Con rumbo fijo al 'Bucentaure'

  • Alumnos y monitores se sumergen frente a La Caleta en el yacimiento ubicado en la zona de Chapitel, donde, con escasos dos metros de visibilidad, perciben la riqueza del pecio y la diversidad de materiales

Ocho y media de la mañana. Viento en calma y todo listo para zarpar de Puerto América a bordo del Thetis, un antiguo oceanográfico alemán solicitado por el CAS al Centro de Arqueología Subacuática de la Generalitat de Cataluña (CASC). Una vez embarcados y con rumbo fijo al destino, parte de la tripulación pone a punto el material de trabajo de los trece alumnos que desde el lunes disfrutan del Curso Internacional de Arqueología Subacuática puesto en marcha por la Dirección General de Bienes Culturales de la Junta a través del Centro de Arqueología Subacuática (CAS), en una iniciativa enmarcada en el proyecto comunitario Archeomed. "Todo el trabajo debe estar perfectamente estructurado y para eso llevamos un planing de trabajo", comenta Mili, una de los técnicos de apoyo del CAS encargados de la coordinación del curso a bordo del barco, cuya primera inmersión tuvo lugar ayer.

En media hora, la embarcación alcanza su objetivo: el yacimiento de la zona de bajo Chapitel, frente a La Caleta, en cuyas aguas subyacen los restos del que fue buque insignia de la flota franco española en la Batalla de Trafalgar, el Bucentaure, entre otros restos de distintas épocas. Pero el viento de suroeste, que comienza a soplar con más soltura, entorpece las labores de fondeo y modifica levemente el planing, que en poco tiempo vuelve a cumplirse con puntualidad británica.

Para ello es necesario que el grupo de monitores y alumnos ajusten los tiempos establecidos y, pasada las diez de la mañana, comienza la ansiada aventura. El primer grupo, encabezado por un monitor y dos alumnos, se sumerge en busca de los encantos del yacimiento, del que auguran poca visibilidad. "Hoy habrá dos metros de visibilidad, así que tendremos que estar muy pendientes de cada compañero", asevera Javier Olmo, uno de los alumnos de curso, llegado desde Algeciras. No obstante, todo está controlado desde la superficie mediante un proceso que denominan stand by, del que cada cierto tiempo se encarga un grupo de gente distinta. "Hay distintas señales que indican si todo marcha correctamente o, por el contrario, algún compañero necesita ayuda", afirma Mili.

Los que van saliendo, que son remolcados al Thetis para ser relevados en un turno rotatorio, cuentan ya entusiasmados sus vivencias en aguas gaditanas. Es el caso de Flavia Britto, una alumna procedente de la Universidad Nova de Lisboa. "Sólo he participado de diez inmersiones en mi vida y es la primera vez que veo un gran yacimiento como éste. No esperaba restos tan diversos". Igual de alucinada sale a la superficie la catalana Rut Geli, que a pesar de su juventud "he excavado en la mayoría de yacimientos del Mediterráneo", dice. "Es la primera vez que lo hago en uno del Atlántico y nunca había visto tanto material sin necesidad de excavar". Y es que, informa la joven, "muchos yacimientos catalanes y valencianos fueron desmantelados de la década de los 50 a la de los 70 por franceses y belgas".

También anotaron algunos de los arqueólogos participantes en esta experiencia de intercambio "que son muchas las diferencias entre las aguas atlánticas y mediterráneas". "Es la primera vez que buceo en la Bahía de Cádiz y he percibido que con motivo de las grandes corrientes que hay, la visibilidad es mucha menor. Pero, en cambio, el yacimiento es de un gran valor y diversidad", puntualiza José Rodríguez Ibarra, del Museo de Cartagena.

Y es que fueron muchas las embarcaciones que a lo largo de los siglos se hundieron en la zona con motivo de las mareas vivas que le caracteriza, tal y como reconoce la alumna francesa Josephine López, "Cádiz, como puerta del Mediterráneo, tiene la suerte de contar en sus aguas con restos de todas las épocas".

Por su parte, Gustau Vivar, monitor del Centro de Arqueología Subacuática de Cataluña, señaló sin titubear que "se trata del conjunto de cañones más impresionante que he visto, y aunque la madera se ha descompuesto, se intuye la forma del pecio".

Menos sorprendidos andaban los técnicos del CAS Quique, Aurora, Pepi, Mercedes y Mila, que en campañas anteriores han estudiado el pecio. Aunque siempre puede aparecer algún dato de interés, afirma Gustau Vivar, "por lo que cada cierto tiempo se retoman las técnicas de prospección circular o lineal que hoy estamos llevando a cabo", dice. La primera de las prácticas inspecciona el yacimiento en 18 metros de radio y a 11 metros de profundidad, mientras la segunda rastrea el terreno a lo largo del pecio. "Todo se va anotando en las tablillas bajo el agua, se pasa a posteriori a una ficha y el documentalista controla el material anotado por el arqueólogo, por si hay novedades", añade Vivar.

Dos técnicas que se van sucediendo a lo largo del día hasta el regreso a tierra, sobre las seis de la tarde, y que la próxima semana darán paso a la excavación. Esta vez, en los restos del Fougeux -pecio de las Morenas-, ubicado en Camposoto.

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