flamenco

¿Qué pasa si pasa?

  • Palomar, Riki Rivera, Junco y Roberto Jaén triunfan en el Falla

David Palomar y Riki Rivera en un momento de '¿Qué pasaría si pasara? David Palomar y Riki Rivera en un momento de '¿Qué pasaría si pasara?

David Palomar y Riki Rivera en un momento de '¿Qué pasaría si pasara? / ALMUDENA TORRES

¿qué pasa si pasa? Pues dos llenos casi absolutos y dos tremendas puestas en pie. Pasa la puesta en práctica de eso que nos cuenta Riki Rivera del movimiento, que genera movimiento y, si pasa, como pasó, queda flotando ese aroma contagioso llamado felicidad y ese virus tan extraño por estos lares llamado esperanza. ¿Qué pasa si pasa? ¿Qué pasa si se demuestra que el talento y el trabajo pesan más que la suerte? ¿Qué pasa si una generación pierde el miedo a contarse? ¿Qué pasa si el humor sirve para algo más que provocar la risa fácil y momentántea? ¿Qué pasa si, por fin, nos damos cuenta que en nuestra tierra hay artistas comprometidos con su profesión, tanto que han perdido el miedo al riesgo y al qué dirán? ¿Lo cuento? Lo que pasa es¿Qué pasaría si pasara? Lo que pasa es Riki Rivera, David Palomar, Juan José Jaén El Junco y Roberto Jaén en alianza con Ana López Segovia. Lo que pasa es el flamenco. Flamenco vivito y coleando.

Flamenco en serio, teatro en serio y palabra en serio huyendo del tipismo en serie. Flamenco como esa brisa que refresca en medio de una ola de calor. Flamenco como medio de expresión, ¡aleluya!, y no como pieza de museo. Flamenco como instrumento para engordar al flamenco.

Porque sin flamenco por derecho, porque sin los cuatro artistas desempeñando el cante, el toque, el baile y la percusión con todas las de la ley, el espectáculo que este fin de semana pudimos ver en el Gran Teatro Falla no funcionaría. Lo decía unos días antes la actriz y dramaturga que ha colaborado con los artistas en el montaje, "todo lo que hay de humor, de retranca, o de reflexión en este montaje se caería si el flamenco no se hiciera en serio". Y en serio canta Palomar por soleá (para comérselo), Riki borda esa creativa guajira, Roberto pone el latido a cada pieza sabiendo cuando destacar o quedarse en segundo plano y en serio El Junco ejecuta una alegría de libro que debería de visualizarse en los colegios (así se baila en Cádiz las alegrías de Cádiz, con temple y sabor). Y viceversa.

Viceversa porque, además del perfecto equilibrio entre la sátira contada y el jondo cantado, uno de los ingredientes cruciales de ¿Qué pasaría si pasara? es la versatilidad de sus cuatro protagonistas que no tienen miedo a lucirse en sus disciplinas y a sorprender con su correcta interpretación de las de sus compañeros. Hasta imitar, imita el cuarteto flamenco extrovertido a sus mayores en una estupenda sesión de ouija (donde El Junco nos deja muertos transmutándose en Chano Lobato, Palomar en Camarón y Roberto en Juan Valderrama) con aparición incluida, la del Beni de Cádiz, acordándose de aquello de la civilización romana en boca de Jose Mari Niño de Malet, que brilla al avenirse a recrear el personaje sin aspavientos innecesarios.

Crítica ácida a la crítica ácida, irónica recreación de las reuniones de cabales, de los antiguos postulados y de los nuevos también, no crean, arremetiendo sin piedad contra las cosas que se hacen sin sentido y ridiculizando a un duende que no aparece, créanlos, que nunca aparecerá si no se conjura desde la constancia y el trabajo duro.

Cierro mi boca y me ato los dedos, que ya estoy soltando más de la cuenta y no les quiero estropear la experiencia de, por sí mismos, descubrir este espectáculo como quien desnuda el día menos esperado el cuerpo deseado: con las ganas en los ojos, la intriga en el estómago y un pensamiento en la cabeza... Que pase lo que tenga que pasar. Porque, a veces, pasa.

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