Se vende piso con propietaria dentro

Autor y dirección: Juan Carlos Rubio. Intérpretes: María Luisa Merlo, Miriam Díaz Aroca y Jorge Roelas. Escenografía: José Luis Raymond. Iluminación: José Manuel Guerra. Sonido y música: Miguel Linares. Canción: Jorge Roelas. Lugar: Teatro Municipal Pedro Muñoz Seca de El Puerto. Día: Domingo, 5 de diciembre. Aforo: Completo.

Juan Carlos Rubio, que ya nos ofreció en 2008 Arizona, nos ofrece ahora la obra con la que ganó el premio teatral Ciudad de San Sebastián. Está interpretada por María Luisa Merlo, Miriam Díaz Aroca y Jorge Roelas y comienza con una cita de John Lennon, que dice que "La vida es aquello que nos ocurre mientras nos empeñamos en hacer otras cosas". El planteamiento es original y podría haber sido la base de una gran obra, pero no es así. En la función se nos habla de cómo nos hipotecamos con un piso y con ciertas relaciones en un futuro sin vivir ni disfrutar de lo que tenemos, porque la vida es muy frágil y se va en un instante.

El público portuense tenía interés por ver sobre las tablas a María Luisa Merlo de la que tantos recuerdos guarda por sus interpretaciones en los famosos Estudio 1 de la televisión, y la verdad que no defraudó a nadie ya que su trabajo es realmente extraordinario. Mirian Diaz Aroca la acompaña muy bien en un trabajo muy sobrio pero eficaz y Jorge Roelas pone la nota de humor.

Juan Carlos Rubio sabe escribir muy bien teatro y en esta función lo demuestra una vez más, pero en vez de ahondar en la mentalidad de estas dos mujeres tan distintas, opta por escribir una especie de sainete, con frases "ingeniosas", situaciones "graciosas" y soluciones convencionales que lo único que tratan es de sorprender al espectador y engañarle como la aparición de la propietaria en el interior del armario dando la impresión de estar muerta.

Es una función fácil de montar, ya que se trata de un único escenario y tres actores con un texto ideal para favorecer un duelo interpretativo entre dos grandes actrices y es que, según ha declarado el autor, piensa mucho en las puesta en escena porque su ilusión es escribir teatro y que sus textos suban al escenario, por lo cual trata de contar historias de modo sencillo, para que realizar el montaje no resulte difícil y les vengan bien a las compañías, pero este afán de facilitar las cosas se ha vuelto en su contra. La escenografía es pobre, poco imaginativa, triste, la iluminación y la música pecan de exceso de efectos "sorprendentes", demasiado reiterativos, personajes a contraluz en el quicio de la puerta iluminada, acordes musicales llevados a primer plano sin ninguna razón especial y para colmo, una canción metida con calzador en la historia sin que venga a cuento.

En cualquier caso, el público portuense que llenó el teatro a pesar de las inclemencias del tiempo pasó una grata velada y aplaudió con entusiasmo a los actores, y es que una vez más se ha demostrado la gran afición al teatro existente en la ciudad y la fidelidad de los numerosos amantes del género con que cuenta.

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