En memoria de José Moya Vargas

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Vestido de blanco como a él le gustaba vestir en verano, el pasado 22 de enero nos dejó para siempre mi padre. Su andadura por la vida comenzó con tan solo 8 años y llegó hasta lo más alto con su esfuerzo y valentía, preocupándose más de la gente que le rodeaba que por cualquier otra circunstancia; amable cariñoso, sentimental donde los haya, súper agradecido y con un don de gente tan especial que fue querido por muchos y muchas, desde cualquier recóndito lugar de esta su ciudad llamada Cádiz. Sus particularidades hicieron de él una persona absolutamente maravillosa, fue todo un caballero de los de antaño, todo el mundo que lo conocía lo quería y lo quiso tal como se merecía, Entre sus metas, su familia, pues se paso toda su vida trabajando para que a nadie de los suyos le faltara nada. Su empeño fue el de ayudar a los demás, particularmente por su don de palabra, del que era gran experto.

Tenía tres aficiones por las que moriría: el flamenco, los toros y la lectura. Nunca fue un crítico, simplemente opinaba de lo que estaba bien o mal bajo su modestia sabiduría o sapiencia, de la cual algunos no aceptaron sus consejos, yo en concreto fui uno de ellos.

Una de sus ultimas aficiones, que quizás le valió para tener su cabeza en su sitio a pesar de su edad, fue la de escritor, escribió cuatro libros, mientras que el quinto se va a editar a título póstumo, ya que lo tenía casi terminado. No era un escritor conocido ya que quizás no le dio tiempo; si hubiera seguido viviendo, a lo mejor, quien sabe. Como tampoco supo que él iba a valer para ese menester, porque tanto era lo que leía que se planteó un buen día echarle valor y ponerse a escribir, como todo lo que hizo en su vida.

Como flamencólogo, a mi parecer, no le ganaba nadie y que se sienta aludido el que lea este articulo. Dejó de prestarle algo de atención, ya que últimamente decía que el cante jondo se estaba perdiendo debido a las fusiones. A él lo que le gustaba era un gran cantaor y una guitarra, y decía que ya eso estaba desapareciendo, pero aún así él fue quien descubrió a Rancapino, conocido ya en muchos sitios y del cual decía que cantaba como los ángeles con su característica voz ronca; aunque su predilección era, naturalmente, los de su época: Manolo Vargas y Enrique el Mellizo, del cual fue fundador de la peña que lleva su nombre.

De los toros no podría decir mucho, aunque una vez le escuché que Joselito el Gallo era el mejor, así como también decía que el mejor novelista de todos era don Benito Pérez Galdós, llegando incluso a decir que era mejor que don Miguel de Cervantes.

Si nos movemos despacio, morimos rápido, y eso fue lo que le pasó al final de su vida. Que su corazón se paró después de cuatro meses luchando con él. Y aguantó tanto porque la verdad es que, para él, la vida era lo más bonito y maravilloso que le habían dado y tenías tantas ganas de vivir que por eso aguantó en demasía. Tenía algunas cicatrices de algunas operaciones: esas cicatrices eran para mí el mapa de su alma.

Cualquier elogio o comentario sobre él sobra, porque todo el que lo conocía, sabe que todo lo que cito es la realidad. No era perfecto ya que nadie lo es, pero cito una frase suya que escribió en su primer libro y decía: "Antes de criticar, mírate a ti mismo en el espejo y júzgate".

Se podría decir que, como muchos, era y fue el mejor padre, el mejor abuelo, el mejor esposo, la mejor persona y el mejor amigo; nunca lo olvidaremos.

Como nunca olvidaré ese fatídico día, papá, concretamente un día cualquiera para muchos, para mí el peor de mi vida y es lógico porque aun te necesitábamos.

Dicen que cuando mueres tu vida entera pasa sobre tus ojos en cuestión de segundos, como si fuera la historia o la película de tu vida, quizás él la vio. Si de verdad existe el cielo, y sea difícil encontrar a alguien, espero cuando muera encontrármelo allí, y creo que no será difícil ya que llevara su sahariana blanca que tanto le gustaba.

P.D. Te echaremos de menos estés donde estés, con el tiempo nos acostumbraremos a estar sin ti pero nunca te olvidaremos. Dedicado a José Moya Vargas, que aunque no esté entre nosotros, era, es y seguirá siendo mi padre; y a la mejor madre del mundo, Gertrudis Fernández Sánchez, por estar tantísimos años a su lado. Nació el 20/09/1926 y murió el 22/01/2010. Doy las gracias a todos aquellos que lo acompañaron y estuvieron con él hasta el último momento de su vida.

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