Dos viejos en las barrigas

El Festival de Jerez sigue siendo un marco incomparable para los nuevos talentos del flamenco, en cualquiera de sus disciplinas. No sólo se aprecian propuestas consolidadas sino que se da oportunidad a los valores que empujan con fuerza. Triunfar aquí significa seguir avanzando.

Y ese avance se pudo apreciar ayer tarde en Villavicencio con la presencia de dos jóvenes de especial carisma, dos niños con gustos y estilos de viejos. Claro ejemplo fue el primer martinete de Samuel Serrano. Su puesta en escena resultó impactante, sencilla pero desmesuradamente racial.

Su cante se acerca a los sonidos propios de los discos de pizarra, con esto que se entienda el profundo eco de Samuel.

Se fija bastante en los estilos de Juan Talega, Manuel Torre, Mairena o Terremoto. Sin duda, es un oasis en medio del desierto. Ha cogido la bandera del cante de Chipiona un tanto desapercibido para la afición en los últimos años. Cuenta con el respaldo del maestro Cepero, que ha depositado en él una gran confianza de futuro. Para comenzar, se despachó a gusto por soleá de Alcalá, las de Talega y de Manolito de María, y otras de Jerez como las que dejó grabadas El Borrico.

Parecía que el corazón lo echaba por la boca. Paco Cepero desde el público lo jaleaba.

Tras ello se rebuscó por seguiriyas acordándose de los Agujetas, otra de sus claras influencias. En la guitarra todo estaba en orden, en su sitio.

El cambio al fina de la seguiriya por Manuel Molina lo levantó de la silla en una muestra de furia y entrega. Concluyó su aparición por bulerías de Jerez, con unas palmas de primera. Con Chicharito nada puede fallar, es un genio del compás. Junto a Tate Núñez y Paco León lo llevaron por el camino del éxito.

El público ya estaba en su salsa. Desde la Isla llegó Joaquín de Sola, otra voz del presente que ya huele a futuro. Abrió por malagueñas, al más estilo del Mellizo, al igual que la posterior soleá. Gaditanía por los cuatro costados.

Se gustó por alegrías, no en vano es ganador del concurso de Cante por Alegrías de Cádiz 2012. Junto a la guitarra de Víctor Rosa, más acertado en los toques libres que en los de compás, lo disfrutamos por soleá, también de aquella zona.

Otro joven con un viejo en la barriga, pues sus cantes recuerdan a los inicios de esta cultura, no pierde ni un ápice de sabor. Se despidió por bulerías o "chuflas", como él mismo las presentó, dando buena presencia pero ciertamente deslucidas sin un compás atrás que lo acompañara.

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