museo al descubierto

El lenguaje renovador de Pérez Villalta

  • 'Los frutos' introduce elementos simbólicos que juegan con la realidad, lo inventado y guiños al mundo árabe Chema Cobo y Antonio Rojas completan la nómina de artistas tarifeños

La sala de Arte Contemporáneo del Museo de Cádiz tiene una muy digna representación de artistas tarifeños. Guillermo Pérez Villalta, Chema Cobo o Antonio Rojas integran este interesante apartado que bien podría denominarse 'el clan Tarifa'.

De Pérez Villalta (1948), pintor referente en el panorama contemporáneo nacional, es el díptico Los frutos, que fue adquirido por la Junta de Andalucía. La pieza, inspirada en el imaginario del pintor del Quattrocento Piero de lla Francesca, consta de dos partes bien diferenciadas. En la parte izquierda de la composición se representa a una figura masculina en posición frontal y con los brazos abiertos en cruz sobre una estructura radial que hace alusión a la lacería típica del mundo árabe. En la derecha, aparece un paisaje desierto y un hombre de perfil, en posición de ofrenda al otro personaje de los frutos que porta en un cesto. A su lado figura un perro con rostro humano. Un obra colmada de matices simbólicos que, según el director del Museo de Cádiz, Juan Alonso de la Sierra, "es de las más destacadas de la sección de arte contemporáneo. No en vano, el pintor tarifeño ocupa merecidamente desde hace décadas los primeros puestos de la creación contemporánea española".

Para Guillermo Pérez Villalta, que en aquella época trabajaba con imaginería del denominado Oriente Occidental, Los frutos representa el enfrentamiento entre el mundo fantástico más racional y el luminoso de della Francesca.

En este sentido, Juan Alonso de la Sierra asevera que el prolífico autor, que recientemente ha donado todo su legado al Centro de Arte Contemporáneo de Sevilla, "consigue dotar a sus obras de un lenguaje profundamente renovador que parte de la relectura e interpretación de algunas de las claves fundamentales presentes en la pintura occidental a partir del renacimiento".

Pero la huella tarifeña se hace todavía más patente en esta última planta del Museo con otro díptico firmado por Chema Cobo bajo el título Make a map y otra obra de Antonio Rojas denominada La tensión del azar (1993).

Make a map representa así la figura de un joker fragmentada en las dos partes del díptico, colmada de dinamismo y color, con predominio de rojo y amarillo. Un referente del postmodernismo, puntualiza Alonso de la Sierra, en el que la manipulación de la realidad, el antagonismo entre conceptos opuestos, o la relatividad de las situaciones geográficas que se plantea desde los propios mapas están latentes.

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