curiosidad, probaron con una moneda y ¡ganaron doce mil euros!”, comenta risueña Antonia.

El azar, una diversión imprevisible que provoca cosquillas en el estómago y una sonrisa nerviosa pero que también puede atrapar. De ello dan constancia los responsables de la asociación Fajer. El año pasado trataron en sus centros a 3.700 personas, la mayoría en Málaga y Sevilla. Desde Fajer se advierte del surgimiento de una competencia a las ruletas, los casinos virtuales, una novedosa apuesta lúdica que también crea dependencia, sobre todo, en los más jóvenes.

Sea o no por estos nuevos competidores, los casinos tradicionales defienden una imagen que tiende a alejarse cada vez más de la euforia de Las Vegas para ofrecer una oferta que va desde lo gastronómico a lo musical. No va más.

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