Los verdaderos argumentos de la creación

SIMBIOSIS. Galería Manolo Alés. LA LÍNEA

Sylvain Marc y Manolo Cano, dos nombres de gran trascendencia en el discurrir del arte de la provincia de Cádiz; dos nombres que vienen ligados a la historia eterna que guardan las paredes de la sala de exposiciones de la linense plaza de Fariñas y que Macarena Alés dirige continuando la ingente labor que, en ella, realizara su padre, el recordado Manolo. Sylvain Marc y Manolo Cano han sido artistas vinculados a La Línea y a la que era factoría de Manolo Alés; ellos generaron momentos de absoluta significación en una plástica contemporánea a la que impusieron sabias manifestaciones de una escultura y de una pintura con preclaras posiciones y seguros planteamientos.

A Sylvain Marc y a Manolo Cano les une su gran capacidad creativa, el conocimiento absoluto de la profesión; el escultor es uno de los que, actualmente, más y mejor domina el trabajo escultórico, el pintor ha demostrado su gran dominio de todos los terrenos pictóricos; ambos son artistas de principio a fin, están en esto no por casualidad y a lo largo del tiempo no han hecho nada más que evolucionar sensatamente en unos estamentos artísticos a los que ellos han dejado impregnadas sus particulares y -muy buenas- señas de identidad.

Sylvain Marc es un conocido escultor -podríamos decir sin dar lugar a equivocación alguna que es de los pocos, verdaderamente, escultores que hoy existen- que sigue ofreciéndonos la oportunidad de encontrarnos con una escultura portadora de los máximos valores. Por un lado el potencial plástico, la aplastante sabiduría en el manejo de los medios y de los modos materiales, el trabajo escultórico tradicional, sin dejar nada al azar, sabiendo lo que se hace y manifestando la gran verdad de la escultura eterna; una escultura que suscribe los estrictos postulados del abstracto. La obra de este gabacho linense, francés sólo en el recuerdo y en un deje pertinaz que no abandona, nos transporta a la materialidad eterna de una escultura que él sigue haciendo grande. Piezas de estética abstracta, de poderoso formalismo, de inquietante naturaleza plástica; mármoles italianos y portugueses -también piedra de Ojén- sutilmente manipulados para que oferten su aplastante estructura material y que el artista contribuye generando diversos episodios donde la piedra, horadada, arañada, retorcida… plantea los múltiples registros de una realidad formal llena de entusiasmo creativo. Escultura, en fin, en el más abierto y feliz sentido.

Manolo Cano es pintor de amplio proceso creativo y diferentes estructuras. Dibujante espectacular, de elegante grafía y exactos recursos representativos; pintor de esencias, ilustrador de tiempos sin edad, marcador de posiciones diversas donde lo concreto y lo abstracto pierden dimensiones en felices argumentaciones plásticas de profunda dimensión expresiva. Ahora su lucidez pictórica se pone de manifiesto dándole un mayor sentido al elemento plástico. Su representación, esa a la que él sabe disponer de manera exacta, milimétrica, bella y sin aparatosidad epidérmica, queda aquí totalmente supeditada al proceso creativo, a la materia conformante, a los pigmentos ejerciendo su material estructura constituyente, con la figuración perdiendo casi todas sus concreciones y posibilitando una juiciosa suerte de casi informalismo matérico de clara dimensión evocadora.

La exposición nos conduce por los estamentos creativos de dos artistas profundos que, ahora, parece que yuxtaponen sus posiciones artísticas. Manolo Cano pinta la materia conformante de Sylvain Marc y éste impone a su escultura los gestos formales de aquél. Simbiosis absoluta de dos sabias posiciones creativas.

Sylvain Marc y Manolo Cano vuelven a ese espacio natural que es la galería que el gran Manolo creó para el bien del arte de la provincia. Dos artistas que nos ofrecen particulares episodios de un mismo postulado plástico; dos artistas poderosos, patrocinadores de una realidad artística que, con ellos, jamás dejará indiferente. Pintura y escultura de eternas sensaciones; argumentos artísticos convincentes que nos hacen seguir creyendo en el gran arte, ese que sólo admite una verdad, a la que ellos llevan toda su vida adscritos.

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