La más inteligente y sombría película deportiva de la historia

Drama, EEUU, 2014, 134 min. Dirección: Bennett Miller. Guión: Dan Futterman y E. Max Frye. Fotografía: Greig Fraser. Música: Mychael Danna. Intérpretes: Channing Tatum, Anthony Michael Hall, Mark Ruffalo, Steve Carell, Sienna Miller. Cines: Bahía de Cádiz, Bahía Mar, Yelmo.

Foxcatcher está dirigida por Bennet Miller. Esto les debería bastar para ir a verla. Porque Bennet, junto a James Gray, Paul Thomas Anderson, Richard Linklater o David Fincher -todos nacidos en los años 60-, mantiene viva la mejor creatividad del cine americano que vive cara al gran público, dignificando las carteleras de las salas comerciales. Y porque Bennet es el director de Truman Capote y Moneyball, excepcionales tanto por su siempre muy personal y creativa puesta en imagen como, de forma muy especial, por su extraordinaria dirección de actores en la que basaban su densidad dramática y complejidad humana.

Inspirándose como en sus dos anteriores películas en personajes reales, Miller convierte aquí lo que de partida sería una película deportiva -porque trata de un medallista olímpico de lucha libre- en un turbio, casi shakespeareano, estudio de caracteres, más que complejos, retorcidos y extremos; metidos en situaciones aparentemente normales que se van degradando en patológicas, asfixiantes y finalmente letales. Cine psicológico, cine deportivo, crónica negra y drama se trenzan en esta sorprendente película.

"Quiero hablarles de América y quiero decirles por qué lucho" dice al principio de la película Mark Schultz, medallista olímpico, a unos niños en una charla formativa en un colegio. Han pasado tres años de su éxito. Las cosas le van regular. Mantiene una relación complicada con su hermano (gran y cálida creación de Mark Ruffalo tendida entre registros de la ternura y la compasión), también medallista olímpico, frente al que se siente acomplejado. Mantiene relaciones igualmente complicadas consigo mismo, como si le fuera imposible establecer ningún tipo de diálogo interior. Es un tipo hosco, retraído, callado, que Channing Tatum interpreta con genio, como si esculpiera su personaje en piedra con los trazos más sobriamente duros. El trabajo conjunto de Miller y Tatum logra algo dificilísimo: crear los largos silencios exteriores e interiores en los que vive este personaje que parece poseído por una voluntad de distanciamiento de los otros y sí mismo no reflexiva -no se trata del extranjero de Camus, desde luego- sino de una opacidad hoscamente animal, instintiva.

Este personaje pétreo es contactado por el millonario John Du Pont (un soberbio, repulsivo y finalmente aterrador Steve Carell) que quiere patrocinarlo en un centro de alto rendimiento, emplazado en su espectacular y aislada mansión, con la meta de formar un equipo para los Mundiales y los juegos olímpicos de Seúl. Para el deportista es la ocasión de superar sus complejos frente a su hermano mayor. Para el millonario, culto mecenas e importante ornitólogo además de apéndice degenerado de una de las antiguas grandes familias del condado, preso de una relación viciada con su madre, una despótica anciana interpretada con genio helado por Vanessa Redgrave, es la ocasión de ejercer un dominio posesivo y patológico sobre el campeón a través del que dé cumplimiento a sus enloquecidos sueños patrióticos y deportivos, agigantándose así a los ojos de su madre.

Rodada de forma impecable e implacable, contundente y elegante, dura y emocionante, terrible y a ratos conmovedora, esta es tal vez la más original, honda y terrorífica película deportiva que jamás se haya rodado. Un homenaje a la inteligencia cinematográfica.

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